César Gaviria se baja de la reforma tributaria de Petro

No es una contradicción ver a César Gaviria oponiéndose a una reforma que busca mejorar los indicadores de desarrollo humano en un país empobrecido, pues realmente siempre fue un cruel y cínico iliberal, así en el pasado se haya autodefinido como socialdemócrata.

Opina - Política

2022-10-19

César Gaviria se baja de la reforma tributaria de Petro

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

No duró mucho ‘la luna de miel’ de Petro con la dirigencia de los dos partidos políticos tradicionales, responsables en buena parte de la miseria de millones de colombianos, así como de la captura mafiosa del Estado por parte de agentes privados y del levantamiento armado de las guerrillas en los años 60. César Gaviria Trujillo anunció que no votaría la actual reforma tributaria, mensaje y postura que pueden fracturar la coalición multipartidista que logró el Pacto Histórico. ¿Cómo entender lo dicho por el caprichoso líder del Partido Liberal? Aquí expongo algunas ideas que podrían responder la pregunta.

Gaviria Trujillo fue y, es aún, el mandadero de los agentes económicos (banqueros y grandes empresarios). Este neoliberal, responsable de la quiebra de pequeñas y medianas empresas y de la ruina del campo en los tiempos de la apertura económica, sabe que la reforma tributaria de Petro toca los bolsillos de sus patrocinadores y los suyos propios, asunto que lo obliga a ejercer presión al presidente Gustavo Petro, en la búsqueda de la eliminación de las cargas impositivas a los más ricos. Y, por supuesto, Gaviria amasó en su larga vida pública una considerable fortuna. En los Pandora Papers aparece relacionado con la sociedad Panamá (MC2 Internacional S.A.), y como accionista de una empresa colombiana dedicada al sector de hidrocarburos (MC2 S.A.S. ESP).

De esa manera, estamos ante una presión indebida, pero propia de un iliberal que traicionó las ideas de Luis Carlos Galán Sarmiento, convirtiendo al Partido Liberal en una cofradía de congresistas patrocinados por poderosos agentes económicos de la sociedad civil, interesados en mantener y extender en el tiempo sus privilegios de clase y, por esa vía, las condiciones de atraso y miseria en las que el país gira en un eterno ciclo de estados de cosas inconstitucionales. 

Eso sí, no creo que la coacción gavirista esté fundada exclusivamente en exigir mejores cuotas burocráticas al actual Gobierno, aunque no se puede descartar, pues César Gaviria, más que un político profesional, de un tiempo para acá opera como un vulgar traficante de cargos públicos.

A la amenaza del ladino iliberal se sumaron el Partido Conservador y el Partido de la U, a pesar de haberse declarado, junto al Liberal, como parte de la coalición de Gobierno. Imagino las enormes presiones que han recibido tanto Gaviria, como las directivas de los otros partidos, de parte de los más ricos del país, para que coaccionen a Petro en función de disminuir la carga impositiva. Igualmente, les debe preocupar las consecuencias políticas y sociales que se podrían derivar si el presidente de la República logra disminuir los índices de pobreza y miseria, al tiempo que empodera a las comunidades «subalternas». Hace rato están en modo electoral para el 2026, pues entienden muy bien que los logros que alcance Petro en estos 4 años —en materia de bienestar social y económico— terminarán impulsando las candidaturas de quienes están alineados ideológicamente con el actual presidente.

Los más ricos de Colombia, a regañadientes, aceptaron el triunfo de Gustavo Petro y, por ello, no están dispuestos a soportar la consolidación de ideas socialdemócratas en un país al que han manejado siempre con los criterios y principios de un oprobioso modelo neoliberal con lo que lograron hacerse con el Estado para manejarlo con fines corporativos y en función de sus mezquinos intereses.

Que haya pobreza, desempleo, un subempleo estructural y crecientes incertidumbres sociales es, para Gaviria y, para todos los que él representa, el escenario ideal para extender en el tiempo formas de explotación y precarización laboral y, el siempre necesario clientelismo, una forma ya institucionalizada de dominación y de desprecio por el ciudadano.

César Gaviria está jugando a debilitar la gobernabilidad de Petro y, quizás, lo esté presionando para que adopte medidas, como gobernar a punta de decretos-ley, que disgusten al derrotado régimen hasta derivar en acciones económicas y políticas que lo hagan inviable a los ojos de los militares dispuestos a prestarse, por ejemplo, a dar un golpe de Estado.

Muy seguramente Gaviria hará valer la «disciplina de perros» para alinear a sus congresistas, desconociendo el compromiso que firmaron al declararse bancada gobiernista para enfrentar el hambre y el desempleo que la pandemia dejó y la que arrastra el país desde los 90 cuando fungió como presidente este insustancial, caprichoso, marrullero e impúdico dueño del Partido Liberal.

Y no es una contradicción ver a César Gaviria oponiéndose a una reforma que busca mejorar los indicadores de desarrollo humano en un país empobrecido, pues realmente siempre fue un cruel y cínico iliberal, así en el pasado se haya autodefinido como socialdemócrata.

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Doctor en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.