“Dios y Patria”, el lema que representa una institución violenta

No estoy de acuerdo con la institucionalidad policial, su lema, su reputación y sus acciones, sus paradójicas propagandas acerca de Dios en un Estado supuestamente laico cuyo nombre usan para justificar muerte y violencia.

Opina - Política

2020-09-15

“Dios y Patria”, el lema que representa una institución violenta

Columnista:

Andrés F. Benoit Lourido

 

La Policía Nacional de Colombia se mantiene con el lema «Dios y Patria» desde 1957. La frase viene de un movimiento ultraconservador realista de España quien lo adoptó en su discurso el expresidente y militar Gustavo Rojas Pinilla durante su Gobierno.

Los valores fundamentales del ser humano que congregan a la Policía simbolizan autoridad, prudencia, rigor y obediencia. Dios: significa la primera causa de la existencia, amor perfecto y justicia plena. Patria: nuestros ancestros, nuestra tierra y comunidad, que es la razón de ser policía.

Luego de más de sesenta años, la representación simbólica de la Policía con su lema está denigrada por su propio comportamiento dentro de la institución. La reputación e imagen derivada de sus acciones corresponden a lo opuesto de lo declarado como «Dios y Patria».

Según Gallup, empresa que mide por medio de encuestas la opinión de las personas acerca de una institución, la confianza a la Policía Nacional en Colombia pasó de tener el 75 % de imagen favorable en abril a tener en junio del 2020 el 40 %, es decir, en dos meses la confiabilidad decayó el 35 %, sin contar las últimas percepciones que pueden tener los colombianos causadas por la reciente masacre en Bogotá, el homicidio de Dylan Cruz y Javier Ordóñez y denuncias de violaciones en CAI de tres mujeres en el mes de septiembre.

Desde su fundación hasta la actualidad, la influencia de la institución es asociada a un pensamiento tradicional y conservador de nuestro país. La Policía en Colombia depende del Ministerio de Defensa, la máxima autoridad en asuntos militares y de seguridad nacional, mas no depende del Ministerio del Interior como sucede en otros países. Siendo así, los delitos acusados a agentes son investigados y sancionados por la justicia militar, lo que es sinónimo de impunidad. A la fecha, están abiertos 1 924 procesos disciplinarios por abusos de fuerza en los últimos 18 meses, según el Gobierno de Iván Duque.

En esta lógica de una institución como la Policía adscrita a protocolos militares, se hacen intocables ante una justicia ordinaria y real. Los diferentes gobiernos en Colombia (todos ligados a una posición política de derecha) han usado a los militares y policías para la guerra contra el narcotráfico y las guerrillas, pero también contra la ciudadanía. Recordemos la masacre de las bananeras, los falsos positivos y la reciente masacre a jóvenes en Bogotá por las protestas, por mencionar pocos ejemplos.

Las políticas de los gobernantes han facilitado un sistema que auspicia la corrupción en los organismos militares por su autonomía que transgrede en la ilegalidad y tiranía por su ideología fascista. Así, se enmarca un país con una violencia sistemática y un ataque a la democracia.

Pongo este contexto porque todos esos valores predicados en sus lemas «Patria, Honor, Lealtad», «Dios y Patria» o sus discursos de representarse como «Los héroes en Colombia sí existen», no son más que propagandas pretenciosas y despreciables por el Gobierno Nacional y sus instituciones, tanto por la contradicción reflejada en sus acciones, como en el estigma social que interponen a quienes no pensamos que apliquen realmente lo que predican.

La situación de indignación en Colombia hacia la institución policial y al Gobierno, está tensa. Luego del histórico 21N, la pandemia detuvo las movilizaciones sociales; sin embargo, el asesinato de Javier Ordóñez por parte de policías desató nuevamente el malestar, acumulado también por las 55 masacres sociales en el país (según Indepaz) hasta el 8 de septiembre de 2020 y el asesinato de Dylan Cruz a manos del ESMAD; y como si no fuera suficiente, durante las protestas en Bogotá desde el 9 de septiembre, oficiales de la Policía ya han masacrado a por lo menos 13 personas, se conocen 119 denuncias por abuso de autoridad y exceso de fuerza, finalizando con las tres denuncias recientes de violaciones a mujeres en un CAI.

La protesta en mi país es vista como un acto subversivo y la indignación social representada en los grafitis y destrucción de CAI, en respuesta de la violencia policial a los ciudadanos, es juzgada como vandalismo y hasta terrorismo.

El ministro de Defensa, Holmes Trujillo, declaró ante las últimas protestas:

«A través de redes sociales, la tendencia de las publicaciones promovió la violencia contra servidores públicos, incitando a la ciudadanía a realizar acciones vandálicas y de violencia contra instalaciones y funcionarios de la Policía Nacional».

Por otro lado, en un sector de la sociedad conservadora, la Policía Nacional y el Ejército son defendidos como instituciones sin importar sus delitos, como los mencionados previamente. Todo este contexto es invisibilizado por algunas personas, por los medios y Gobierno, porque lo reducen al vandalismo por los daños materiales y no a los daños de la violencia policial a las personas. ¿Dónde queda la trascendencia real de la indignación y sus valores como institución?

Discrepo del ministro de Defensa Holmes Trujillo y el Gobierno de Iván Duque que insisten en la estigmatización social, heredada de una Colombia injusta por los mismos oligarcas y tiranos de siempre. El Gobierno no reconoce que esta coyuntura de violencia por la Policía no es por unos cuantos individuos que hacen mal su trabajo, cuyo trasfondo, se debe a que la institución está mal en sí misma, existe una doctrina violenta, una preparación a sus agentes deshumanizada y autoritaria que han demostrado consecutivamente con sus actos.

No estoy de acuerdo con la institucionalidad policial, su lema, su reputación y sus acciones. Sus paradójicas propagandas acerca de Dios en un Estado supuestamente laico y que usan su nombre para justificar muerte y violencia. Su concepto de “Patria” que connota nuestra tierra, ancestros y comunidad, dicen representarlos mientras nos matan y violan.

Esa es la obediencia tirana que Dios y la patria mandan en este país.

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Andrés F. Benoit Lourido
Comunicador Social y Periodista. Colaborador de prensa escrita en medios digitales independientes, CM de la Casa Editorial El Tiempo; amante de la cultura y musicómano.