De cómo superé la depresión y el fantasma del suicidio

Soy una guerrera incansable, que no se rinde ante nada. Actualmente, trabajo, respondo por mi hija, ayudo a mis padres y lucho por mis metas y sueños, que son ver a mi hija ejerciendo su carrera de medicina veterinaria a favor de los más indefensos, tener un negocio propio y vivir en una casa campesina rodeada de animales.

Háblanos - Emociones

2021-03-11

De cómo superé la depresión y el fantasma del suicidio
   
Columnista:
 
Ligia Patiño Ronderos
 
«Este mundo es para los guerreros valientes, no para los cobardes débiles».

 

Mi vida no ha sido fácil, fui producto de una aventura de mi padre y un embarazo no deseado; unos días después de mi nacimiento, mi madre biológica me entregó a mi padre, por fortuna, su esposa me adoptó y me acogió como una hija más, mis hermanas mayores se alegraron porque llegaba otra hermanita, después del escándalo de la llegada del fruto de una de las infidelidades de mi padre.

Crecí en medio de dificultades, pobreza, y problemas que son típicos en las familias colombianas humildes, empecé a hablar desde los 5 años a punta de terapias de lenguaje, debido a un defecto del habla, a los 7 años, cuando mi madre buscaba un cupo en las escuelas públicas del sector donde hemos vivido siempre; no me querían recibir porque tendría problemas de aprendizaje. Sin embargo, ella consiguió un cupo en un colegio distrital en el que muchas veces fui la mejor estudiante. Allí nació mi amor por la lectura y el conocimiento.

A los 8 años fui víctima de abuso sexual, por parte de un allegado a la familia… Cuando ya terminaba mi infancia y empezaba mi adolescencia, empecé a sentir cierta indiferencia por parte de algunos familiares, algo de matoneo en el colegio y una relación muy lejana con mis padres. Mientras que ellos se iban a trabajar, mi abuela Otilia nos cuidaba a mis hermanos y a mí. Me instruí y conocí los sucesos más importantes de la vida, gracias a mi abuelita, los libros y los conocimientos que adquiría en el colegio. Al atravesar la adolescencia empezó a aparecer cierto fantasma, que en esa época para mí no tuvo tanta relevancia, porque pensé que era algo normal; empecé a tener pequeños episodios de depresión, que se agravaron cuando tuve mi primera decepción amorosa, a los 16 años. Desde ahí pensé mucho en el suicidio.

Durante los años siguientes, ya superada aquella situación y analizando ahora en mi adultez, creo que viví en una completa soledad; a pesar de que tenía padres, hermano, hermanas, supuestos amigos en el colegio, etc., siempre me sentí sola y me las arreglé sola en situaciones difíciles, aunque tuve un pequeño logro: un negocio, que consistía en vender golosinas en el colegio y en la casa. No volví a tener relaciones amorosas.

Antes de terminar el bachillerato, empezó otra etapa tormentosa en mi vida debido a ciertas dificultades y problemas familiares; volvía a pensar en el suicidio: tirarme desde la terraza de la casa o tomar algún veneno. Luego, trabajé un tiempo en la casa con mi madre, porque ella no me quería dejar trabajar. Más depresión… Hasta que al fin decidió dejarme llevar hojas de vida. Conseguí trabajos pequeños, hasta que a principios de 1996 obtuve trabajo en una reconocida fábrica de electrodomésticos, pero como tras los momentos de felicidad están las desgracias, a los 20 días de estar trabajando, tuve un accidente de tránsito.

Llevaba 15 días de hospitalización, y a punta de tutelas, me hicieron una cirugía. En aquellos días, un enfermero, aprovechándose de mi situación, abusó sexualmente de mí. No lo denuncié, ¡porque la justicia aquí no sirve! Después de varios meses de recuperación, la empresa en la que trabajaba no me renovó el contrato. Entonces, volví de nuevo a empezar a pasar hojas de vida. En los años siguientes, hacía trabajos pequeños y trabajaba en lo que me saliera, pues siempre he sido una persona multifuncional.

En 1999 tuve otro accidente de tránsito; me recuperé, y con el tiempo, ya trabajaba y estudiaba, pero tenía una vida loca; por ello, pronto quedé embarazada. Aunque, eso me salvó de esa vida loca, pese a que era una situación difícil: no tenía trabajo ni seguridad social ni Sisbén y otra vez los problemas familiares… Solo trabajaba por días. Me adelantaron el parto, y a los 8 meses, nació mi hija, pero a los pocos día la debí dejar hospitalizada; volvió el fantasma: depresión postparto. No fui al psiquiatra, y tuve una lenta recuperación y mucho más en mi papel de madre soltera.

A mitades del 2002 volvió a aparecer ese fantasma…. nuevamente problemas familiares, mucho estrés y la tristeza hicieron que un día me encerrara en el baño; até, en un extremo, unas medias veladas al tubo de la ducha, y el otro extremo lo até a mi cuello. Cuando sentía ya que me asfixiaba, mi abuelita abrió la puerta… No fui al médico y tomaba gotas de valeriana, aparentemente, llegó la solidaridad familiar, y superé esta situación.

En los años siguientes, me dediqué a trabajar  y a salir adelante con mi hija, pero de nuevo, a mitades de 2005, volvió a aparecer el fantasma…, tenía ansiedad y nerviosismo; un domingo cualquiera, después de una discusión con una hermana, compré en una droguería un raticida, luego fui a un parque cercano y me lo tomé, al rato, me fui al centro de Bogotá. Al ver que dicho veneno no hizo efecto, compré un frasco de Clorox, que no fui capaz de tomarme. Ya casi amaneciendo aparecí en la casa y tras largas explicaciones, fui al Hospital de La Victoria; allí, estuve 15 días hospitalizada, en la unidad de Salud Mental y luego estuve en un tratamiento muy bueno llamado Hospital Día, por el cual me recuperé y posterior a ello, empecé a trabajar en una oficina de contadores públicos, lo cual me ayudó muchísimo en mi mejoría.

Seguí trabajando y en el 2007 me hicieron una cirugía de vesícula. Después de 2010 empecé a trabajar con una hermana con la que laboro en la actualidad. A veces, el fantasma aparece una y otra vez, a veces siento altibajos emocionales, pequeñas crisis de depresión, que ya sé manejar, siempre siguiendo las recomendaciones médicas. De cualquier manera, ¡siento que estas situaciones difíciles me han fortalecido muchísimo!

Soy una guerrera incansable, que no se rinde ante nada. Actualmente, trabajo, respondo por mi hija, ayudo a mis padres y lucho por mis metas y sueños, que son ver a mi hija ejerciendo su carrera de medicina veterinaria a favor de los más indefensos, tener un negocio propio y vivir en una casa campesina rodeada de animales. ¡Todas las mañanas me levanto con una energía asombrosa! 

Decidí contar mi experiencia de vida en esta columna; no quiero de ninguna manera generar lástima, sino ser un referente de superación personal y enseñarles a las personas que están pasando por esos momentos difíciles, a fin de que puedan afrontarlos y que ellos mismos creen fortalezas para superarlos.

A continuación, unas ideas para superar la depresión y principalmente las ideas sobre el suicidio:

 

1- Es urgente que cuando la persona se sienta emocionalmente mal y tenga tendencias suicidas recurra a ayuda profesional médica.

2- Seguir con el tratamiento y recomendaciones médicas.

3- Ser una persona activa: trabajar, estudiar, practicar algún deporte o algún hobby. Estar siempre activo, eso ayuda mucho.

4- No coger cama; o sea, no estar todo el tiempo durmiendo o acostado, o sin hacer nada; eso complica las cosas.

5- No quejarse, es bueno pensar que otras personas están en situaciones peores y que uno o una está en una situación privilegiada.

6- Ver la vida con optimismo; así esté en dificultades, ver las oportunidades en las crisis.

7- No dejarse llevar por la enfermedad (depresión).

8- Pedir ayuda y consejo de familiares.

9- Piense que usted es una persona valiosa, que puede hacer muchas cosas y algo muy importante: hay personas que lo necesitan, así que cuando este deprimido o con ganas de suicidarse, piense en ellas y ¡pida ayuda! 

 

 

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Ligia Patiño