De Pékerman y otros expresidentes

Unámonos a ver quién hace lo correcto y quién quiere tomar ventaja de la política en beneficio propio, porque ni ella, ni mucho menos el fútbol, tienen la culpa.

Opina - Deporte

2019-06-23

De Pékerman y otros expresidentes

Autor: Darwin Caballero

 

El fútbol y la política son industrias multimillonarias que tienen mecanismos y elementos idénticos, por lo menos en esta Latinoamérica sumida en el subdesarrollo. Nuestras sociedades parecen estar condenadas a ver que “los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres”, frase trillada esa, pero pasan los años y nada parece cambiar. Sin embargo, no es la política la culpable, son los que la ejercen con descaro y la convierten en un nido de corrupción.

Ya lo decía Rodolfo Bracelli en su libro De fútbol somos, el fútbol no tiene la culpa de todo lo que hacen con él; el sexo sin protección es más placentero al tacto, pero si se embaraza o le salen ampollitas en la ingle, coincidamos en que el sexo no tendría la culpa.

Después del partido de la Copa América en el que Colombia le ganó a Argentina, busqué una editorial de un canal de allá, y sabía que iba a ser como una arenga política: seria, contundente, argumentada, incómoda; no en vano fue Valdano, un argentino, el que dijo que el fútbol era “lo más importante entre las cosas menos importantes”.

Fue en ese momento en que, gracias a la comodidad de mi sofá y los estados alterados de mi mente, creí entender que el fútbol es como la política:

  • Los empresarios y banqueros que controlan la economía de un país, que generan empleo, pero evaden impuestos, que hacen obras sociales, pero roban dineros públicos con contratos, son los que ponen presidentes o le exigen políticas que les convengan.

Esos empresarios y banqueros son los ejecutivos de las federaciones profesionales de fútbol: hacen cosas que nadie sabe, tienen mucho dinero, están envueltos en investigaciones por corrupción, negocian con jugadores (sino ilegal, antiético por demás), ponen técnicos a manejar todo y esperan verse beneficiados con buenos resultados al público y dinero en sus arcas. Sí, Pékerman vendría siendo el expresidente de Colombia.

  • El presidente generalmente tiene una idea de lo que quiere hacer, lo pone en práctica y, como ahora en Colombia con el subpresidente Duque, cuando ejecuta nada funciona, todo sale mal.

Las entidades independientes dan unas cifras y él dice otras, dice una cosa en el exterior y da órdenes opuestas en el país, pero sale a los medios a decir que todo está bien, que va de acuerdo al plan, que son sectores de la prensa y de la oposición que quieren generar tensión…

Lo mismo que dijo el Patón Bauza después de un partido terrible de Argentina contra Chile, según Martín Liberman en el video que vi echado en mi sofá. Obviamente, el cuerpo técnico sería el equivalente a la bancada de Gobierno en el Congreso.

  • Y ya que mencionamos al pelirrojo de FoxSports, aparece la prensa en el radar. Los periodistas deportivos como Liberman critican al que creen que está haciendo las cosas mal en la Selección Argentina, tal como los congresistas de los partidos de oposición.

También hay prensa que apoya al presidente, que oculta noticias importantes o da una versión acomodada del suceso del día, pero también están los periodistas que denuncian y critican los malos actos del Gobierno so pena de ser amenazados de muerte o exiliados.

Lo mismo sucedía cuando Carlos Antonio Vélez exigía la renuncia de Pékerman e Iván Mejía decía que Falcao ya debía retirarse del fútbol porque no servía, mientras en otros canales y emisoras sus colegas exaltaban la gestión del argentino más amado en este país y el ídolo que nos emocionó cuando por fin hizo un gol en un mundial.

  • Por último, lo más importante, la gente, el pueblo, la masa: los electores. Nosotros, los colombianos del común, que trabajamos a diario para sobrevivir o cultivando nuestros sueños cada día (dependiendo de la suerte que le haya tocado), nos vemos envueltos en una sociedad dividida y llena de odios, por culpa de los intereses de todos los que mencioné en los puntos anteriores.

Familias que se dejan de hablar porque unos dicen que Uribe es un salvador y los otros dicen que es un criminal. Casi nunca hay argumentos en la discusión, solo emoción ¡Puro fervor! Fanatismo en favor de un montón de gente a la que no les interesamos.

El barrismo en Colombia ha sido un problema de seguridad pública desde su auge a mediados de los 90s, muchachos que llevaban su pasión por el fútbol y el amor por su equipo a niveles de violencia trágicos.

Ya no se matan tanto como antes, pero todavía hay odio hacia el que tiene puesta una camiseta distinta a la que les gusta a ellos. No permitamos que la pasión por el tipo de país que queremos tener sea más fuerte, hay que aceptar que siempre va a haber mucha gente que no piense ni sienta como nosotros, pero no por eso lo vamos a atacar.

Cuando se acaba el partido, el técnico habla, los periodistas deportivos hablan y la gente en la calle habla. Tratemos de ver el partido sin darle atención a los comentarios redundantes e innecesarios de Javier Hernández Bonnet, hagámoslo con fervor porque se trata de la Selección de nuestra patria y que digan lo que sea, pero ver esa bandera en otro país nos hincha el corazón, el “Oh gloria inmarcesible…” se canta con un nudo en la garganta cuando estamos lejos.

Si tanto queremos a la Selección, pongámonos la camiseta y veamos los partidos, pero que nos cuenten las otras versiones para no tragar entero. Dejemos de pensar en nombres y partidos y unámonos a ver quién hace lo correcto y quién quiere tomar ventaja de la política en beneficio propio, porque ni ella, ni mucho menos el fútbol, tienen la culpa.

 

Foto cortesía de: AS Colombia

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Darwin Caballero
Me graduaron de profesor de inglés en la Universidad Nacional de Colombia pero, por cuestiones de la casualidad, dedico mi vida a estar parado en los escenarios diciendo cosas en español. Cuento historias, hago chistes y vivo lejos.