Claudia López, Sergio Fajardo y el Partido Verde: más de lo mismo

El objetivo político compartido por varios partidos políticos es sobrevivir a la desgastada figura de Álvaro Uribe Vélez, sin que ello signifique una toma de distancia, moral y ética, del llamado uribismo que, sin ser una doctrina política, sí se constituyó en una forma de operar el Estado y de asumir la política.

Opina - Poder

2021-08-25

Claudia López, Sergio Fajardo y el Partido Verde: más de lo mismo

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

En Colombia y quizás en otras partes del mundo los partidos políticos devienen en una profunda crisis programática y de credibilidad, fruto, básicamente, de los siguientes factores o fenómenos: el primero, el vaciamiento conceptual que la política ha venido sufriendo como consecuencia de una baja cultura política generalizada de los ciudadanos, la captura y la consecuente privatización del Estado, que obliga a que los partidos funcionen como empresas electorales; también, por la naturalización del clientelismo y el ethos mafioso que guía la vida pública y privada de los operadores políticos cada vez más preparados para vivir de la política. El segundo factor o fenómeno tiene que ver con la actitud asumida por agentes económicos de la sociedad civil, interesados más en consolidar la puerta giratoria entre el sector privado y el público, creada y mantenida en su operación por gobiernos que necesitan legitimarse ante poderosos agentes económicos, con los que comparten la idea de que es mejor un Estado privatizado que uno ocupado por asegurar derechos colectivos. Y un tercero, por un evidente cansancio en los electores, debido en gran parte a que la democracia se redujo al asunto más básico que es votar y porque estos no ven cambios sustanciales en las maneras como se relacionan en la realidad el Estado, la sociedad y el mercado. Es en ese contexto en el que se darán las elecciones de 2022, al que hay que sumar el escenario pandémico con todos y sus estragos, acrecentados por el nefasto manejo macroeconómico dado por Duque.

El objetivo político compartido por varios partidos políticos es sobrevivir a la desgastada figura de Álvaro Uribe Vélez, sin que ello signifique una toma de distancia, moral y ética, del llamado uribismo que, sin ser una doctrina política, sí se constituyó en una forma de operar el Estado y de asumir la política, asociada, por supuesto, a prácticas dolosas, mafiosas, al todo vale y al ya naturalizado clientelismo.

El caso del Partido Verde resulta llamativo en la medida en que dentro de las ambigüedades que circulan al interior de la colectividad, moral y éticamente, algunos de sus miembros no están interesados en alejarse de ese patrón de la cultura política que encarna eso que se llama el uribismo. Y es así, porque operadores políticos, otrora críticos de Uribe, hoy parecen estar acercándose más a esa particular forma de asumir lo público y la política. Hablo en particular de todo lo que rodea a Claudia López, quien pasó de ser una detractora del expresidente hacendado, a una figura política que asumió la arbitrariedad, la violencia discursiva (simbólica), la privatización del Estado y el clientelismo como elementos distintivos con los que se acercó a eso que se conoce como el uribismo.

Por lo anterior, su pelea electoral y política es con la Colombia Humana y con Gustavo Petro. Parece que le están haciendo la tarea a quienes desde partidos como Cambio Radical, Mira y Colombia Justa y Libres y partidos Liberal y Conservador no desean entrar en ese desgaste, por cuenta de sus compromisos y simpatías con el uribismo. Y la tarea consiste desestimar y desgastar a Petro Urrego, para, de esa manera, abonar el terreno al clan Char que, atado a Germán Vargas Lleras, no tienen la menor intención de pelearse con Uribe y con el uribismo, aunque se favorecen del declive del 1087985 y del miedo que los medios de comunicación de tiempo atrás construyeron alrededor de la imagen de Gustavo Petro Urrego.

No pelearse con precisos agentes económicos del establecimiento y mucho menos, enemistarse con el sector castrense que lo sostiene, hace parte de la estrategia del Partido Verde de cara a las elecciones de 2022. Así las cosas, dicha colectividad no constituye opción de cambio alguna, así dentro de sus huestes aparezcan figuras como Camilo Romero quien ha demostrado no estar cómodo dentro de una colectividad de la que hacen parte figuras como Sergio Fajardo, una ficha del uribismo que juega a ser alternativa, pero que todos sabemos que es más de lo mismo. Ya se advierte una escisión dentro del Partido Verde. Quizás decidan esperar a la primera vuelta para hacer pública la división, de la que claramente saldrán dos vertientes: una que se irá con el candidato que ponga Uribe y la otra que, con ciertos temores, decida ir al Pacto Histórico. Lo cierto es que parece ser más cómodo jugar a ser críticos del régimen, de dientes hacia adentro, mientras envían mensajes claros con los que muestran sus simpatías y lealtades a los más encumbrados agentes del establecimiento colombiano.

Y para terminar, el Partido Verde deviene con una confusión ideológica y programática en tanto que dice que le preocupa el tema ambiental, pero poco interviene en discusiones trascendentales alrededor del Cambio Climático y el sistemático proceso de deforestación de la Amazonia y la llegada del modelo de la gran plantación a la altillanura. Sus silencios frente al desastre de Hidroituango, del que es responsable en parte Sergio Fajardo, ubica a sus militantes y al partido mismo, del lado del agroextractivismo, de la ganadería extensiva y del modelo de la gran plantación, factores que no solo permiten la concentración de la tierra en pocas manos, sino que aseguran inequidades, el desplazamiento forzado por razones ambientales o de violencia política.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.