Deconstruirnos, una tarea importante

En Colombia cada día vemos por los noticieros de televisión un pequeño fragmento de la realidad. La mayor parte está excluida o “naturalizada”. La muerte, es un ejemplo de ello, nos acostumbramos a que maten a las personas porque algo “malo hacen”, es decir, “se merecían su muerte”.

Opina - Política

2019-10-09

Deconstruirnos, una tarea importante

Autor: Elkin Giraldo Castellanos

 

La idea que ronda en el país desde hace muchos años, es la de la violencia como única salida para la solución de nuestros conflictos… ¿Por qué? Una de las conclusiones a las que llegué, es porque la cultura así nos lo ha determinado. Hubo una construcción social que surgió a partir de las experiencias propias, y que han llevado a que esa sea hoy la manera que tiene a Colombia al borde de la catástrofe.

Partimos de que todo es una construcción social, ya que el ser humano fue, es y, será por muchos años, quien conduzca el rumbo de este mundo y, por ende, todo; hasta como sentimos, hace parte de una formación que inicia desde la niñez.

Y si hablamos de construir, ¿por qué no empezamos a usar también en nuestro vocabulario la palabra deconstruir? ¿Por qué no lo llevamos a la práctica? Es difícil, sí, pero es necesario.

En Colombia cada día vemos por los noticieros de televisión un pequeño fragmento de la realidad. La mayor parte está excluida o “naturalizada”. La muerte, es un ejemplo de ello, nos acostumbramos a que maten a las personas porque algo “malo hacen”, es decir, “se merecían su muerte”.

¿Quién nos llevó a pensar eso?, ¿cómo llegamos a ese lugar? La respuesta no es sencilla. Ha sido toda una construcción social a erradicar, si se quiere una transformación real. No podemos naturalizar más un término como “desechable”, para referirse a las personas que están en situación de calle. No se puede naturalizar el suicidio de los jóvenes, la destrucción del medio ambiente, la guerra.

Deconstruir puede ser un principio para dejar de vernos como enemigos. Ahora más que nunca necesitamos del vínculo. El otro importa.

A diferencia de esa utopía de construir algo nuevo, hoy nos enfrentamos a una realidad que implica un esfuerzo para desaprender. Nadie nace odiando ni matando. Gran parte de la sociedad es responsable de lo que hoy vivimos.

Las generaciones venideras entienden esto y empiezan a reclamar su lugar, no quieren seguir con la continuidad de este mundo tal y como se les representa.

Deconstruir es una tarea importante en tiempos donde al individualismo lo muestran como un resultado del éxito. En esta turbulencia de la cual somos parte, tenemos casi la obligación de decir: ¡basta!

Es momento de apostar a una forma que nos permita un buen vivir y, en la deconstrucción colectiva, quizás podamos ir encontrando esas respuestas que se hacen cada vez más urgentes y necesarias. Eso que muchos han construido, no lo merecemos más.

Deconstruyamos esos pensamientos que nos atan, ese miedo a lo distinto. No permitamos que se sigan adueñando de la mente y el corazón. Levantemos la voz. Nos engañaron haciéndonos pensar que solo hay una manera de ser,  estar, vivir. ¿Es así?, no.

Necesitamos de un proceso de reconciliación que nos permita sanar todas esas heridas. Nuestros dirigentes tienen que estar a la altura de estas circunstancias que evocan a lo humano, a la posibilidad de un país mejor. Esta es una nueva era, asumámosla y evitemos la catástrofe.

 

 

Foto cortesía de: El Universal

 

 

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Elkin Giraldo Castellanos
El silencio no es mi idioma. Libertad.