8 soldados violadores

En lugar del Presidente exponer con vehemencia su rechazo contra el abuso sexual, optó por lamentar el señalamiento que recae sobre los uniformados violadores.

Opina - Política

2020-06-26

8 soldados violadores

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

La violación de una niña indígena, de la comunidad Embera Katío en Pueblo Rico, Risaralda, a manos de 8 solados es el nuevo hecho político-noticioso que genera indignación entre cientos de miles de colombianos. Otros cientos ni se darán por enterados y, otros tantos, minimizarán lo ocurrido.

Lo cierto es que el crimen cometido por los uniformados contra la menor indígena (de 13 años), se da en medio de la aprobación de una ley, confusa y mal concebida, con la que se permite en Colombia una particular forma de cadena perpetua para violadores de menores. Dicho marco legal aún no ha sido sancionado por el presidente Duque, de allí que, en este caso, no procedería su aplicación.

Los hechos que son materia de investigación por parte de la Fiscalía plantean una colisión de competencias entre la Justicia Ordinaria y la Justicia Indígena, por tratarse de una niña étnicamente protegida. Y no faltará quienes pretendan que sea la Justicia Penal Militar la instancia que procese a los uniformados involucrados en la atroz violación sexual. Aunque no se trata de la comisión de un delito en el marco de un acto del servicio, los militares suelen exigir su juzgamiento mas que para hacer justicia ejemplar, para evitar el escarnio público de los uniformados comprometidos en el execrable hecho del acceso carnal violento y en muchos casos, para dilatar los procesos, contaminar las pruebas o solo para retar a la sociedad. Ya la ONIC exigió que los soldados violadores sean entregados a las autoridades indígenas para su correspondiente juzgamiento de acuerdo con sus usos y costumbres, amparados en la Jurisdicción Especial Indígena.

Mientras se conocen los pormenores de lo ocurrido y se establecen las responsabilidades penales de los militares orgánicos del Batallón San Mateo, la violación de la menor indígena se corresponde, contextual y circunstancialmente con los siguientes elementos o factores: la sociedad colombiana en su conjunto actúa y piensa de acuerdo con los valores y principios de una sociedad patriarcal, violenta y machista.

La mujer es vista como un objeto de consumo, como un instrumento para producir placer y asegurar la reproducción, en las condiciones que impuso la propia Iglesia Católica y las derivadas de un valor cultural que indica que las mujeres solo sirven para la cocina y para tener hijos.

Es en ese marco en el que se explican hechos aberrantes como el que aquí se comenta, al que obviamente hay que sumar otros elementos o factores. Entre estos, el relacionado con lo que implica ser militar en Colombia. Estar en el Ejército es el escenario para “hacerse hombre o macho”. Y la violación de mujeres y niñas es, dentro de esa perversa lógica, un paso en la dirección de “graduarse como macho”. De la misma manera como en cientos de familias los padres aupaban a sus hijos hombres para “perder la cachucha” en casas de lenocinio, esto es, en las piernas de una trabajadora sexual, dentro de los batallones, en particular en aquellos en los que hay unidades de combate (soldados profesionales y regulares), salir a violar puede resultar en un juego de hombres, en un reto.

Así, “comportarse como macho” dentro del Ejército o de cualquier otra fuerza armada, se asume como una aspiración y un objetivo con el que se terminan validando prácticas criminales y abusivas. No se necesita que exista una “directriz oficial” que aliente a los soldados a violar mujeres o niñas. Está en la cultura, en el actuar del Estado, de los jueces que minimizan las denuncias que por acoso y violación instauran las mujeres; está en los altos niveles de impunidad de una Justicia disfuncional; y está, por supuesto, en las reacciones y en el discurso mismo de políticos y militares que  no rechazan los hechos en sí mismos, sino que terminan pidiendo a la sociedad que “disculpen” a los violadores, exponiendo que se trata de hombres sin formación moral o ignorantes, que no pudieron contenerse, en virtud de meses de encierro o de patrullajes intensos y extensos, sin tener contacto con mujeres.

En la película Pantaleón y las visitadoras queda expuesta la animalidad que suele acompañar a quienes portan un uniforme y se ven fácilmente arrastrados por el afán de comportarse como machos frente o en relación con mujeres sometidas (como las “trabajadoras sexuales”) o con aquellas menores vulnerables, indígenas y pobres, cuyas vidas previamente fueron catalogadas como insignificantes.

Ejemplo de lo anterior constituye la respuesta dada por el presidente Iván Duque Márquez quien, al fungir como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, debía pronunciarse sobre el crimen cometido por 8 de sus subordinados. En su cuenta de twitter, Duque señaló: “Colombia debe enfrentar con contundencia y drasticidad cualquier agresión a un menor. Nos duele que se señale a miembros de la #FuerzaPública de violar a una niña indígena. Iremos hasta el fondo de las investigaciones”.

El dolor que dice sentir el jefe de Estado no se desprende del crimen mismo cometido por los uniformados, sino del señalamiento a sus subalternos de haber cometido el abominable hecho. Estamos ante la respuesta de un Hombre Blanco que siente un especial desprecio por la vida de los indígenas y de la niña abusada por los soldados. En lugar de exponer con vehemencia su rechazo contra el abuso sexual, optó por lamentar el señalamiento que recae sobre los uniformados violadores.

Esa es la Colombia violenta, sucia, patriarcal, criminal y abusadora que queda muy bien reflejada en la letra del Himno Feminista, un violador en tu camino: “el Patriarcado es un juez, que nos juzga por nacer y nuestro castigo, es la violencia que no ves… y nuestro castigo, es la violencia que ya ves…es feminicidio, impunidad para el asesino, es la desaparición, es la violación… y la culpa no era mía, ni donde estaba ni como vestía… el violador eres tú… son los policías, los jueces, el Estado, el presidente, el Estado opresor es un macho violador…

 

Adenda: no faltará el titular de prensa con el que se califique a los violadores como Monstruos.




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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.