Colombia arde

¡Justicia para Alejandra! ¡No más racismo! ¡Justicia para Ánderson! ¡No más violencia policial! 

- Política

2020-06-12

Colombia arde
Columnista:

José Fernando Salcedo

 
Este último año ha sido el escenario perfecto para tener una reflexión profunda sobre aspectos como la interseccionalidad, la colonialidad, los privilegios, los sesgos cognitivos y otros aspectos que operan frente a lo que nos moviliza, lo que nos duele, lo que nos indigna, lo que nos causa empatía y lo que nos llama a la acción. Lastimosamente, el racismo, la brutalidad policial, la serofobia, la transfobia y la discrminación, siguen siendo estructural en Colombia, a imagen y semejanza de América Latina, por lo cual casos como el de George Floyd ocurren a diario, y más en estos momentos de pandemia, para la muestra tenemos a Ánderson Arboleda y a Alejandra, mártires de este sistema violento y que odia la diferencia. 
 
Es terrible el caso de violencia policial, mediado por un racismo rampante, que causó el asesinato de George Floyd; miren lo que generó un levantamiento, sin importar la pandemia, desde Minneapolis hasta la Casa Blanca, en contra de ese sistema excluyente y racista. Pero, lamentablemente, en nuestro contexto latinoaméricano, colombiano, ocurre cada día; los líderes sociales son asesinados, el factor étnico intensifica el asunto, y la Policía Nacional está presta para rebasar sus competencias y cometer violencia policial, especialmente, en nombre de la cuarentena y la prevención de la infección masiva de la COVID-19, ahí tenemos todas esas violencias que sufren las personas vendedoras ambulantes, habitantes de calle, trabajadoras sexuales, mujeres Trans, jóvenes, entre tantas otras.
 
En primera instancia, podemos entender que el racismo es estructural en nuestra sociedad, lo normalizamos y lo volvemos un asunto banal. Casos como el de Jenny Ambuila, el de la ministra de Ciencias, Mabel Torres, la desolación del Chocó y el Pacífico, entre otros más, demuestran que seguimos en una sociedad que estigmatiza a las personas racializadas. Esto, se puede evidenciar con claridad en el Censo Nacional de Vivienda y Población de 2018, en el cual la población afro descendió dramáticamente porque se logró identificar todo un dispositivo de falta de autorreconocimiento de las personas como afro, basado en un estigma colectivo y una vergüenza por el color de la piel. O las típicas expresiones del pelo malo para referirse a los afro, o la identificación de las personas negras con el crimen organizado o la comisión de delitos. Cada 21 de mayo, Día Nacional de la Afrocolombianidad, es una fecha para conmemorar esa resistencia contra esta sociedad profundamente racista y que desconoce el vínculo con la madre África a través de la población de la Diáspora. 
 
‘El pico y género’ demostró que podían sacar lo peor, al igual que las medidas de toque de queda y restricciones de movilidad, amanecemos con el posible asesinato a manos de efectivos policiales, causado por un bolillazo en la cabeza, de un joven afro de 21 años, Ánderson Arboleda, en Puerto Tejada, Cauca, por “incumplir la cuarentena”. ¿Y dónde están los medios reportando esto? ¿Dónde están nuestras muestras de rechazo y repudio? Sumado a esta situación estructural, como la llama Quijano, y recordando las explicaciones del profesor Davide Riccardi, seguimos en una sociedad pigmentocrática, en la cual el color de la piel es factor de discriminación y exclusión, además de determinación de oportunidades sociales.
 
Por otro lado, tenemos el caso de Alejandra, mujer trans trabajadora sexual y persona que vivía con VIH, la cual falleció en medio de la negligencia del sistema de salud de la capital, por la falta de humanidad de esos servidores que no aplicaron los protocolos, y que reflejan la discriminación estructural donde unas vidas valen más que otras en estos tiempos de COVID-19. Pedir justicia por Alejandra es recordar porqué nació el Orgullo LGTB, que tanto celebramos este mes, como una expresión desde los lugares vedados, desde las identidades negadas, desde las putas, desde las latinas, contra un sistema heteronormado, patriarcal y misógino. Exigir justicia para Alejandra es exigir, desde los privilegios que tengo como marica universitaria y mestiza, que las personas trans no pueden seguir sufriendo las violencias estructurales que sufren, porque la salud es un derecho y no un privilegio. Yo pido justicia para Alejandra desde la rabia y las emociones encontradas, porque como activista y marica cisgénero privilegiada no he hecho lo suficiente, he seguido el patrón de mis pares al voltear para otro lado, pero nunca más. 
 
Por tal motivo, recordemos que el 2 de junio fue el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, además es el mes del Orgullo LGTB, que comenzó por dos mujeres trans: Marsha Johnson y Sylvia Rivera, una mujer trans prostituta y negra, la otra una mujer trans prostituta y latina. Stonewall fueron unos distribuidos en contra del patriarcado, la discriminación basada en orientación sexual e identidad de género, pero también fue una revolución de las putas, de las travestis, contra el racismo, contra la pobreza estructural, contra la endodiscriminación, contra todos los privilegios que los hombres homosexuales no hemos sido capaces de ser conscientes de ellos, porque tenemos preocupaciones gaseosas y llenas de estética. Un mes del orgullo que no acuda a la interseccionalidad, es un mes meramente para lavar las caras de las grandes corporaciones y de las maricas cisgénero, privilegiadas y activistas, que creemos que lo sabemos todo y todas las luchas nos caben en la cabeza. 
 
En este sentido, hay que ser contundente y decir que si en Colombia, y en América Latina, no establecemos una lucha frontal contra la pobreza estructural, contra el racismo, contra la desigualdad y contra el autoritarismo, no avanzaremos hacia esa justicia social que tanto anhelamos y, mucho menos, hacia la paz completa. Porque recordemos que, sin una garantía de los derechos humanos y de las garantías para los ciudadanos por parte del Estado, no existirá una profundización de la democracia. El abuso policial debe ser una de las prácticas a erradicar, porque esta Fuerza Pública no puede seguir siendo un generador de violencia, de miedo y de represión contra la ciudadanía. Por tal motivo, el ESMAD (Escuadrón Antidisturbios) debe desaparecer y no pueden haber más mártires como lo fue Dilan Cruz, asesinado por un agente de este escuadrón en el marco de las movilizaciones por el paro nacional el año pasado. 
 
Aunque parezca una reflexión desconectada, quiero terminar diciendo que si el Orgullo LGTB no es antiracista, antipatriarcal, lucha contra el capitalismo neoliberal, contra la heteronorma e intenta profundizar la democracia, más allá de ese concepto instrumental liberal, entonces es un orgullo hecho a la medida del opresor, que solo celebra la diferencia si está dentro de los estándares deseables por una sociedad que intenta exterminar la diferencia.  Por eso en estos tiempos de COVID-19 la consigna debe ser exigir garantías para vivir libres de todo tipo de violencia, ser conscientes de nuestros privilegios y seguir luchando por lograr un mundo más justo para todas las personas.  
 
¡Justicia para Alejandra! ¡No más racismo! ¡Justicia para Ánderson! ¡No más violencia policial! 
 
 

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Jose Fernando Salcedo
Orgullo de ser colombiano, Marica, caribe y barranquillero, nací en el 97. Politólogo con énfasis en Políticas públicas y gobierno (Uninorte), Estudiante de maestría en Estudios Interdisciplinarios sobre el Desarrollo en el CIDER (Uniandes). Profesional de proyectos e incidencia política de Corporación Red Somos. Alt consejero de Diversidad en Alianza Global de Jóvenes Políticos Colombia. Coordinador de Asuntos Globales de Derechos Humanos y Género en PIPEC. Investigador, profesor universitario, activista, columnista. Me interesan los temas de juventud, diversidad sexual, políticas públicas, gobierno, paz, posconflicto, Derechos Humanos, Política Exterior.