A propósito del Día del Estudiante Caído

Este 9 de junio está revestido de una connotación especial: será la conmemoración de los estudiantes caídos en el paro nacional, nuestros contemporáneos, nuestros compañeros de aula, de ellos que salieron con nosotros, de ellos que hace tan solo unos días estudiaban y pedían una educación de calidad, o querían estudiar y pedían oportunidades para hacerlo.

Narra - Narrativo

2021-06-07

A propósito del Día del Estudiante Caído

Columnista:

Felipe Alzate de los Ríos 

 

Pocos días de conmemoración nacional, despiertan una sensación de nostalgia, orgullo, sosiego, esperanza, como la del Día del Estudiante caído, revolucionario, o simplemente Día del Estudiante Caído. Este año 2021, cuya «celebración» se ha situado el miércoles, 9 de junio, no será la excepción, tendrá una connotación especial, se enmarcará con la característica de que la comunidad estudiantil del país, los jóvenes de todas las condiciones, se han visto despojados de otros de sus compañeros por la represión del Estado y la espiral de violencia producto de la estigmatización de la protesta. Y no solo será la conmemoración de aquellos que recuerda la fecha desde hace 50 años, sino de los que cayeron hace tan solo unos días. 

Ayer:

Tres son las fechas históricas que desembocan en este día: 7, 8 y 9 junio. El 7 de junio de 1929 el país estaba desconcertado por las noticias provenientes de Ciénaga y de todo el Caribe: habían masacrado a los manifestantes de las bananeras. Los estudiantes salieron para pedir la renuncia del presidente Abadía Méndez, también denunciado por el entonces representante Gaitán. La represión del Estado militarizado por las circunstancias en el Norte, como ahora por las circunstancias en el Sur, reprimió la movilización. Murió un estudiante: Gonzalo Bravo Páez. El primero de un largo rosario de jóvenes asesinados en la historia de las manifestaciones jóvenes en el país.

El 08 de junio de 1954, a un año del golpe de Rojas Pinilla, los estudiantes de Bogotá salieron para conmemorar la muerte de Bravo Páez. Ese día cae asesinado otro estudiante: Uriel Gutiérrez Restrepo. El dolor e indignación de los jóvenes convocó a una gran movilización para el día siguiente, 9 de junio, en busca del Palacio de Gobierno. Ese día, como ahora, las armas de la república, apuntaron y asesinaron a sus jóvenes manifestantes, una decena fue masacrada en las calles del centro de la capital. El Gobierno militar, no caería sino hasta 1957, pero los sucesos de ese 9 de junio fueron decisivos para su degradación y estrepitoso colapso.

Hoy: 

Se acerca la conmemoración de los caídos por las viles balas del odio sectario, fanático, fascista, escampadas en la innoble y pérfida inacción 0 complicidad del Estado para con esos detestables hombres que para mal nuestro, tuvo a bien parir esta patria. 

Muchos son los nombres de esos caídos, la mayoría jóvenes: Bravo (1929), Gutiérrez (1954), Cruz (2019), Villa (2021). Lo dicho, una larga letanía de nombres que pasan a engrosar la dolorosa lista de los muertos que reclamaban su derecho y el derecho de todos a vivir, a estudiar, a comer. Solo la muerte de uno de esos colombianos, debería volcar al país sobre sí mismo, y arrancarse los cabellos de dolor y de indignación. Solo la muerte de uno de esos estudiantes debió bastar para que Abadía Méndez, Rojas Pinilla y Duque cayeran en medio de la ignominia que debe cubrir a aquellos que ordenan o son cómplices de la desaparición de sus estudiantes, del futuro de su país. 

Por eso, este 9 de junio está revestido de una connotación especial: será la conmemoración de los estudiantes caídos en el paro nacional, nuestros contemporáneos, nuestros compañeros de aula, de ellos que salieron con nosotros, de ellos que hace tan solo unos días estudiaban y pedían una educación de calidad, o querían estudiar y pedían oportunidades para hacerlo.

Este 9 de junio es especial. Y no es que las fechas sean hitos cuyos acontecimientos y conmemoraciones se quedan amarrados en el tiempo, inamovibles, como paradigmas que no merecen recalificación o reubicación, o incluso, multiplicación, sino que días como estos sirven para canalizar sentimientos, esperanzas, deseos, homenajes. Sirve para sabernos dignos y demostrar nuestra valía frente a aquellos que nos venden como producto, como pensión, como promoción, nefasta palabra que disgustaba tanto a Borges. 

 

Ilustración: Milton, Dibujo Libre. 

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Felipe Alzate De los Rios
Conciliador en Derecho. Egresado del programa de Derecho de la Universidad Católica Luís Amigó. Manizales.