Nuevos amaneceres

Opina - Sociedad

2016-12-16

Nuevos amaneceres

Que nadie se sorprenda: esto, a pesar de todo, sigue siendo Colombia. No somos Cuba ni Venezuela, de nada sirvieron las amenazas ni el miedo. O sí: sirvieron para buscar un culpable y aquí estamos, siendo irremediablemente lo que no deberíamos ser. Y, los monstruos, los chivos expiatorios que sirvieron para fabricar la mentira, ya no están: ya murieron Fidel y Chávez, «¡Murió el castrochavismo!» dirán algunos entusiasmados; «¡Hay fiesta en el infierno!», repite alguien más con jocosa certeza, como quien fuera el anfitrión de la celebración y con la sordidez de quien lanza al aire un insulto premeditado. Ya no existe la amenaza y, sin embargo, esperamos por la próxima.

Porque qué más da: seguimos cayendo en la tentación de dejarnos dominar por quienes se aferran a que seamos lo que no deberíamos ser, y ya hemos sido demasiado tiempo. Y ahí están todos ellos, gritando furibundos, enardecidos, que el Congreso no era legítimo para refrendar el nuevo Acuerdo de Paz porque no representa a todo el país; pero defendiendo como legítimo el resultado de un plebiscito en el que votó el 30 % del censo electoral en el que ganaron con 54.000 votos. Ahí están, endilgándose el derecho a representar a todo el país. Ahí están, como si nada.

Ahí está ese mismo Congreso que decidió que el agua no es un derecho fundamental de los ciudadanos, sino ─más bien─, una concesión a las empresas petroleras y mineras. Decidieron, también, que era justo ganarse 28.000.000 de pesos al mes por su trabajo, mientras que un ciudadano cualquiera 690.000. Ahí están, como si nada.

Ahí están los líderes de las iglesias cristianas reclamando que su dios esté en el Acuerdo de Paz, exigiendo que solo ese dios sea reconocido aunque eso implique, o más bien, desconozca a todos los demás. Ahí están dejándolos por fuera y sacando de paso a los que no tienen dioses ni religiones, a la población LGBTI, a los solteros que quieran adoptar un hijo y, en fin, a todos los que no crean que ese dios, el suyo, es el único dios. Ahí están, como si nada.

Ahí están matando, como siempre: van más de 70 líderes de Derechos Humanos asesinados en 2016 (30 desde el inicio del cese bilateral del fuego); van por lo menos 348 agresiones contra líderes sociales y 150 ataques, entre asesinatos y amenazas, contra integrantes de Marcha Patriótica desde 2012. Ahí están todavía, no se han ido: siguen persiguiendo, amenazando y matando a todos los que se oponen a que sean más poderosos, más ricos, más infames. Ahí están, como si nada.

Henos aquí, aferrados solo a la fe y a la esperanza de que ya todo lo peor haya pasado, de que por fin nos llegará la calma prometida después de una tormenta de dos siglos. Porque ahí están, como si nada, todos ellos, los nostálgicos de la guerra y sus réditos políticos, del estatuto de seguridad, del «hacer invivible la República»; pero ya no pueden detener el curso de una historia que emerge: ahí viene la nueva Colombia, estrenando amaneceres, silbando canciones frescas, sembrando semillas, como cantaron Ana y Jaime: la nueva Colombia viene para decirnos que Colombia es nuestra, muy nuestra.

Ahí están los de siempre, como si nada, sí. Pero la historia no los absolverá.

Andrés Castañeda Muñoz
Escribo, pero no por eso soy escritor.