¿Qué de malo hicieron?

Opina - Sociedad

2016-06-02

¿Qué de malo hicieron?

En mayo de 2012, Rosa Elvira Cely fue brutalmente violentada física, psicológica y sexualmente por un compañero de estudio con el que departía después de terminadas sus clases en un instituto de educación de la ciudad de Bogotá. Cuando fue trasladada al centro hospitalario, el personal médico no pudo hacer nada debido a las heridas internas y externas propiciadas por el hombre que la acompañó en sus últimas horas de vida.

Por otro lado, en marzo de 2014, Natalia Ponce de León fue atacada con ácido por un hombre que había creado una obsesión por ella. Las heridas propiciadas, le causaron laceraciones importantes en la cara y cuello, razón por la cual tuvo que ser sometida a cirugías reconstructivas, sin contar con que probablemente, debió ser tratada psicológicamente debido a este acto cobarde (no hay otro calificativo) cometido hacia ella.

Dos casos de los innumerables que se presentan día a día en Colombia. Dos casos que muestran lo poco importantes que somos las mujeres para la sociedad en general, en donde somos reducidas y cosificadas. Casos que demuestran que aún algunos hombres colombianos sienten que ellos son los que tienen el poder hacia las féminas, sienten que son superiores a nosotras y que pueden disponer de nuestras vidas a su antojo.

Aclaro, no todos, porque sé que están los del otro lado: esos que tienen una gran sensibilidad y no les da pena demostrarla, así los cataloguen de una manera no muy adecuada; esos que miran a la mujer que tienen a su lado como una compañera, como una aliada y no como un objeto o una amenaza; esos que valoran y respetan a la mujer no por haber nacido de una, sino porque saben que todos somos iguales, y que el género no nos hace más o menos con respecto al otro.

Sin embargo, las diferentes formas de violencia a las que estamos expuestas las mujeres en el país, no es lo único que nos aqueja. La falta de una intervención adecuada por parte de las instituciones que deben garantizar el abordaje de estas dificultades, las pocas leyes que reglamentan la intervención cuando se presenta violencia de género y el desconocimiento de los derechos desde esta perspectiva, hacen que seamos vulnerables sin importar nuestro nivel socioeconómico, nuestro nivel de estudios o nuestro lugar de residencia. La violencia de género se presenta en todas las esferas de la sociedad, lastimosamente.

Por otro lado, causa dolor, indignación, escozor y todos los adjetivos negativos que puedan existir, la falta de conciencia institucional. Por ejemplo, en el caso de Rosa Elvira, la Secretaría de Gobierno de Bogotá respondió a la demanda interpuesta que la “culpa era exclusiva de la víctima”. Palabras más, palabras menos según las abogadas del ente gubernamental, Rosa Elvira se lo buscó por no haberse ido derechito para su casa después de clases. No sé qué indigna más: ese argumento absurdo o que quienes dieron respuesta sean mujeres. Volvemos a lo mismo: la solidaridad de género en Colombia está reducida a cero y al parecer, es una situación que no cambiará.

Imagen cortesía de: informacionalamujer.blogspot.com

Imagen cortesía de: informacionalamujer.blogspot.com

Pero si la respuesta de ese feminicidio indigna, el caso de Natalia Ponce no se queda atrás. En días pasados por ejemplo, Máximo Alberto Duque, exdirector de Medicina Legal, afirmó que el agresor de Ponce, Jonathan Vega sufre de esquizofrenia, razón por la cual se busca que sea declarado inimputable. Causa bastante terror que una persona con los antecedentes de Vega no reciba una pena justa y acorde al daño causado basándose en un examen psiquiátrico y sin tener en cuenta todas las acciones antes del ataque. Porque las cosas hay que llamarlas por su nombre: su actuar fue premeditado desde el momento que decidió comprar el ácido y cuando “maquinó” las ideas para poder lanzárselo a la víctima. Ambas cosas lo hace alguien que si bien puede tener un trastorno mental (no estoy diciendo que no) también representa un riesgo para la sociedad porque si lo hizo una vez, es posible que lo vuelva a hacer al darse cuenta que puede escudarse en su enfermedad, justificando cualquier acto atroz que cometa.

Y aquí aprovecho y hago un llamado a que recordemos algo: no se nos olvide que Javier Velasco, el victimario de Rosa Elvira Cely, en el año 2002 fue diagnosticado con personalidad limítrofe después del asesinato de una mujer. Cuán diferente sería la historia si él, en el momento indicado, hubiera recibido la sanción adecuada. Pero no. Tal parece que está de moda en el país declararse con algún trastorno mental con tal de no hacerse responsable de sus actos. Una posición bastante cómoda y olímpica a decir verdad.

¿Acaso queremos que haya más víctimas, debido al actuar no responsable de quienes tienen en sus manos la justicia? ¿Hasta cuándo tendremos la sensación de que Colombia es una sociedad machista y misógina? En el país hay muchas Rosas y Natalias que cada día viven situaciones que no tendrían por qué vivir. Vuelvo y pregunto: ¿Qué de malo hicieron?

 

 

 

 

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Natalia Arango
Colombo-canadiense (Inmigrante). Leer, escribir y contemplar la naturaleza en sus diversas expresiones son mis pasiones. Tengo un DESS en Administración Social. M. Sc. (Trabajo Social). Montréal, Canadá.