Awá, gente de la montaña que se resiste al exterminio

Masacres, asesinatos individuales, amenazas y vulneraciones a los derechos humanos son constantes en la historia reciente de la tribu indígena Awá Kuaiker que aún continúa resistiendo ante los grupos armados. Hay algunas casos que ineludiblemente debemos recordar.

Opina - Sociedad

2019-06-19

Awá, gente de la montaña que se resiste al exterminio

Desde todos los frentes posibles se ha atacado a la comunidad indígena Awá. El prontuario de agresiones en su contra, que recrudece constantemente su memoria, los posiciona como una tribu en peligro de extinción en el territorio colombiano.

Muchas han sido las causas por las que diversos grupos armados han golpeado a esta población; los privilegios y recursos naturales con los que cuenta su territorio ancestral, son los principales elementos que persiguen los asechadores de la muerte.

El mayor porcentaje de la tribu indígena Awá Kuaiker en Colombia está asentado en el departamento de Nariño, en zonas fronterizas con el noroccidente de Ecuador. Pero sus integrantes están dispersos en múltiples asentamientos que cubren alrededor de 500.000 hectáreas.

Los awá son reconocidos por su pensamiento de equilibrio entre la naturaleza y los espíritus, por el respeto al planeta Tierra en armonía espiritual. Pero también son recordados por las recurrentes calamidades sociales de las que han sido víctimas bajo el marco del conflicto armado en Colombia.

Según información brindada por el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), citando un estudio del Sistema Unificado de Información sobre Pueblos Indígenas Onic-Cecoin, que habla de las infracciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario contra el pueblo Awá; las víctimas totales se registran de la siguiente forma:

 

Cuadro rediseñado con información extraída del Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC y el Sistema Unificado de Información sobre Pueblos Indígenas Onic-Cecoin.

 

La lucha incansable de los awá

Guerrilla, Paramilitares, Ejército, bandas delincuenciales, multinacionales y otros son los grupos con los que la comunidad ha tenido que enfrentarse a lo largo de muchos años. De 2002 a 2012, 125 indígenas awá fueron víctimas del fuego cruzado de diferentes actores del conflicto armado. Las zonas donde habitan han sido históricamente reconocidas por estar plagadas de minas antipersona e incluso sus niños y sus mujeres embarazadas han tenido que recibir los estigmas de una guerra en la que no han tenido la menor participación.

Entre tantas vulneraciones a los derechos humanos; tantas amenazas y ultrajos; tantos ataques y detrimentos a sus estructuras ancestrales; hay varios hechos que indiscutiblemente sobresalen por su dimensión. A continuación se enunciarán en orden cronológico.

 

Los sinuosos casos alrededor del 4 de febrero del 2009

11 indígenas awá, entre ellos dos mujeres embarazadas, fueron amarrados, torturados y masacrados a punta de cortes de machete. El 4 de febrero del 2009, la guerrilla de las Farc los asesinó tras culparlos de ser informantes del Ejército.

Las fuentes hablan de diversas cifras, municipios y hechos. Tal y como lo cita el medio Pacifista, según la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), 10 indígenas más fueron asesinados en esa ocasión, mientras intentaban huir de la guerrilla.

Algunas fuentes en ese momento, como Zabier Hernández, asesor de paz del departamento de Nariño, hablaría de hasta 27 víctimas asesinadas a lo largo de todo ese mes de febrero. Por su lado, las Farc sólo reconocieron la autoría de 8 homicidios.

400 indígenas fueron desplazados y el Ejército sólo encontró un cuerpo tras la masacre. Para ese momento era difícil identificar y/o encontrar los cadáveres puesto que muchos de ellos fueron arrojados al río y la zona se encontraba totalmente minada, lo que impedía la entrada de organizaciones fiscales y de rescate.

Un verdadero hilado de versiones que sólo refleja el abandono en el que se encontraba para entonces la tribu indígena Awá. En el año 2012, el para entonces presidente Juan Manuel Santos, insinuaría que las investigaciones estaban siendo ralentizadas a causa de la no cooperación de los indígenas con la justicia.

La mayoría de las fuentes mencionan a Ricaurte como el municipio epicentro de la masacre, pero Barbacoa y otros sectores, son mencionados como lugares donde también ocurrieron asesinatos en este mes de 2009.

 

19 de febrero de 2009, segunda tragedia del peor mes de la historia awá

7 indígenas fueron sacados a la fuerza de sus casas, les amarraron pies, manos y con cuchillos les arrancaron sus orejas e hirieron todo su cuerpo

Los homicidas hacían parte de ese gran grupo de Bandas Criminales Emergentes, Bacrim. Hoy continúan delinquiendo desde su nacimiento a finales del 2006, como consecuencia de las disidencias del proceso de paz con los paramilitares llevado a cabo durante el Gobierno de Álvaro Uribe.

Estos hechos ocurrieron el 19 de febrero del mismo año 2009. Un mes catastrófico para la comunidad Awá. El exterminio de sus núcleos familiares era más que evidente. Tanto guerrillas como paramilitares arremetieron en su contra bajo pretextos insólitos.

A las víctimas no se les pudo identificar sus nombres. Fueron asesinados en zona rural del municipio Barbacoas, en la vereda Buenavista.

 

Ejército y paramilitares, aliados contra la comunidad Awá

Tulia García era la única persona que había sido testigo del falso positivo de Gonzalo Rodríguez, un joven asesinado por el Ejército y presentado, falsamente, como guerrillero muerto en combate. Tulia estaba en su resguardo indígena Gran Rosario con otros compañeros indígenas cuando el 26 de agosto del 2009, a plena madrugada de las 5:30am, irrumpieron Los Cucarachos con violencia homicida.

Este grupo armado asesinó a los 12 indígenas awá e hirieron a 3 más. Fue un día de terror para la comunidad que no entendía el hecho maligno. Luego, se puso al descubierto que esos mismos integrantes del Ejército, que habían hecho el falso positivo sobre el joven Rodríguez, le habían pagado a la banda criminal Los Cucarachos para que asesinaran a Tulia García, con el fin de que su delito quedara impune y sin testigo alguno.

Es decir, soldados del Ejército le pagaron a disidencias paramilitares para que asesinaran a una mujer indígena que había sido testigo de un falso positivo.

Más tarde, otros paramilitares, también al servicio Ejército Nacional, fueron quienes se encargaron de asesinar los integrantes de Los Cucarachos.

 

Los niños, el recuerdo más doloroso

En el 2011, la guerrilla de las Farc perpetró un acto infame contra la tribu Awá en el municipio de Barbacoas, Nariño: ingresaron al resguardo indígena San Juan Bautista, desaparecieron tres niños de la comunidad, sometieron a un grupo de aultos a todo tipo de vejámenes y asesinaron a varios de ellos con armas de fuego.

Debieron pasar dos años para que la fiscalía pudiera dar con el paradero de los cuerpos de los menores de edad. En el 2013 se pudo hacer sepultura a los tres jóvenes inocentes bajo las costumbres de los awá.

En el 2016, Serafín Cortés Delgado, integrante de las Farc perteneciente al Frente 29 de las Columna Mariscal Sucre, fue condenado a 33 años y 8 meses de prisión por la coautoría de los hechos.

 

Los asesinatos no se detienen

El 1 de diciembre del año 2018, el fundador del Cabildo Mayor Awá de Ricaurte y su hijo, elegido como Cabildo Gobernador para el año 2019, fueron asesinados por un grupo de hombres armados no identificados. Con ellos, otros 4 indígenas fueron heridos.

Para ese momento, la comunidad indígena alertó al Gobierno de la muerte de al menos 34 líderes indígenas desde la posesión de Iván Duque como presidente. A día de hoy, en general hay alrededor de 165 líderes asesinados en menos de un año de Gobierno.

Las amenazas y los imparables atentados contra la estructura cultural de la comunidad indígena Awá son más que evidentes. Los pueblos indígenas son vulnerables frente a los grupos armados en territorios aislados a causa del ausentismo estatal.

Es una obligación gubernamental garantizar la vida y la protección de estos pueblos ancestrales que se encuentran en vía de extinción. Es innegable la sistematicidad en el asesinato de sus líderes, con el fin de debilitar sus estructuras y, entre otras cosas, apropiarse de los territorios a los que han pertenecido por cientos de años.

 

Foto cortesía de: Miputumayo

 

 

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Hernán Muriel Pérez
Comunicador social - Periodista, Redactor-Editor, Fundador de Cofradía para el cambio - Copec