Cúcuta, una ciudad sin rostro de mujer

Toda la visualización que se le está dando a este tema es una oportunidad para mirar en profundidad un problema tan complejo como lo es la violencia de género, que en este momento se hace evidente e innegable. 

Opina - Género

2020-11-19

Cúcuta, una ciudad sin rostro de mujer

Columnista:

Lucy Ortega

 

Hace algunos días mis redes sociales se vieron inundadas por imágenes e información que hicieron que un sentimiento de indignación inundara mi cuerpo, las imágenes mostraban diversas estadísticas sobre desapariciones de mujeres y niñas en Cúcuta, Norte de Santander.

Según el Observatorio de Género de Norte de Santander, entre septiembre y noviembre, a través de diversos medios y redes sociales se han reportado quince desapariciones de mujeres menores y mayores de edad. Del total registrado, se han encontrado con vida seis mujeres mayores de edad y cinco menores; sin embargo, para todas no fue el mismo destino, pues en Los Patios se encontró el cuerpo sin vida de una mujer.

Esta situación ha despertado un estado de alerta entre las mujeres y niñas de la ciudad, pues además de las desapariciones reportadas, hace algunos días tuve la oportunidad de leer una denuncia pública que realizó una mujer a la cual, a tan solo una cuadra de su casa, intentaron secuestrar. Ella, con gran valentía a través de sus redes sociales cuenta su experiencia.

Como cucuteña, esta situación me pone los pelos de punta. Por eso, a raíz de mi ausencia en la ciudad decidí buscar personas que me brindaran un mayor panorama de lo que está sucediendo; en especial, mujeres jóvenes que se sientan amenazadas con esta problemática. Valentina Mora, una estudiante de undécimo grado, en una conversación me explicó que esta situación se presenta desde tiempo atrás, solo que hasta ahora los medios le han dado la importancia que merece. Valentina me contaba que conoce ya de varias mujeres que se han sentido en peligro mientras están en la calle. Uno de los testimonios era referente a una conocida, a la cual, mientras caminaba por el centro de la ciudad a plena luz del día, la empezaron a perseguir. Ella se percató del asunto y buscó refugio en un almacén cercano. Al entrar, le comentó a la dueña lo que le había sucedido y la respuesta de ella fue que no era la primera vez y que ya otras mujeres habían pasado por lo mismo.

Así mismo, Nicolle Urbina, estudiante de Comunicación Social de la Universidad Francisco de Paula Santander, me dio su opinión sobre lo que pasaba en la ciudad. Ella, al igual que muchas, siente miedo al salir de su casa por lo que le pueda suceder. Existe una preocupación colectiva en la que todas las mujeres buscan protección, las personas piden que tomen medidas rápidas, puesto que la situación parece no mejorar.

La respuesta de los medios es dar información revictimizante, pues muchos, se han encargado de minimizar la situación y, como es común en estos escenarios, culpar a la mujer por lo que le ocurre debido al cómo estaban vestidas o la hora en la que se encontraban en la calle al momento del hecho. Lo mismo sucede con las autoridades. En una entrevista que dio el coronel José Luis Palomino al medio virtual Cúcuta Online declaró que en la mayoría de los casos existen «situaciones de disfuncionalidad familiar y mal manejo de las emociones». Este tipo de comentarios intenta justificar la desaparición de las mujeres haciendo creer que la culpa no es por falta de presencia de las autoridades, sino por culpa de las víctimas y de las familias. El Observatorio de Género de Norte de Santander muestra que estos hechos han sucedido en zonas con condiciones socioeconómicas y de orden público precarias, en las cuales es común la ausencia de las autoridades.

A lo largo de la entrevista que le realizaron al coronel Palomino, sus respuestas fueron a la defensiva, buscando la manera de lavarse las manos en esta situación; uno de sus argumentos es que la gente no denuncia. Señor Palomino, las denuncias en este tipo de casos es complicada, en especial donde día a día se puede observar cómo revictimizan a la mujer, y, usualmente, termina siendo esta la señalada. Ejemplo de ello es un caso en Perú en donde el violador quedó en libertad porque la víctima tenía ropa interior de color rojo, aduciendo que por lo tanto ella se lo estaba buscando, y para no ir tan lejos, los mismos comentarios dados por el coronel, citados anteriormente, en los que culpa de estas situaciones al manejo de las emociones y las dinámicas familiares.

Si bien, las denuncias es necesario hacerlas ante las autoridades, las redes sociales también son un medio por el cual esta información puede y debe ser divulgada; si la víctima se siente más cómoda realizando la denuncia por estos medios es válido; además, la información llega a más personas y en especial a mujeres, por ello, se visibilizarían aún más estos problemas.

Otro de los argumentos que da el coronel es con respecto a las denuncias, puesto que hasta el momento, según la información que da en la entrevista, no existe una sola denuncia relacionada con estos hechos; pero, el que no existan denuncias no quiere decir que no exista el problema y el hecho de que no puedan trabajar en casos específicos no quiere decir que no se puedan generar estrategias para mejorar la seguridad en la ciudad; en especial en cuanto a protección a la mujer se refiere. Esa es la respuesta que esperaba del coronel Palomino, no respuestas tan vanas y a la defensiva como las que dio.

Señor coronel, que usted dé ese tipo de respuestas no ayuda a nada, solo le da vía libre a las personas y a los medios que se dedican a culpar a la víctima, en lugar de construir nuevas alternativas de cuidado.

Toda la visualización que se le está dando a este tema es una oportunidad para mirar en profundidad un problema tan complejo como lo es la violencia de género, que en este momento se hace evidente e innegable.

Las mujeres estamos reclamando el derecho a salir a las calles de forma segura y libre.

 

 

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Lucy Ortega P.