Las tensiones de la Paz

Opina - Conflicto

2017-02-05

Las tensiones de la Paz

“En 98% disminuyeron acciones violentas de las Farc”, decía hace unos meses el Cerac. “Farc no han asesinado a civiles ni miembros de la Fuerza Pública en cinco meses”, dice el mismo centro de análisis. “La paz en Colombia fue la mejor noticia en 2016”, titulaban algunos medios antes de culminar el año. “La paz de Colombia es un ejemplo para el mundo”, señaló hace poco el presidente Hollande.

Entusiasmo, esperanza, un mejor porvenir. Pero la paz prometida a viento y marea sigue en entredicho. Un sector significativo de las Farc se desmovilizará, sí; las muertes productos del conflicto cesarán, sí; los atentados a la infraestructura, los secuestros, el reclutamiento de menores, las minas antipersonas y demás barbaridades que hacían parte del modus operandi de la lid culminarán, sí.

No obstante, con todo y lo positivo, no se puede dejar de lado las nubes que podrían oscurecer lo que parecía otoño.

Se había advertido que el posconflicto no significaba únicamente el silenciamiento de los fusiles; también la erradicación de las causas históricas que suscitaron el levantamiento en armas, ¿Santos lo haría? Se había puesto en duda.

Es muy temprano para decir que los acuerdos no se cumplirán. Pero apenas pasado unos meses de la firma del mismo, ya hay hechos que suscitan interrogantes sobre la consolidación de lo que desde el gobierno llaman una “Paz estable y duradera”.

El enquistamiento de bandas criminales en zonas donde operaban las Farc, el incremento de los cultivos ilícitos, el asesinato sistemático a líderes sociales (cada tres días se esfuma la vida de uno de estos, dice Ariel Ávila) son hechos que preocupan. (En paréntesis hay que decir que es increíble que la gran prensa registre el alegato de Londoño y Ordóñez por la reducción de sus blindados esquemas de seguridad, y en cambio no formulen interrogantes por la falta de disposición de la Unidad Nacional de Protección para con los líderes en zonas rojas).

El Estado sigue primando por su ausencia. La institucionalidad, que debía haberse instalado una vez los guerrilleros dejaron los territorios que antes dominaban, no ha llegado. Las consecuencias podrán ser menos llamativas, porque no se hablará de asesinatos a los héroes de la patria, voladura de puentes, privación de la libertad, y eso, reitero, es sumamente positivo; pero mientras no se cumpla la tarea completa, mientras no se materialice otro de los tantos acuerdos que hay en el país de leyes, los ilegales seguirán operando e imponiendo su (des)gobierno.

Imagen cortesía de: Noticias RCN

Algún sospechoso podría pensar que las Farc no van a permitir el incumplimiento de lo pactado. ¡Timochenko, Márquez, Catatumbo, Alape, estallan en las redes ante los incumplimientos del gobierno!, dicen algunos medios. No sé como van las cosas, hoy la concentración de los farianos está en su apertura en la arena política y, si pensamos macabramente (o sea, políticamente), a su discurso le convendría que no se lleve a cabo lo conseguido en La Habana, pues así tendrán argumentos para alegar la traición del establecimiento y su infinita inoperancia.

Y del Nobel de Paz no se podía (ni se puede) esperar mucho.  Era conocido que lo que construía en La Habana, lo desbarataba en Colombia, basta con ver su modelo de desarrollo, basado en el auge de los precios de commodities que se explotaban a expensas del medio ambiente, que entusiasmaron, sirvieron para repartir mermelada, y luego generaron un déficit fiscal que ocasionó la reforma tributaria; hoy padecida por todos.

Y ni hablar de la incapacidad de llevar a cabo una evolución agraria, todo lo contrario: empeñado en impulsar las Zidres; y de los casos de corrupción, como Reficar, que se sucedieron en su gobierno; y lo pusilánime que ha sido con un partido que rifa avales a personajes funestos y hace campaña presidencial desde el gobierno: Cambio Radical.

Y sin embargo, hay que tener en cuenta que dada la ineptitud histórica de los dirigentes colombianos, a Santos hay que agradecerle: fue el presidente que logró finiquitar la guerra.

El mismo, vea la ironía, que contribuyó en el nombramiento de un Fiscal que pone en duda lo pactado por su equipo negociador y de un candidato que, amén de hacer campaña con los dineros del erario (¡¿por qué no lo denuncian los medios?!), ha manifestado sus reservas frente al proceso.

Este tipo de incongruencias arruinan la fiesta. No nos podemos tapar los ojos y llenar de vítores al presidente, cuando situaciones como las mencionadas se ponen más tensas.

 

Jaír Villano
Escritor. Magíster en Literatura (Universidad Javeriana, Bogotá). Su más reciente libro es “Un ejercicio del fracaso (ensayos)”.