Ecosistemas y cultura: agua y mercado

Hoy vienen por el agua, mañana por el oxígeno. Pasado mañana a recoger cadáveres que la avaricia por cientos de miles les dejó.

Opina - Ambiente

2020-12-28

Ecosistemas y cultura: agua y mercado

Columnista:

Cesar A. Guapacha Ospina

 

Como cierre del ciclo de columnas de 2020, decidí hacer algo diferente para despedir un año extraño; invité a un compañero y colega de la Facultad de Ciencas Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira para compartir miradas, hacer balances y análisis a futuro sobre el papel de las ciencias ambientales en la pospandemia. Su nombre es Juan David Agudelo, a quien agradezco enormemente y admiro profundamente.

¿Qué futuro ambiental nos espera en un escenario pospandémico?

Es una pregunta necesaria para la construcción de sociedades sustentables de cara a la recuperación económica y social que tenemos por delante. Para las ciencias ambientales, esta pregunta debe ser abordada desde la perspectiva de la relación sociedad naturaleza o ecosistema cultura. Es, entonces, menester aclarar que por ambiente no nos referimos únicamente a la naturaleza o los ecosistemas, sino que igualmente incluimos a las sociedades y sus modos de entender y relacionarse con estos. Por lo tanto, podemos reformular la pregunta inicial de la siguiente manera: ¿Qué formas de entender y relacionarnos con la naturaleza y los ecosistemas nos esperan una vez superada la pandemia?

Responder esta pregunta pasa por entender las múltiples y complejas interrelaciones e interdependencias que existen entre las sociedades humanas y los ecosistemas en los cuales se emplazan. La pandemia ha puesto de manifiesto que nuestro modo de ocupar y transformar los territorios ha ocasionado múltiples desequilibrios ambientales con repercusiones directas en nuestro bienestar; desde el surgimiento de nuevas enfermedades, pasando por las implicaciones de la calidad del aire en nuestros centros urbanos, hasta el abastecimiento de servicios básicos como el agua potable, todos aspectos relacionados con un contexto ecosistémico que habla de lo vulnerables que son nuestras sociedades ante la degradación ambiental.

Este panorama nos lleva a cuestionarnos sobre las prioridades que como sociedad tenemos en materia de desarrollo. ¿Nos preocupa más el crecimiento económico que nuestro bienestar? No se trata de poner en duda la necesidad del desarrollo económico, pero sí es necesario cuestionar sus mecanismos, así como la responsabilidad que tiene sobre los pasivos ambientales que genera. Es claro que nuestros modelos de desarrollo deben propender por fortalecer la resiliencia y la capacidad de nuestras comunidades y ecosistemas para enfrentar múltiples amenazas, siempre en búsqueda del bienestar colectivo.

La cuestión está en si debemos seguir viendo en los ecosistemas una fuente para la extracción de beneficios económicos, o si deberíamos comprender cómo nuestro bienestar depende de la integridad de los procesos ecosistémicos y a partir de allí plantear mejores mecanismos de gestión ambiental, mejores estrategias de ocupación y transformación del territorio y modelos de desarrollo más sustentables.

Justo cuando se planteaba la reflexión respecto a ese papel central que adquieren las ciencias ambientales en una sociedad pospandemia, la noticia de la cotización del agua en la bolsa de valores de Wall Street cayó como un baño de agua fría, ese que nos recuerda la realidad en términos particulares y de intereses. Dicha movida económica ha despertado todo tipo de reacciones y con toda justificación, debido a que pone en el abecé de la economía el último bastión que representa la base de la vida misma en la tierra como bien universal y abre la puerta a su capitalización en función de su utilidad, necesidad y aporte a las actividades humanas; después del agua no quedará nada más que arrepentimiento. 

El hecho tuvo lugar en Estados Unidos y más precisamente, para el estado de California, en donde los defensores de la medida afirman: «A pesar de todos los esfuerzos de la población por reducir su consumo, estos avances siguen siendo insuficientes para compensar los efectos de la sequía que desde 2011 aqueja al primer estado por producto interior bruto (PIB) de Estados Unidos. Precisamente, por este motivo, se han puesto en marcha iniciativas como la cotización de este recurso en los mercados de futuros, lo cual para numerosos analistas podría contribuir a darle un uso más responsable y proteger a los consumidores de la escasez».

No obstante, esta mirada plantea varias inquietudes que hay que abordar, por ejemplo: la potestad sobre el agua al iniciar el proceso de monopolización de un bien público, quitándole competencias al estado sobre su regulación. De igual forma, la accesibilidad al mismo mediante el pago por una cantidad no garantiza el suministro en tiempos de crisis; es decir, en la lógica de la hipercapitalización, el mercado no garantiza el derecho al agua porque no cumple tácitamente las funciones del Estado y al estar este cooptado en sus competencias, se genera un escenario de conflicto de intereses por el control del bien entre particulares para finalmente, terminar pagando la ciudadanía al estar supeditada al juego del mercado. 

No estoy diciendo que el mercado deba acabarse, por el contrario, considero la necesidad de un Estado con economía mixta, pero no condicionar el crecimiento en la lógica de la propiedad privada en búsqueda de capital por encima de los derechos colectivos. De igual forma, esta noticia redefine los escenarios geopolíticos sobre el control de recursos naturales tal y como lo definía el geógrafo francés Olivier Dullfos cuando planteaba que «los recursos naturales de un determinado espacio solo adquieren valor en función de una sociedad, de una época y de técnicas de producción igualmente determinadas; mismas que, a su vez, resultan relativas tanto respecto a un modo de producción como a la coyuntura de una época».

Claramente, la coyuntura de la época es el cambio climático y preocupa que el Heartland del que hablaba Mackinder se vuelva Latam con miras del preciado líquido y con ello, Colombia puede estar en la mira de poderosos intereses de mercado. Hoy vienen por el agua, mañana por el oxígeno. Pasado mañana a recoger cadáveres que la avaricia por cientos de miles les dejó.

 

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César Augusto Guapacha Ospina
Estudiante de Administración Ambiental en la Universidad Tecnológica de Pereira. Integrante Panel Radial Ambiente al Aire. Convencido de lo correcto, apasionado por la política y la economía.