Reseña del libro Buda Blues de Mario Mendoza

Un libro interesante de leer, para comprender aspectos de nuestra sociedad, a los cuales no le encontramos una respuesta coherente.

Narra - Sociedad

2021-01-18

Reseña del libro Buda Blues de Mario Mendoza

Columnista:

Santiago Becerra Tovar

 

Mario Mendoza es un escritor colombiano, nacido en Bogotá, criado y educado allí. Estudió Filosofía y Letras en su ciudad de origen y realizó un posgrado en Literatura Hispanoamericana en la Fundación Ortega y Gasset de Toledo, España.

Anterior a Buda Blues, novelas como la Ciudad de los umbrales, Satanás, Los hombres invisibles, ya habían sido publicadas, teniendo un hilo conductor que las asemeja: la realidad urbana de Bogotá. Pero Buda Blues, no solo refleja una existencia local, como lo es Bogotá, sino que nos lleva hasta Kinshasa (Congo, África), Mumbai y Calcuta (India) y nos presenta realidades similares, pero no comparables. Similares porque aquello que llama “La Cosa” (término que ampliaré más adelante) ha demostrado llegar hasta los rincones del planeta para causar miseria, necesidades y desigualdad; aunque, no son comparables, porque a cada territorio lo afecta de diferentes maneras, y a unos, más que a otros.

Expresadas estas palabras, es adecuado el libro en su totalidad, no solo por la exclusión social, sino, porque años después de haberse publicado se sigue evidenciando la miseria, la desigualdad y las necesidades de aquella sociedad que mostró Mario Mendoza en 2009. Por esta razón, conecta con su lector, y en mi caso, no abre hacia un mundo desconocido, sino, un mundo deseoso de conocer. Por otra parte, la ligereza de las palabras, no hacen de una lectura difícil de digerir, sino que, se lee de corrido, con satisfacción. 

La misma descripción de los personajes, tan detallada y precisa, enriquece la novela, porque son adecuados a la historia que se narra. Por ejemplo, Vicente, un hombre sedentario; profesor de Universidad; inmerso en su rutina; del trabajo a su apartamento y viceversa, no es más que un hombre atrapado por La Cosa y segregado a repetir sus días. Hasta que un día, algo impactante, lo saca de su zona de confort y lo lleva a luchar contra eso que tanto tiempo se esmeró por lograr, para después encontrar paz en las más humildes acciones.

Entrando en materia, Buda Blues, libro publicado por la editorial Planeta en el 2009, basa su contenido en el correo entre dos amigos de infancia, Vicente y Sebastián, quienes, a lo largo de las páginas, atraviesan momentos decisivos en sus vidas. Vicente, por medio de una carta de medicina legal, se entera de que su tío Rafael, hermano de su padre, un hombre alejado de la familia, solitario, silencioso, devorador de libros y con un gran intelecto, había fallecido en un hostal cerca al mercado de San Victorino, Bogotá. Causa de su muerte, suicidio. Vicente, desbastado, se sumerge en un mundo de preguntas y pocas respuestas, por lo alejado que había estado de ese tío, que, en los años de su infancia, había admirado tanto: por sus conocimientos, reflexiones y largas charlas. Él no sabe por qué su tío terminó en un lugar lleno de habitantes de calle, entre suciedad, drogas, alcohol y necesidades.

Las respuestas serían halladas en un vecino de su tío Rafael, Pedro, quien se había convertido, en los últimos años de vida de Rafael, en unos de sus mayores seguidores. Lo presento como ‘seguidor’ y no como amigo, hermano o roomie de cuarto, porque Rafael había llegado a este mundo, el de los habitantes de calle, por medio de sus ideas, cautivando así la mente de sus receptores.

Rafael les había hablado de La Cosa. Era así como nombraba a ese sistema que nos ha embrutecido por medio de la publicidad mediática, de la educación, los valores, los noticieros sesgados que no presentan la información completa, a fin de mantenernos cohibidos, reprimidos, adormecidos, sin expresión de incomodidad e insatisfacción. Es tanto el poder que han infligido sobre la ciudadanía, que no te compras una hamburguesa por su calidad, sino por su publicidad; cuando pensamos que viajar a Disney World es importante; cuando pensamos que la verdadera felicidad la encontramos en la abundancia económica; cuando creemos que tener el celular de más alta gama nos hace mejores personas. Lo que nos lleva a pensar, actuar, sentir y a soñar como los demás. Gran error. La Cosa, también son guerras, masacres, homicidios. Porque estamos condenados a luchar entre nosotros, a ver el otro como un rival, como un enemigo, aquel que en cualquier momento puede poner en peligro mis intereses. Y es así, a grandes rasgos, lo que Rafael presentó ante sus discípulos como un causante de la miseria en la que vivían. Discípulos, porque se convirtieron en predicadores de las ideas de Rafael y lo veían a él como un mesías; naciendo así La Organización, como método para combatir La Cosa, a cualquier costo. Imponiendo la violencia, como método con el fin de derrocar esa hegemonía impuesta por el sistema, teniendo en cuenta el contexto en que se presenta la historia; años 90 inicios de los 2000, donde los métodos guerreristas primaban. 

A partir de esta definición, se puede reflexionar que no son palabras alejadas de la realidad las que presenta el libro; por el contrario, refleja, detalladamente, algo que nos han enseñado a no mirar, ese mundo, el cual creemos es diferente a nosotros; una vida ajena a la que se vive en las residencias posicionadas económicamente, e incluso, en viviendas de estrato medio que tienen delirios de grandeza. Ese mundo se llama habitantes de calle. Mario Mendoza los planteó a ellos como ejemplo de la exclusión social que puede generar La Cosa, el rechazo por el otro, solo por ser diferente, por tomar caminos distintos y decisiones erradas, condenándolos al olvido y marginándolos de la “sociedad”. Pero es adecuado preguntarse ¿Cuál sociedad? Porque nosotros, los habitantes de a pie, los asalariados, los vendedores ambulantes, los que no logran una pensión, los latinoamericanos, somos también marginados de una “sociedad” creada por La Cosa, como un modelo a seguir. Ese modelo refleja ideas importadas del norte, donde una sociedad es “rica” solo por su infraestructura, poder adquisitivo, armamento, pero no por su cultura, conocimientos ancestrales, riquezas naturales y pensadores. Entonces, si nos ponemos a razonar, la misma sociedad que hemos creado es una marginada en su intento de encajar con la del Norte.

A su vez, la lucha de los habitantes de calle, contra La Cosa, se asemeja a la librada por los líderes sociales en los diferentes territorios de Colombia. La única diferencia es que La Organización lo hacía desde el anonimato y la violencia; primando antes que las ideas. Por el contrario, el poder de los líderes sociales es su presencia en los territorios, como método para hacer valer sus derechos y que prime la vida, sobre cualquier interés individual. Pero sí se asemejan en que tanto militantes de La Organización como algunos líderes sociales, mueren en el anonimato, defendiendo sus tierras, sus derechos, su forma de vivir, contra un sistema que cada día los oprime más.

Y es así como Vicente termina lejos de la ciudad que lo vio crecer, de la ciudad que atrapó sus pensamientos en librerías y lo vio partir, hacia un nuevo comienzo, una nueva historia que contarle a su amigo Sebastián. Expulsado de Bogotá, por unas respuestas impactantes y una realidad desconocida para él. La Organización, de la cual hizo parte un tiempo, generó un desequilibrio que necesitaba, sumándose, la relación amorosa que tuvo con Bárbara. La mujer que le enseñó que el amor duele, es álgido, puede desestabilizarte, alejarte de ti mismo, para conocer quién eres tú mientras sufres. Y Vicente se conoció.

Por otro lado, Sebastián, un hombre nómada, que recorría ciudades y países, huyendo de una culpa que cargaba, se encontró con un hombre que respondió sus preguntas, de manera sabia, para él encontrar paz, entre tanto caos. Y fue así como regresó a su país natal, Colombia, en busca de nacer otra vez. Caminó la Costa, con un burro, creyendo que su destino era apoyar a Saúl; un hombre que recorría caseríos impartiendo conocimiento, por medio de libros en las zonas más recónditas del país. Combatiendo la ignorancia, el analfabetismo, con libros. Pero allí evidenció los tentáculos de La Cosa; muerte, desplazamiento y un final, para su amigo Saúl, que, como tantos líderes sociales, intentan ayudar a la sociedad.

Un libro interesante de leer, con el objetivo de comprender aspectos de nuestra sociedad, a los cuales no le encontramos una respuesta coherente. Por último, me parece adecuado agregar que, a través de los años, se ha evidenciado que la palabra es más contundente que un arma y la lucha la tenemos que dar con argumentos, frente a frente y con ideas claras de nuestra realidad. Respeto las personas que militan desde un fusil, cada quien es libre de hacer lo que se le venga en gana, pero sí tenemos que ser conscientes, por ejemplo, en nuestra sociedad colombiana, que es más de medio siglo, lo que llevamos en guerra y no hemos encontrado una salida de este agujero. El proceso de paz demostró que sí se puede dar una lucha más allá de las armas.

Fin del comunicado. 

 

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Santiago Becerra Tovar
Estudiante de comunicación social y periodismo de la Universidad Surcolombiana. Emprendiendo el camino del periodismo; expresando la sensación de inconformidad para una sociedad arraigada en el conformismo.