El glifosato, la izquierda y otras cositas…

El asunto es de confianza. No se puede creer en un gobierno que no escucha a los científicos ni el clamor de su gente. No se puede creer en un gobierno que echa para atrás todo lo que le huela a paz y a reconciliación.

Opina - Política

2021-04-17

El glifosato, la izquierda y otras cositas…

Columnista:

Mauricio Galindo Santofimio

 

Como es costumbre en Colombia, las sorpresas, las malas sorpresas, no se hacen esperar y cada día vemos cómo muchos de los logros que en materia de derechos y cuidados a la población se han ido adquiriendo, también se van perdiendo por cuenta de un gobierno que los desconoce y que, definitivamente, se empecinó en echar para atrás todo lo bueno que hizo el anterior, al que aborrece y detesta. Lo más reciente es el anuncio del Gobierno Duque de volver a rociar nuestras tierras y nuestra gente con glifosato, algo que se veía venir, pues ya lo había notificado pese a las múltiples advertencias que desde diferentes sectores científicos y médicos se le hicieron y se le siguen haciendo.

Es una muestra más de lo poco que le interesa a este Gobierno el proceso de paz, así diga lo contrario y de labios para afuera. La sustitución de cultivos, que hace parte de ese acuerdo con las extintas Farc, es vital para ganar una guerra contra la ilegalidad que se ha llevado a cabo desde hace tiempo pero que ha obtenido resultados poco gratificantes.

Ha sido una guerra perdida desde hace muchos años y, sin embargo, Duque y su séquito —al parecer haciendo caso y obedeciendo a su jefe el expresidente Uribe, con el cuento de la política de seguridad democrática—, insisten, contra las evidencias, en proseguir a toda costa a sabiendas de que no logrará nada con ella. Como también es costumbre en este Gobierno de Duque, quien le cambió el nombre a una reforma tributaria que, efectivamente, lo es —con muchas cosas por discutir, por cierto—, el presidente salió a firmar un decreto del Ministerio de Justicia lleno de eufemismos que establece las pautas para volver al uso del veneno que se le ha recomendado no use.

Dijo el diario El Tiempo, en un artículo del pasado martes 13 de este mes, en relación con el decreto que revive la aspersión con glifosato: “La normativa establece, por ejemplo, una constante revisión de riesgos en salud y afectaciones del medioambiente, confirma a la Policía como ejecutora del Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos mediante aspersión aérea con glifosato (Pecig), y crea lineamientos para recibir quejas, entre otros puntos”.

Pero el asunto es de confianza. No se puede creer en un gobierno que no escucha a los científicos ni el clamor de su gente. No se puede creer en un gobierno que echa para atrás todo lo que le huela a paz y a reconciliación. No es posible confiar en unos funcionarios que obedecen a un patrón que ha demostrado ser un problema para Colombia, un problema serio, porque divide, genera odios y aúpa la confrontación.

Muchos estudios evidencian el daño que hace el glifosato a la salud y al medioambiente. Podríamos llenar este espacio con ellos, pero solo vamos a citar estas palabras de Isabel Pereira, coordinadora del área de políticas de drogas de Dejusticia, reseñadas en el artículo de marras del periódico El Tiempo: “Pese a miles de pronunciamientos en contra, de la carta de 7 relatores de la ONU que le piden al presidente no volver al glifosato, (se) demuestra que al Gobierno no le importa diseñar una política basada en la evidencia ni le importan las críticas”.

Y añade: “La reglamentación tiene muchos vacíos posiblemente demandables, como que no excluya territorios étnicos del área a asperjar, solo excluyó parques nacionales; así como el hecho de que se reglamente una actividad que quedó relegada como último recurso, cuando todo lo demás fallara, como la sustitución voluntaria”.

En fin, se va sabiendo cómo volver al pasado es la impronta y la huella que dejarán Duque y su Gobierno de amigos y servidores incondicionales de Uribe. Se va viendo la herencia que dejará cuando se vaya del Palacio de Nariño, si algo extraño no ocurre, porque voces ya se han oído para alargarle el poder, al mejor estilo chavista.

La pregunta es, ¿la que dice llamarse izquierda en este país va a permitir que la que dice llamarse derecha se perpetúe en el poder? ¿Los que dicen llamarse de centro, harán lo propio? Porque la lección, y la advertencia, ya la dio Guillermo Lasso en Ecuador.

Y la culpa, si eso sucede, la tendrán esa misma izquierda y ese mimo centro que no han sido capaces de ponerse de acuerdo en lo programático, porque a sus líderes les ganan los egos, las vanidades y la ilusión personalista de un poder que vaya uno a saber, realmente, si es el que necesita Colombia. Esa izquierda, como está hoy, dividida, también divide. También lo hace el centro, también lo hacen muchos de sus seguidores que no razonan sino que se empecinan en multiplicar todo lo que sus ídolos manifiestan, así muchas cosas no sean ciertas. Si no hay un verdadero líder que esté dispuesto a cambiar el rumbo del país y no a alimentar su vanidad, si ese líder no es capaz de deponer sus intereses y privilegiar los de la nación, entonces sí, entonces el país está condenado a que la derecha, que nos mantiene sometidos a sus gustos para unos cuantos, nos siga gobernando a su antojo y nos siga metiendo en la caverna, en el ostracismo, y nos continúe devolviendo a la Edad Media.

Cambiando de tema, otras cositas que no podemos dejar de anotar en estos momentos tienen que ver con la pandemia, con el fútbol y con periodismo. En cuanto a lo primero, debemos decir que ya se venía anunciando que el tercer pico llegaría muy pronto, tal y como está pasando. La gente no se cuidó, muchos siguieron —y siguen— creyendo que el COVID-19 era un juego, varios han hecho caso omiso a las recomendaciones de las autoridades sanitarias y varios, también, siguen jugando con sus vidas y con las de los demás.

Si bien es cierto que mucha gente no puede quedarse en casa porque necesita conseguir el sustento diario, las medidas de confinamiento son las adecuadas, pero deben ir acompañadas de ayudas reales y verdaderas para todos aquellos que viven del día a día. De lo contrario, cualquier esfuerzo será inane y los resultados de salir a la calle y de hacer aglomeraciones podrían llegar a ser devastadores.

En relación con el fútbol, solo un comentario: no es posible que en este momento se priorice un reglamento, un acuerdo firmado, un consenso entre los directivos del Fútbol Profesional Colombiano ante la inminencia y la gravedad de un contagio de COVID-19. Primero están la salud y la vida, todo lo demás es secundario. Partidos con jugadores contagiados debieron haberse suspendido. Punto. El de Pereira contra Medellín y, también, el de Águilas contra Boyacá Chicó, este último por simple sospecha, porque de esos siete jugadores de Águilas que asistieron al encuentro, es muy posible que algunos hubieran tenido contacto con sus compañeros enfermos. ¿O no?

La Dimayor debería demostrar, con hechos, que le importan más la seguridad y la integridad de los jugadores que unos simples compromisos que, ante eventualidades graves como la pandemia, deberían pasar a segundo plano. Por último, no puedo cerrar sin expresar mi molestia y mi indignación por la forma como varias publicaciones se están disfrazando de periodísticas. El amarillismo y la militancia política no son elementos que le den a la profesión la altura, la decencia y la idoneidad que debe tener. En verdad, espero, que varios colegas recapaciten.

Adenda. Es mejor estar vacunado que no estarlo. Son mayores los riesgos de no tener las vacunas. Eso ha dicho la Organización Mundial de la Salud. En todo caso, los miedos existen en cualquier aspecto de la vida. Pero hay que superarlos.

( 1 ) Comentario

  1. ReplyRaul Plazas Galindo

    Quizá, más que pensar en que haya un lider que presente soluciones adecuadas, se requiere que la ciudadanía adopte el rol protagónico en la construcción social; ha de hacerse realidad aquello por lo que trabajamos al hacer la Constitución de 1991 con la «democracia participativa». No basta la consulta a la ciudadanía, es la ciudadanía la que debe decidir. En ese sentido, se requiere son canales de participación y toma de decisiones. Entonces, más que un líder, es que la ciudadanía tenga claro qué quiere, qué necesita y le imponga a alguien el hecerlo efectivo. De no ser así, el riesgo al mesianismo seguirá latente.

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Mauricio Galindo Santofimio
Comun. Social-Periodista. Asesor editorial y columnista revista #MásQVer. Docente universitario. Columnista de LaOrejaRoja.