Decrecimiento económico como alternativa a la crisis climática

Somos testigos que los desastres climáticos están golpeando cada vez con más dureza al planeta y esto es en gran parte culpa de la despiadada forma de producción y de consumo en la que estamos inmersos, pero a diferencia de los magnates que juegan a conquistar Marte o la Luna dando por descontado que la existencia en este planeta ya no tiene posibilidad de ser salvada.

Infórmate - Ambiente

2021-12-10

Decrecimiento económico como alternativa a la crisis climática

Autor:

Franco Lagos Martínez

El crecimiento económico se utiliza como mantra por economistas, políticos y expertos para referirse al éxito que puede alcanzar un país si hace las cosas bien. Esto a simple vista pareciera del todo cierto y deseable, pero la verdad es que si se dedican unos pequeños esfuerzos a entender de que se trata, salen a la luz otras aristas que en los tiempos que vivimos no se pueden pasar por alto.

¿Qué es el crecimiento económico?, se puede definir como el aumento sostenido del producto de una economía, midiéndose a través del producto interno bruto (PIB) y siendo este uno de los indicadores más relevantes para los gobiernos. Una definición como esta nos aproxima a uno de los hechos poco tratados por los defensores del crecimiento económico: este marcador mide más que nada el aumento en la producción del valor, sin embargo, deja de lado todo lo que implica ese aumento. Cabe destacar que existen condiciones que son mucho más reales para tener una idea certera del escenario de un país, como bien lo acoge el Índice de Progreso Real (IPR) que dentro de sus variables considera factores tales como delitos, distribución de la riqueza, daños ambientales de largo plazo, etcétera.

Por otra parte, el apego al crecimiento económico no va de la mano con solucionar el conflicto entre el aumento demográfico y la realidad de recursos finitos con los cuales contamos. Como sociedad hemos visto que el modelo neoliberal genera una maquinaria de producción de mercancía casi ridícula, en donde a esta se le utiliza como un fetiche y símbolo de estatus relacionándolo con su valor mercado, pero no se plantea en ningún momento que una producción desenfrenada consume de manera acelerada los recursos con los que cuenta la humanidad para existir, esto lo dejo en claro el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) que situó en el 29 de julio de este año la fecha del agotamiento de los recursos ecológicos con los que contaba el planeta para todo el 2021.

No obstante, el neoliberalismo en su afán de conseguir permanecer en el tiempo apuesta sus fichas en el reciclaje como una solución comercial para ir apaleando el uso excesivo de recursos y ser más amigable con el entorno. Podríamos aceptar que esta idea esta expresada de la manera más genuina y voluntariosa posible, sin embargo, aun así, termina atentando contra los principios de la naturaleza, una de ellos, la ley de la entropía, que se enmarca dentro de los principios de la termodinámica, la cual nos señala que las moléculas de la materia tienden a dividirse de maneras más caóticas cuando estas se enfrentan a cambios de energía y terminan degradándose, es decir, sería equivocado pensar que por reciclar una lata estaríamos utilizando la misma materia y energía al volver a utilizarla, ya que para esto se le tendría que devolver dichas variables y, por lo tanto, nuevamente demandaría más materia y más energía. Esta teoría que mezcla las leyes de la termodinámica y la economía fue ampliamente estudiada por el economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen, quien incluso muchos años antes de que el cambio climático se expresara con la fuerza que hoy conocemos, ya sostenía que el carácter ilusorio del crecimiento ilimitado terminaría chocando de frente con las leyes de la naturaleza a las cuales no podría esquivar.

¿Entonces, qué opciones quedan por tomar? Con mucha fuerza se han venido desarrollando teorías que postulan que el decrecimiento económico debería ser uno de los pilares de la reestructuración económica y que esta ayudaría de manera profunda a evitar en lo más posible una catástrofe medioambiental. El economista francés Serge Latouche ha trabajado en el desarrollo de esta teoría, postulando que en vez de crecer de una manera acelerada y enfocada en aumentar cada vez más el valor monetario de las cosas y la acumulación de capital, esta sea cambiada por una perspectiva en donde se le dé privilegio a la utilidad de la mercancía producida, reestructurando los sistemas de producción y relaciones sociales para que estos se desenvuelvan en armonía con los recursos existentes.

Cabe destacar, que el decrecimiento económico no significa en ningún caso volver a una época arcaica en donde dejemos el uso de las tecnologías propias del siglo XXI, sino más bien lo que busca es que, cual teoría de la evolución, aprendamos a adaptarnos a las condiciones que tenemos para poder sobrevivir, apostando por la vida útil de los objetos, una cooperación entre diversos actores y reevaluando el estilo de vida actual.

Finalizando con el tema, somos testigos que los desastres climáticos están golpeando cada vez con más dureza al planeta y esto es en gran parte culpa de la despiadada forma de producción y de consumo en la que estamos inmersos, aunque a diferencia de los magnates que juegan a conquistar Marte o la Luna dando por descontado que la existencia en este planeta ya no tiene posibilidad de ser salvada, la ciencia nos dice que es aún posible salvar la vida en este mundo siempre y cuando se tomen las medidas necesarias para hacerlo, porque mientras sigamos explotando el planeta como si fuera eterno, el final será un escenario donde solo unos pocos podrán lucir el celular más moderno, pero dentro de un cenicero de planeta.

 

Ilustración: cortesía del New York Times. 

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Franco Jordán Lagos Martínez
Estudiante de Derecho de la Universidad de O'higgins, Chile. Mis áreas de interés son Derecho Económico, Protección del Medio Ambiente y la Investigación Social.