El final del supuesto perfeccionismo

La última etapa del mandato de Iván Duque está llegando a su final. Después de aguantar tantas polémicas y desaciertos en este Gobierno tan mediocre, por fin ha llegado el momento de pensar alternativas políticas que deben cambiar el rumbo del país.

Infórmate - Economía

2022-03-31

El final del supuesto perfeccionismo

Columnista:

Alejandro Bonet González

 

Comenzando el año 2022, el presidente Iván Duque cuenta con un fuerte porcentaje de desaprobación, ya que, según la encuesta de percepción de Invamer, el 71 % de los encuestados afirmaron la pésima gestión del gobierno de turno. Si le damos más sal a la herida, en una reciente encuesta de las firmas EcoAnalítica y Guarumo, nos demuestran que prácticamente no hay nada bueno que recalcar en el mandato de Duque. En otras palabras, todo indica que nuestro presidente actual será uno más de los del montón, siendo recordado como una mala anécdota en las siguientes décadas, y probablemente, bastante olvidado con el pasar de los siglos.

Lo peor de este asunto es la actitud optimista de Duque, debido a que, según él, su mayor defecto es ser un hombre «perfeccionista». Con base en esa afirmación, es increíble que la cabeza del poder ejecutivo aún sea tan descarado para caracterizarse de esa forma.

Durante estos tres años y unos cuantos meses de su gobierno, a cada rato se han visto noticias negativas en los medios, por las cuales han hecho quedar mal al presidente y su gabinete. Si uno se toma la molestia de enumerar cada caso engorroso de la ineptitud de Duque, sería una lista bastante larga que no alcanzaría para una sola columna de opinión.

Desde un punto de vista actual, el panorama de Colombia sigue siendo preocupante en varios aspectos. En este caso, me gustaría centrar lo que queda de la columna en el aspecto económico, ya que hay suficientes temas para escribir, y aparte es el campo donde a mi parecer, Duque intenta centralizar más su discurso político. En otras palabras, es curioso apuntar al punto que más le dolería al presidente, sabiendo que su ideología de la supuesta economía naranja termina siendo un fraude en la realidad.

En primera instancia, la desvalorización del peso colombiano hace que el precio del dólar se siga disparando cada vez más, dejando una tasa de cambio nominal que redondea los 4000 pesos a la equivalencia de un dólar. Además, Colombia se está volviendo un país cada vez más improductivo, por falta de asistencia técnica que se pierde por corrupción o por falta de una buena administración con los recursos públicos.

A eso sumándole las elevadas cargas impositivas que deben asumir las mipymes, demuestra el nulo estimulo gubernamental para fomentar el emprendimiento y la productividad de las clases medias y bajas. De la misma manera, tampoco hay que olvidar las múltiples reformas tributarias que han pasado por el congreso, especialmente por el hecho de que trataban de asfixiar a las clases subalternas con más tributación para equilibrar el déficit fiscal.

Bajo esas problemáticas que ha generado la falsa economía naranja, nos damos cuenta de que Duque no es nada más que un charlatán. Según él, como dijo hace unos meses, su último tramo de gobierno estaría enfocado a que Colombia fuera el «Silicon Valley de América Latina». Más allá de que un logro así es muy poco probable en unos pocos meses, de igual modo nos ha demostrado que para ese sueño, él no es el candidato indicado para cumplirlo.

Para colmo de todo, no solo es Duque, sino que también es increíble la manera en como sus defensores intentan tapar los problemas con un dedo. Un ejemplo de ello es el economista Alberto Bernal, reconocido por decir en las elecciones del 2018 que el dólar se proyectaría en  2700 si Duque ganaba la presidencia. Tiempo después, al no querer aceptar que el Gobierno de Duque es un desastre, sacó la excusa de que el incremento del dólar es por culpa de Petro, ya que genera miedo a los inversionistas ante una posible victoria en las elecciones presidenciales del 2022.

Una excusa, así como la del economista Bernal es lamentable, por el simple hecho de que Duque recibió el dólar en 2898 pesos, y por estos días se encuentra rodeando los 4000 pesos, todo ese aumento en un constante incremento continuo. Bajo esa lógica, los inversionistas le tendrían miedo a Petro desde los primeros días en que se posesionó Duque, a principios de agosto del 2018. Por consiguiente, los inversionistas jamás le tuvieron confianza a Duque para  que pudiera favorecer la economía naranja. Este argumento de Bernal, nos demuestra lo nefasto que se ve tapar problemas negando la realidad, similar a como intenta actuar el falso perfeccionismo del presidente.

En otros problemas económicos tampoco se salva Duque, hundiendo más la ilusión del perfeccionista. Por mencionar algunos detalles, el desempleo en Colombia ya ha sido catalogado como uno de los más altos en los países de la OCDE.  Por otra parte, el crecimiento de la inflación llegó a un 5,62 % finalizando el año 2021, siendo una cifra sorprendentemente alta a comparación de otros años, ya que desde hace tiempo Colombia se había caracterizado por tener una inflación estable. En muchas cosas se nota el aumento de los precios, como en los productos alimenticios, las viviendas, la gasolina, el SOAT, y demás bienes y servicios que opacan el poder adquisitivo de las familias. Aunque el salario mínimo por fin alcanzó el millón de pesos, de igual modo no es suficiente para equilibrar los costos de vida.

Según lo que vimos anteriormente, analizando solamente el campo de la economía vuelve fácil armar argumentos contra el falso perfeccionismo del presidente. Seguramente hay otros temas que se puedan profundizar, y no solamente desde la economía, sino también desde la política, la cultura y la sociedad. Por lo menos, ya le quedan algunos meses a este nefasto gobierno, y estoy seguro de que el recuerdo mayoritario de Iván Duque será como una época que no tuvo casi nada bueno a destacar.  Especialmente, será una época muy lejana a lo que se conocería como una utopía perfecta. 

 

 

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Alejandro Bonet González
Estudiante de comunicación social con énfasis en periodismo, en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. 21 años.