¿El fin del uribismo o de un ciclo?

Hemos aprendido que en política no hay amistad, existen intereses compartidos que es diferente. En tal sentido, muchos deben estar frotándose las manos esperando que el ocaso definitivo de un líder que puso presidentes y logró tener los reflectores para sí mismo todo el tiempo, llegue pronto.

Opina - Política

2022-01-04

¿El fin del uribismo o de un ciclo?

Columnista:

Juan Carlos Lozano Cuervo

 

Colombia es un país atravesado por diversos problemas no resueltos que asigna una importancia desmedida a la «política», partiendo el país en dos: el político y el de a pie. Mientras, aquella (la política) vive instalada en el reino del cálculo y la especulación. Ahora bien, pese a esto, el país vivió por muchos años sin tener estatuto de la oposición y se decía a voz en cuello que lo nuestro es y ha sido, una democracia garantista. Lo anterior, parece no tener en cuenta el conflicto armado, sus muertos, la eliminación sistemática del contradictor político, cuando no, la satanización de la oposición y demás capítulos sangrientos de un país que dice ser democrático.

En medio de una política local en franco deterioro, se consolidó una propuesta de seguridad democrática la cual se enfrentaría a los grupos armados apostando una vez más por la confrontación. No es necesario recordar las cifras y las investigaciones pendientes por dicha política. De eso a la fecha ha corrido mucha agua debajo del puente. Al intento por lograr una segunda reelección en línea, su líder tuvo en la Corte Constitucional una respuesta negativa. De ahí en adelante, el uribismo entró en una senda problemática de la cual aún no logra salir. De la campaña 2010–2014 solo quedan broncas. No bajan a Juan Manuel Santos de traidor, incluso, guerrillero.

Posteriormente, se presentó a Óscar Iván Zuluaga quien ganaría en primera vuelta y sería derrotado en segunda, por Juan Manuel Santos convertido en el candidato de la paz. No obstante, la férrea oposición a Santos y al Acuerdo retornó al uribismo al poder en la figura de un político que, sin el peso de Santos y con un país fragmentado apoyó al bisoño Iván Duque quien, dicho sea de paso, cocina actualmente a fuego lento a su partido y al establecimiento, al punto que, muchos de sus congresistas han decidido «retomar su vida» y no aspirar nuevamente al Congreso.

Considerando el nivel de crispación actual y la cantidad de sensores que buscan afanosamente ubicar a quien opina como uribista, tibio o mamerto, escribir de estos temas solo genera insultos y falsos señalamientos. Sin embargo, por la importancia de la discusión es necesario. Dicho lo anterior, con Duque se cierra un ciclo de un político que logró dos presidencias, una más con Santos I, la primera vuelta con Óscar Iván Zuluaga y la presidencia de Duque que desgastó totalmente al partido y al mismo Uribe.

Reconociendo la excesiva concentración en la política, atada como está al cálculo y los acuerdos, y rodeada de miles de remoras (contratistas) opinar es casi un suicidio. Pero a pesar de esto, existen claves que tenemos que observar. Y no solo los sondeos de opinión de favorabilidad, debemos tomar en cuenta que el país está cambiando. Nos guste o no, una generación viene y otra está de salida. Las nuevas ciudadanías y sus formas de comunicación e intereses hacen que propuestas hijas de su tiempo, tengan que cambiar y en principio, el cambio puede ser traumático para algunos.

Hacer afirmaciones contundentes es poco serio, sin embargo, hay termómetros importantes. Hoy, los jóvenes tienen otros propósitos que ya no están en sintonía con los tiempos que se van. El sueño de ser policías y soldados no es ya popular, por citar un ejemplo. Los intereses están ligados al cuidado de sí mismos instalados en la sociedad del rendimiento que mide hasta las calorías de las comidas asignándoles una importancia capital. Las nuevas ciudadanías entienden el cuidado como fundamental y debido a la desigualdad, ya no sueñan con el carro, la casa y la beca. Ahora sobreviven en ciudades con altos niveles de desempleo. De ahí que, discursos de la patria y la familia han pasado a un segundo plano. Ya no alcanzan para llenar las expectativas inmediatistas de muchos que ansían la felicidad de otros, expuesta en Instagram.

Derecha e izquierda son ideas y como tales perdurarán, no obstante, en términos políticos el uribismo perdió el factor sorpresa. En 2002 la sociedad y el país político no conocía muy de cerca sus alcances; uno de los pocos tal vez, fue Jaime Garzón quien casi fue un visionario. Pero en 2021 ya sabemos qué hacen y cómo lo hacen. Les pasó factura su éxito, pensaron que están en la Colombia versión 2002 y tal cosa ya pasó. Sumado a lo anterior, lo líos judiciales de su jefe son un lastre importante que a manera de goteo socaba su legitimidad; pero bueno, no son los únicos en caer en el culto a la persona tan común por estas tierras. Con esto no estamos diciendo que el uribismo esté acabado o cosa parecida, tampoco que deseamos su regreso como el ave fénix; a la academia le corresponde analizar aceptando que sus conclusiones pueden ser erróneas. 

Para finalizar, hemos aprendido que en política no hay amistad, existen intereses compartidos que es diferente. En tal sentido, muchos deben estar frotándose las manos esperando que el ocaso definitivo de un líder que puso presidentes y logró tener los reflectores para sí mismo todo el tiempo, llegue pronto. La duda es sí logrará dar el giro necesario para adaptarse a un tiempo que parece no captar del todo o, seguirá apostando por la vieja retorica que levanta votos en los más mayores pero que no logra llegar a una buena parte de la juventud que precarizada espera más que seguridad y patria, y al mismo momento, no estigmatiza a la izquierda y tampoco le teme.

 

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Juan Carlos Lozano Cuervo
Esposo, padre de una cachorra. Profesor, abogado y magíster en Filosofía.