Un país que perdona, pero no olvida

Sé que los campos han llegado a las ciudades, sé que sus miedos nos han tocado la puerta, porque también son nuestros. Nos ha tocado y es responsabilidad de nosotros enfrentar la incertidumbre y la crisis, porque somos el futuro de este país. Por un país mejor, lleno de oportunidades, una Colombia más justa.

Emociones - Política

2021-05-16

Un país que perdona, pero no olvida

Columnista:

Mariana Londoño Ramírez

 

En tiempos de crisis las situaciones que antes no nos preocupaban se han llenado de incertidumbres, de sombras que invaden las paredes de nuestras casas, del silencio de las calles y los ruidos extraños que nos inquietan por las noches. En estos tiempos de incertidumbre en que el país está lleno de miedo, rabia e indignación, especialmente del dolor de nuestros amigos y hermanos, de los chicos que han salido a dar la voz por este país, hemos descubierto que podemos lograrlo. Que, si antes no hablábamos y guardábamos silencio, quizás es porque no creíamos ser escuchados, pero lo estamos siendo, estamos gritando, tenemos voz, una voz que nos impulsa.

Desde el 28 de abril he descubierto algo grandioso y maravilloso que se esconde en las montañas de nuestro país Colombia, en las tierras de siembra de papa, plátano, aguacate y café, en las casitas de las personas que hacen esta grandiosa labor y que durante estos 50 años de dolor y sufrimiento que han padecido en gritos bajo el silencio de las noches en los campos, es el corazón y el alma que tienen, una fortaleza que ha llegado a mostrarnos la verdad, y es que no podemos seguir como hace 50 años. No podemos seguir ignorando lo que nos sucede, porque es de todos.

No podemos ignorar lo que sucedió con Trujillo, Valle, 1887, La mejor Esquina de Córdoba, 1988, Segovia, 1988. Sabanalarga, Antioquia, 1997. Mapiripán, Meta, 1997. Miraflores, 1997. Yombolo, 1997. Jamundí, Valle 2001, Boyacá, Chocó, 2002, y la lista sigue. No nos permitamos olvidar.

No permitamos que a los días que se avecinan el olvido sea nuestro mayor enemigo, no ser indiferente a lo que está sucediendo por las noches, en Pasto, Cali, Medellín, Pereira, Buga, Popayán y Bogotá. Seguro en otras partes del país que aún desconocemos y por todo lo sucedido han sobrado razones para decir no a la violencia, y no al olvido, para que así recordemos, que, en estos tiempos de crisis, incluso estando sumergidos en la crisis, se puede dar lo mejor de nosotros.

Sé que los campos han llegado a las ciudades, sé que sus miedos nos han tocado la puerta, porque también son nuestros. Nos ha tocado y es responsabilidad de nosotros enfrentar la incertidumbre y la crisis, porque somos el futuro de este país. Por un país mejor, lleno de oportunidades, una Colombia más justa.

Lo grandioso de estar en medio de la catástrofe, porque es inevitable no vivirla a diario, es que lo estamos haciendo bien, estamos más unidos que nunca, estamos construyendo historia, tenemos un mañana de un futuro en el que nuestro país no esté manchado de sangre, no más voces silenciadas, escondidas en nuestros bosques, en nuestras tierras, debajo de las flores de mayo, entre los cantos de los loros y el silencio de las noches, cerca del Magdalena escuchando sin el palpitar de un corazón sucumbir al mar, no más miedos que nos apaguen.

Por esto, sé que Colombia ha despertado. Y estoy agradecida por quienes han salido a las calles a decir «Ya basta» ante las injusticias, ante un país que se ha inundado de lágrimas por madres que han perdido a sus hijos, por niños que han perdido a sus padres, por hermanos que han perdido a los suyos. Porque estamos en un país de dolor, por un país que perdona, pero no olvida.

 

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Mariana Londoño Ramírez
Escritora aficionada, futura periodista, amante de la poesía y la música.