Se necesita más rigurosidad para mejorar la calidad del aire en el Valle de Aburrá

En el año 2018 solamente en la ciudad de Medellín, las muertes a causa de la mala calidad del aire le costaron 5 billones de pesos al municipio. Las estrategias para mitigar la polución no han tenido nada a fondo que demuestre que va a cambiar la dinámica para los siguientes años en las mismas épocas.

Infórmate - Ambiente

2019-03-29

Se necesita más rigurosidad para mejorar la calidad del aire en el Valle de Aburrá

En la contingencia de alerta roja ambiental vivida en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá a mediados de marzo, respirar en algunas zonas de Medellín como Aranjuez o, en el municipio de Girardota, equivalía a fumarse alrededor de 3 cigarrillos cada 24 horas. Finalizando el mes, a la fecha 28 de marzo, una vez más, 17 de las 19 estaciones de monitoreo de la calidad del aire del valle apuntan una inminente alerta naranja.

El artículo Air Pollution and Cigarette Equivalence, realizado por los científicos Richard A. Muller y Elizabeth A. Muller, asegura que respirar aire con niveles de polución de 22 µg/m3 equivale a fumar un cigarrillo por día. En las dos zonas previamente mencionadas, según datos oficiales del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, los niveles de polución alcanzaban unos 64 µg/m3 para el domingo 17 de marzo.

Tres días después, luego de las variadas medidas ejecutadas por los entes gubernamentales para aplacar la alerta roja ambiental, según los datos oficiales, las estaciones habrían mostrado grandes reducciones en la polución: Aranjuez y Girardota registraban 28 y 24 µg/m3 respectivamente.

Aun así, esa cifra de polución equivale a fumarse un cigarrillo cada 24 horas, haciendo el paralelo con el estudio ya mencionado, divulgado por Earth Berkeley: una organización sin ánimo de lucro de California que hace análisis científico de datos de la ciencia del clima.

Daniel Suárez, activista y vocero del colectivo ambiental Aire Medellín, reconoce que las medidas que se han tomado de una u otra forma han mitigado un poco la polución, pero su naturaleza es reaccionaria y no es suficiente para solucionar el problema:

“Hemos sido reactivos, pero no ha habido algo que genere un cambio estructural (…) las estrategias no han tenido nada a fondo que demuestre que va a cambiar la dinámica para los siguientes años en las mismas épocas”.

Los balances publicados por el Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (SIATA) entre el 20 y el 26 de marzo, a pesar de que mostraron importantes reducciones, el resultado de los estados de medición únicamente fue ‘bueno’ en la estación Santa Helena y en solo tres de las siete ocasiones revisadas. Esto significa que la calidad del aire sigue afectando la salud de las personas que viven en el valle.

Para ese martes 26 de marzo, 7 estaciones presentaban alertas naranjas: Girardota, Poblado, Itagüí, Caldas, Villa Hermosa, Aranjuez y Envigado eran los territorios más afectados. Dos días después, miércoles 28 de marzo, 10 estaciones más se les unieron: es necesario decretar alerta naranja, de nuevo.

Para María del Pilar Restrepo, subdirectora ambiental del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, “las medidas implementadas por la Junta Metropolitana fueron efectivas. La ciudadanía las acató”. La subdirectora resalta en este caso la importancia del Plan Integral de Gestión de Calidad del Aire (PIGECA), que viene trabajando desde el 2016 y el Plan Operacional para Enfrentar Episodios de Contaminación Atmosférica (POECA).

En este aspecto, Carlos Julio, tecnólogo agropecuario perteneciente al colectivo ambiental Ciudadano Envigado, critica lo tardías que fueron creadas este tipo de estrategias por parte de las administraciones municipales y departamentales, y avizora que las alertas serán permanentes: antes se hablaba de neblinas, las administraciones nunca cantaron esas situaciones ambientales del aire. Hoy, con lo del SIATA se ha descubierto y se ha puesto en evidencia que estábamos contaminados hace mucho rato”.

Julio hace un llamado de atención a los entes ambientales y a la ciudadanía en general. “En vez de pico y placa debería haber otro tipo de estrategias, por lo menos, días sin carro. (…) Estamos de norte a sur con una gran contaminación. Tenemos que tener más parques, más siembras de árboles, más jardines. En la ciudad debemos tener más arbolados urbanos”.

Teniendo en cuenta las diferentes características topográficas, el clima, las condiciones meteorológicas y las cotidianas emisiones contaminantes producto de una población en constante crecimiento; María del Pilar Restrepo también advierte que “hasta que la región no se consolide como una región baja en carbono y en emisiones en general” es probable que estas alertas continúen sucediendo en el largo plazo especialmente durante las épocas de transición a los periodos de lluvias (marzo-abril y octubre-noviembre).

Presión ciudadana

El director del Área Metropolitana del Valle de Aburrá Eugenio Prieto, hizo un llamado a la comunidad para la recuperación ambiental: “este territorio si no tiene este tipo de bosques, de árboles, si no los seguimos regenerando, si no cuidamos esas redes ecológicas que tenemos, nos vamos a asfixiar, nos vamos a ahogar, lo que vamos es a colapsar”.

Pero ese vaticinio de colapso en realidad no es muy lejano de la realidad que la capital antioqueña actualmente atraviesa. En el año 2018 solamente en la ciudad de Medellín, las muertes a causa de la mala calidad del aire le costaron 5 billones de pesos al municipio.

Una investigación de la Contraloría General de Medellín, el Centro de Investigación, Estudios y Análisis (CEA), la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y el Instituto de Estudios Ambientales; determinó que entre 2012 y 2016 murieron 7.285 personas a causa de enfermedades respiratorias agudas.

Es por esto que diversos líderes y ambientalistas de la región muestran su descontento respecto a las medidas que han implementado los entes gubernamentales para mejorar la calidad del aire. Laura Valentina Escobar, líder del colectivo ambiental No al Fracking de la ciudad de Medellín, considera que “Tenemos construcciones en zonas que han requerido talas, no se controla a las empresas transportadoras (las cuales muchos de sus vehículos son extremadamente contaminantes), las empresas vierten y emiten gases sin control, no se ha tomado una medida real para disminuir el problema —y agrega que —el problema no es solo de carros y motos, el problema ambiental se extiende más allá”.

Laura, a su vez, asegura que “si la Alcaldía, la Gobernación y la ciudadanía hacen un trabajo conjunto para controlar el problema de contaminación este podría disminuir en gran medida”, pero enfatiza en que debe haber mayor rigurosidad sobre el control de muchos factores que inciden en la contaminación (y no solo del aire): “no se controla la contaminación causada por los habitantes de calle, no se tiene un sistema real de reciclaje y no se tiene buena restricción de vehículos pesados”.

Ignacio Pérez, economista perteneciente al colectivo ambiental Ciudadano Envigado, pide a las autoridades que planifiquen mejor sobre el medio ambiente especialmente en el área de la construcción. Según Pérez, en esta esfera se mueven grandes mafias que ignoran en contadas ocasiones el tema ambiental repercutiendo a mediano plazo en la calidad del aire:

“Las administraciones municipales, (deben) restringir el uso desmedido de viviendas en la zona, dar muchas más zonas verdes y, adicionalmente, tomar las medidas restrictivas para que la comunidad colabore. Pero desgraciadamente dejan que ocurra lo que ocurra y en seguida aprietan a las personas y no les permiten vivir normalmente”.

En este sentido, el tecnólogo agropecuario Carlos Julio, enfatiza que el fondo del sector constructor es más complicado porque en ocasiones las mismas mafias burlan las autoridades, creando licencias de construcción, en primera instancia, con planos adecuados y amigables con el medio ambiente, pero que “a la hora de construir no respetan paramentos ni causas ambientales” y por ende es necesario ejercer controles más oportunos y drásticos.

Otro campo que preocupa a los ambientalistas es el ineludible crecimiento del parque automotor. Desde el 2002 hasta el 2012, el parque automotor de la ciudad de Medellín había crecido unas 15 veces, mientras que sus vías solo habían crecido un 1%. Las personas constantemente se quejan sobre los buses de transporte público como agentes contaminantes severos, y es que las fuentes móviles generan el 81% de la contaminación en la capital antioqueña.

Al secretario de medio ambiente de Medellín, Sergio Orozco, se le interrogó hace poco sobre la situación ambiental que está cursando el valle en estos momentos. Su opinión generó debate y rechazo en redes sociales.

En una rueda de prensa, al secretario se le habló sobre implementar medidas más fuertes, él dijo lo siguiente: “nosotros el resto del año no tenemos necesidad de ningún pico y placa, incluso podemos hasta contaminar más”.

¿Y la consciencia ambiental?

La sumatoria de pequeñas acciones puede contribuir significativamente al cambio que necesita el Valle de Aburrá en el aspecto ambiental. Líderes, académicos y fuentes gubernamentales, afirman que tanto la esfera pública como la ciudadanía tienen que aportar más para la construcción de un mejor medio ambiente.

Laura Valentina puntualiza que en el valle hace falta una verdadera consciencia ambiental por parte del ciudadano promedio y que, aunque el territorio carece de compromiso por parte de los funcionarios públicos, la comunidad también debe aportar de muchas formas a contrarrestar la contaminación: “todas las familias quieren tener vehículo (sea carro o moto), hacen lo posible para salir más temprano o más tarde para saltarse el pico y placa; no hay una conciencia de reciclaje ni de ahorro de agua y energía y sigue una larga lista”.

Desde el colectivo No al Fracking y Ciudadano Envigado, reconocen que el aire no es la única problemática ambiental que se presenta en el territorio. Otras alertas como el desconocimiento sobre la disposición de los desechos, la falta de cultura de reciclaje, el mal manejo de basura por parte de empresas, todas las dinámicas de desechos que se desprenden de los habitantes de calle, entre otros, son algunos problemas que se deben tratar cuanto antes desde las administraciones, y sobre los cuales se debe realizar mucha pedagogía.

María del Pilar Restrepo aconseja a las personas que adhieran a su vida conductas amigables con el medio ambiente desde acciones que, aunque parezcan insignificantes, pueden marcar la diferencia. “Abastezca de gasolina su vehículo cuando no esté haciendo calor, use Internet para hacer reuniones de trabajo y para realizar trámites y pagos, comparta su vehículo con otras personas, realice mantenimientos periódicos a pilotos de estufas y calentadores de gas, evite el uso de leña para calentar o cocinar”, son algunas de las recomendaciones de la subdirectora.

Plan Siembra: por el millón de árboles en el valle

El pasado 22 de marzo se sembró el árbol número 800 mil del Valle de Aburrá, bajo el marco del Plan Siembra, en la reserva ecológica La Romera, Sabaneta. Este proyecto, que comprometió a los 10 municipios del valle a sembrar 100 mil árboles cada uno entre el 2016 y el 2019, es uno de los programas con mayor impacto ambiental a largo y mediano plazo que ha cumplido el 80% de su totalidad, mitiga la contaminación y crea esperanza en las comunidades.

Carlos Julio, quien estaba presente en la siembra de aquel árbol, el número 75 mil de la cuenta individual del municipio de Sabaneta, afirma que este programa “es un gran referente ambiental, no solo para el Área Metropolitana, sino además para el mundo. Un árbol que sembremos repercute el beneficio en Europa, en todo el país colombiano. (…) Por eso tenemos que ser tan conscientes de sembrar árboles, protegerlos; y es una gran labor, no solo institucional, sino de nosotros como ciudadanos: enseñarlo a generaciones futuras”.

El director del Área Metropolitana del Valle de Aburrá Eugenio Prieto, afirma que esta estrategia tiene todo el fundamento técnico, científico, el acompañamiento de los diferentes sectores, y no solo pretende regenerar ecosistemas, sino además “calidad de vida, bienestar. Este es un tema de inclusión, de equidad”.

“El aire que respiramos no tiene estatus social, lo respiramos todos, quienes están en el estrato uno, en el diez o en el quince (…) Ojalá podamos hacer muchos más planes Siembra en el Valle de Aburrá”.

De igual forma, este tecnólogo agropecuario espera que la estrategia no se quede únicamente en la siembra y se logre ejecutar un cuidado real a las plantas en su crecimiento. Julio invita a la administración actual y a las próximas administraciones a continuar con el trabajo desde la consciencia ambiental, “porque sembramos árboles, pero de qué nos sirve sembrar un árbol si no tenemos la consciencia de cuidarlo, no tenemos la consciencia de para qué sirve ese árbol, para qué sirve esa plantica que sembramos”.

 

Foto cortesía de: El Tiempo

 

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Hernán Muriel Pérez
Comunicador social - Periodista, Redactor-Editor, Fundador de Cofradía para el cambio - Copec