Los «Victorinos» en el centro

Alejandro Gaviria Uribe, Federico Gutiérrez Zuluaga y Sergio Fajardo Valderrama, todos cercanos al establecimiento, hoy posan como políticos de centro, sin tener en cuenta que ese espacio, cultural y políticamente no existe, en la medida en que ha sido la derecha la que históricamente ha gobernado en Colombia.

Opina - Política

2021-11-11

Los «Victorinos» en el centro

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

La actual campaña electoral arrancó con el engañoso talante de la polarización, vocablo usado para ocultar lo que realmente sucede hoy en Colombia: asistimos a la consolidación y exacerbación de un discurso violento, contradictorio y confrontador por parte de quienes, instalados en la derecha, aún insisten en extender en el tiempo la relación amigo-enemigo que tantos beneficios políticos le ha traído al uribismo desde el 2002. Con esa perversa relación se insiste aún en asustar incautos e ignorantes con el ya manido fantasma del «castrochavismo».

Y aunque arrancó así, el miedo a perder el control mafioso del Estado obligó a las fuerzas de la derecha y a sus candidatos a jugar a presentarse como de centro, tratando de tomar distancia de Uribe y ahora, del insepulto Partido Liberal, manejado por el nefasto César Gaviria Trujillo. De lo que se trata ahora es de agruparse en un mentiroso centro, para, desde allí, tratar de evitar que Petro llegue a la presidencia. En un claro TCP (Todos Contra Petro), la derecha, con una alta dosis de pragmatismo, hará posible la unión de todos los que hoy están jugando en el escenario electoral.

Así entonces, Alejandro Gaviria Uribe, Federico Gutiérrez Zuluaga y Sergio Fajardo Valderrama, todos cercanos al establecimiento, hoy posan como políticos de centro, sin tener en cuenta que ese espacio, cultural y políticamente no existe, en la medida en que ha sido la derecha la que históricamente ha gobernado en Colombia, sin haber permitido un diálogo respetuoso y en condiciones mínimas de seguridad y de sana competencia para y con aquellos que se ubican en la izquierda democrática y en el progresismo.

Fajardo, Gaviria y Gutiérrez, bautizados recientemente como los «Victorinos», son hijos del régimen político y, por lo tanto, cómplices de su consolidación, pero, sobre todo, de la incapacidad de sus agentes, para operar, con criterios universales, el Estado, desde las exigencias constitucionales propias de un Estado social de derecho. En contraste con los «Victorinos» de la serie televisiva, el futuro de estos tres políticos no terminará en tragedia, porque esta ya la viven millones de colombianos por cuenta de aquellos agentes económicos y las circunstancias contextuales, que de tiempo atrás defienden el exgobernador de Antioquia, el exalcalde de Medellín y el exministro de Salud.

Mientras los nuevos «Victorinos» se toman fotos y liman asperezas propias del juego electoral, en la secta-partido, el Centro Democrático, también juegan a una consulta interna, en medio de una enorme y sostenida pérdida de credibilidad y favorabilidad de Álvaro Uribe, el pastor que los guía y disciplina. Y nuevamente, varios de los que buscan la bendición del patrón-pastor, insistieron en recordar lo sucedido con el plebiscito, el mismo que ganaron con mentiras; también, volvieron a proponer el desmonte de la JEP. Claramente, le están hablando a esa parte de las fuerzas militares que Uribe logró cooptar, para usar a sus miembros para torpedear el proceso de implementación del acuerdo de paz, con la ayuda de Iván Duque y una parte de la institucionalidad que aún sigue instrucciones del temido pastor.

Mientras en la secta-partido escogen el candidato presidencial que, a manera de comodín sirva a los intereses de lo que se conoce como el uribismo, el expresidente y sub judice ciudadano, Álvaro Uribe Vélez, espera con ansias a que de los tres «Victorinos» salga el único que podría enfrentar a Petro: Alejandro Gaviria Uribe. Cuando esto último se defina, entonces, tanto el 1087985, como César Gaviria Trujillo, entrarán en acción para asegurarse que el exrector de la Universidad de los Andes sea el presidente para el periodo 2022-2026. Cuentan desde ya, con el apoyo económico del GEA, del Grupo Aval y de otros poderosos agentes económicos regionales.

Desde ya, Alejandro Gaviria deberá prepararse para justificar el recibimiento de los apoyos de estos dos barones electorales y consumados iliberales. Dirá que lo importante es superar la polarización, el mesianismo, y que su gobierno será el de una gran convergencia para salvar al país del castrochavismo. Es decir, Colombia regresará a los tiempos del 2002, así el exministro de Salud de Santos diga que «Colombia sí tiene futuro con sus 4C». De sus cuatro consignas, gaseosas por demás, hay que decir que resultan de la simbiosis de ideas presentadas por Uribe Vélez y Antanas Mockus. La primera, el coraje (¿se hará moler por Colombia?). La segunda, la cohesión (¿social?); la tercera, la confianza (¿inversionista?), y la cuarta, la cultura. Una vez en la Casa de Nari, el centro volverá a desaparecer, para resucitar, en el 2026.

 

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.