Dejá Vu: vuelve la Colombia del siglo XX

Qué maldita desgracia tener que vivir estos tiempos, de nuevo oscuros, por culpa de un personaje que necesita del caos, de la guerra, del miedo y la ignorancia de un pueblo para mantenerse en el poder y evadir así la justicia.

Opina - Conflicto

2019-09-04

Dejá Vu: vuelve la Colombia del siglo XX

Por: Santiago Ocampo Naranjo

 

Por estos días las palabras miedo y decepción retumban, de nuevo, en las mentes de muchos colombianos; el temor de la guerra, aquel fantasma que durante tanto tiempo nos aterrorizó, vuelve y ahora, quizás, con más fuerza, con más sed de venganza, con aún más ganas de volver trizas lo ya construido.

La decepción, aquella que volvió a aparecer, y muy notable, desde el día que el candidato del cambio, del centro, el de la gran paz y la gran promesa de cambio, prefirió irse a ver ballenas y tomar posiciones de ética idiota cuando el país más lo necesitaba, está en cada rincón del país, sobre todo en aquellos lúgubres y olvidados pueblos de los que solo se acuerdan para dos cosas: para poner vivos en elecciones y para poner muertos en la guerra.

El temor y la desilusión se tomaron a Colombia aquel mes de junio del año pasado cuando Duque, el que es, tomó la presidencia en representación del señor de los crocs, el mismo que hoy nos condena, una vez más, a la guerra.

Ese mismo que, con presidente de bolsillo y varios políticos a su servicio, nos devolvió a esa época oscura en la que mataban candidatos, amenazaban a los que pensaban distinto, desplazaban a campesinos de sus territorios y los pobres ponían los muertos, o los resultados falsos, en un juego belicoso que lo único que permite es la perpetración del señor expresidente, hoy investigado por la justicia colombiana, Álvaro Uribe Vélez.

Las similitudes entre la Colombia que gobernó Uribe y la que gobierna hoy su presidente de bolsillo, Iván Duque, son muchas.

Es que parece que a Iván no le bastó con teñirse canas, ponerse poncho y sombrero, como su padrino político. El presidente, que según los medios está en periodo de aprendizaje, necesitaba parecerse aún más para hacer sentir orgulloso al jefe de su partido, y de su Gobierno, claro.

Las FARC vuelven al monte, y aunque con menos hombres y una representación casi nula en su nueva lucha, es preocupante la situación, sobre todo teniendo en cuenta que el Gobierno no ha hecho mucho para que los acuerdos de La Habana se cumplan a cabalidad.

La protección de los líderes sociales sigue sin ser parte importante de la agenda política, hoy van más de 600 líderes asesinados y contando. El 2 de septiembre, hombres de un grupo armado ilegal incineraron la camioneta de la candidata a la alcaldía de Suárez (departamento del Cauca), Karina García; la mujer y otras 5 personas murieron quemados; muy similar a las muertes de otros candidatos, incluso presidenciales, quienes por más que denunciaron amenazas y el peligro que vivían, el Gobierno nunca les prestó atención.

Pero el panorama no para, la imprevista salida del aire de Noticas 1 es otro sin sabor que deja la ya tan conocida censura de medios y periodistas por parte del Gobierno, censura que ha sido ampliamente difundida por el expresidente Uribe en su trinchera twittera.

Definitivamente hacer periodismo crítico e independiente, el mismo que ofende y pone en tela de juicio a los grandes caudillos de este país, es una lápida sobre la espalda que asecha, incluso, a los que apenas nos estrenamos en este oficio.

Es triste. Como joven me duele que una persona y su séquito de lamezuelas condenen al país al pasado, a aquellos tiempos que tanto daño nos hicieron a todos. Es doloroso ver a madres preocupadas por sus hijos porque quizás ellos también se conviertan en “buenos muertos” o en “héroes de la patria”.

“Héroes” que en su mayoría son muchachos sin oportunidades que les toca ir a matarse en una guerra que armó un enfermo adicto al poder. Es doloroso darse cuenta de que muchos jóvenes conocen primero una tumba antes que una escuela o una universidad.

Y ¿todo para qué?, ¿para tener vivo el legado de personas que afirman que darle más plata a los ricos de este país no es delito, mientras los más pobres se mueren de hambre?, ¿para tener en el poder a personas que prefieren dañar nuestros recursos naturales antes que perder los negocios personales con petroleras y grandes industriales del sector automotriz?, ¿para poder construir grandes estructuras sobre las ruinas y cadáveres de las tantas masacres que tuvo el país?, ¿para seguir creyendo que esto no va a ser como Venezuela y que no nos coja el castrochavimo?

Qué maldita desgracia tener que vivir estos tiempos, de nuevo oscuros, por culpa de un personaje que necesita del caos, de la guerra, del miedo y la ignorancia de un pueblo para mantenerse en el poder y evadir así la justicia.

Senador Uribe, estamos, muchos, cansados de usted y de su gente. Solo esperamos que más temprano que tarde, esa parte del pueblo que aún le cree sus mentiras, sus falacias y le defiende su violento actuar, reflexione y entienda que Colombia merece líderes de verdad, merece personas que trabajen en pro de nuestro bravo pueblo, de nuestra paz y de un mejor vivir para todos.

Colombia necesita políticos con pantalones, con agallas e inteligencia; no personas como usted. Expresidente, de manera personal y muy sincera deseo que prontamente, sus seguidores, las personas que usted ha callado y la justicia, le den en la cara, ¡MARICA!

 

 

Foto cortesía de: La FM

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Santiago Ocampo Naranjo
Estudiante de Comunicación Social, cursa actualmente VI semestre y ejerce como jefe de redacción del periódico universitario AlMinuto. Intrépido y apasionado por el periodismo clásico; las crónicas, los reportajes y los temas políticos, su especialidad. Ha publicado seis textos entre los que se destacan una investigación sobre la ventas ambulantes en el sistema de transporte masivo en Cali y varios artículos de opinión. Entre sus más destacados trabajos están las entrevistas realizadas a una mujer iraní narrando su vida en su país y luchando contra los prejuicios de occidente y otra de un excombatiente del M-19