Eduardo Galeano: la identidad y el abrazo de la voz

Galeano, en lo político y literario, da testimonio de la identidad que ha rodeado el complejo hecho de ser latinoamericano.

Opina - Literatura

2019-09-09

Eduardo Galeano: la identidad y el abrazo de la voz

Autor: Manuel Felipe Álvarez-Galeano.

 

En los 79 años del natalicio de este escritor uruguayo —iba a esperar hasta los 80, pero no me aguanté las ganas de publicar—, nada mejor que homenajearlo haciendo celebración a su obra.

Para empezar, es importante asumir este autor desde dos tópicos, el político y el literario, y es en Las venas abiertas de América Latina donde ambos confluyen para dar testimonio de la identidad que ha rodeado el complejo hecho de ser latinoamericano.

Con un lenguaje fresco y, sin más pretensiones de las que merece, hace un recorrido altamente crítico a través de las distintas heridas y convulsiones que han formado nuestra identidad. Un ejemplo realmente simbólico se da cuando menciona el caso de Potosí, en Bolivia, y refiere que el nombre del Cerro de Potosí, significa en quechua «Montaña rica», pero también «montaña que grita». Además de esto, documenta que fue tanta la extracción de plata del mismo, que podría construirse un puente de este metal entre Bolivia y España. Lo que, paradójicamente, podría transfigurarse en que este autor estableció un puente comunicativo, simbólico y crítico entre los dos mundos. No es simple casualidad que este libro haya sido terminado en 1978, en Barcelona.

Este paseo también tuvo estación en Colombia y, particularmente, en Antioquia, cuando él hace una crítica por el manejo socioeconómico que se le da al patrimonio cafetero, y lo expresa en una cita de Mario Arrubla, causando el limpio suspiro de la nostalgia para quienes sentimos ese amor de patria: «En Antioquia, la curva de matrimonio responde ágilmente a la curva de los precios del café. Es típico de una estructura dependiente: hasta el momento propicio para una declaración de amor en una loma antioqueña se decide en la bolsa de New York» (Arrubla, citado en Galeano, 2011, 135).

Más allá de que en este libro se quiera eximir de muchas responsabilidades a los latinoamericanos, como él mismo lo reconoció posteriormente, es indudable la importancia que tiene en el patrimonio literario, hasta el punto de constituirse como una lectura obligatoria en distintas áreas humanísticas.

En El libro de los abrazos encontramos distintas ópticas de estereotipos humanos y la vindicación de los roles, asumiéndose que nadie es más que nadie por tener más o menos relevancia dentro de un sistema. Véase su célebre escrito «Los nadies», en que expresa: « […] Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean […]». Es difícil no mirar hacia abajo o de frente al leer esto, al leer «La creación del mundo» donde habla de un nadie que asume que el mundo lo crearon los albañiles. Es claramente una bitácora del encanto y cada texto es un abrazo hacia nuestra noción de mundo y que nos permite la exaltación inequívoca del goce.

Conflagran el erotismo y la pregunta por el ser, como si el lecho fuera un dulce terraplén donde los sueños se unen para abrir la selva del amor: «Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme». Y en la eterna correspondencia entre el ser y el tiempo, nos ofrece este autor el abrazo que nos da el encuentro con nosotros y la eterna credencial que tenemos con el reloj: «Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana». De manera singularmente similar, sucede con Palabras andantes, las cuales relucen como latidos y panfletos del espíritu que se elevan para decirnos que estamos vivos porque tenemos la voz, ya sea como queja o iluminación del vacío.

Indiscutible legado. Gemido reluciente en la identidad y el espíritu, para darnos cuenta de que creemos ser lo que amamos. Una mutación o prospecto constante que nos conlleva a crear nuevos mañanas. Que jamás se vaya la presencia de quien tiene el esplendor de un águila en su frente, Eduardo Galeano, quien nos enseña que: «Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos».

 

Referencias

  • Galeano, Eduardo (2011). Las venas abiertas de América Latina. México D.F. Siglo XXI Editorial.
  • Galeano, Eduardo (2013). Palabras andantes. Buenos Aires:
  • Galeano, Eduardo (2014). El libro de los abrazos. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

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Manuel Felipe Álvarez-Galeano
Filólogo hispanista, por la Universidad de Antioquia; máster en Literatura Española e Hispanoamerica, por la Universitat de Barcelona. Aprendiz de escritor, traductor, corrector y conferencista. Estudiante del doctorado en Estudios Sociales de América Latina, en la Universidad de Córdoba, Argentina. Docente de lengua y literatura, de lenguas clásicas y romances, y de estudios sociales. Ha publicado los libros El carnaval del olvido, en Málaga, España (2013); Recuerdos de María Celeste, en Medellín (2002), y la novela El lector de círculos, en Chiclayo, Perú (2015).