Su país, mi país, ¡nuestro país!

Los colombianos que nunca han ejercido su derecho al voto, por la razón que sea, no pueden seguir mirando impávidos los toros desde la barrera.

Opina - Sociedad

2018-03-31

Su país, mi país, ¡nuestro país!

La verdad estoy hasta la coronilla del tema político que se trata en las redes sociales, medios de comunicación tradicionales y hasta en las tertulias familiares, laborales y de amigos. Allí solo se habla de Uribe y Petro, como un común denominador, situación que claramente evidencia la aturdidora polarización que vive nuestro país en estos cruciales momentos, en el que se definirá el derrotero que los colombianos llevaremos en el próximo cuatreño.

No se puede verter una libre opinión, ya sea en Facebook, Twitter o el portal oficial de algún periódico, revista, canal de televisión o medio independiente, sin que sea uno víctima de un encarnizado ataque de un bando u otro: los de derecha y los de izquierda.

Puedo afirmar que no me etiqueto en ninguna corriente política, la verdad, empecé a ejercer mi derecho al voto hace 16 años, era uno de los millones de apáticos abstemios que visualizaba el votar como un acto inútil, ya que, desde mi perspectiva tenía incrustado el convencimiento de que nada iba a cambiar en el país, que todo seguiría igual, las mismas poderosas familias turnándose la casa de Nariño.

Los efímeros brotes esperanzadores de gestarse por fin un necesario y justo cambio en la estructura política colombiana, se han desvanecido siempre por el poder de las maquinarias, la mafia, el narcoterrorismo, la subversión y los seductores tentáculos de esa infame meretriz llamada corrupción, amangualada con la doble moral y el “importaculismo” de nosotros los colombianos.

Mis ancestros vivieron los horrores de la llamada “Violencia”, esa misma que a Colombia de sangre inocente tiñó, como consecuencia de la maldita puja partidista entre godos y liberales, tras el asesinato del gran líder Jorge Eliécer Gaitán; todos mis familiares fueron desterrados de sus parcelas, durante varias semanas permanecieron escondidos y hambrientos entre cafetales, presas del pánico, testigos de las múltiples atrocidades cometidas y milagrosamente se libraron de ser asesinados por “Los Chulavitas».

Se calcula que la época de la Violencia dejó entre 200.000 y 300.000 muertos y el desplazamiento forzoso de aproximadamente dos millones de personas. Cuando mi abuela  y mi madre me relataron los horrores de la violencia que vivieron, y lo que he vivenciado yo mismo durante estos 50 años de infame conflicto armado, que a la fecha, calculan ha dejado aproximadamente 8.376.463 víctimas, me dejó claro que la paz de Colombia tenía que dejar de ser una utopía y que los hijos del pueblo, no tenían por qué seguir siendo carne de cañón, como consecuencia de las desmedidas ansias de poder de unos cuantos infames, abanderando una causa maquiavélica, desfigurada y sin norte.

Los colombianos que nunca han ejercido su derecho al voto, por la razón que sea, y que después indignadísimos se quejan por la situación enfrentada ante cada nuevo gobernante, por la corrupción que ya hizo metástasis en todos los estamentos y las miles de iniquidades sociales que nos atosigan, como también esos nuevos y potenciales votantes, no pueden seguir mirando impávidos los toros desde la barrera.

No podemos seguir enarbolando con vehemencia nuestro pensamiento y postura política solo en redes sociales, debemos trascender ese mundo virtual donde se ataca al contradictor cual fanático idólatra y enceguecido, ¡se señala, se acusa, se difama, se insulta!, amparados en la mayoría de ocasiones en el anonimato, armando enfrentamientos virtuales que traslucen a leguas, que nuestros apasionamientos nublan la sensatez y nos impiden ver más allá de nuestras propias narices, creemos en toda la basura que circula en redes sociales y la viralizamos, nos dejamos meter el dedo en la boca, no leemos, no discernimos.

Tenemos que manifestarnos con contundencia en las urnas, vote a conciencia y por quien crea colma sus expectativas ¡pero vote! si en verdad queremos darle un viraje a la mañosa, corrupta, nefasta y enquistada estructura política que ha gobernado a Colombia, su país, mi país, nuestro país.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Javier Hernando Santamaría
Columnista, critico de TV, argumentista y bloguero de Farándula y Critica TV Un vistazo desenfadado, pero serio al acontecer de la TV latina, como también de la realidad nacional desde la perspectiva de un simple mortal que anhela una mejor Colombia Desde 1998 junto al director Julio Luzardo coordinamos el portal magazine Enrodaje.net y Cine Colombiano Colaborador en varios portales web.