Las sombras de Fujimori en Uribe

De todas las similitudes entre estos dos dictadores del régimen neoliberal, la estrategia mediática es en la que más se parece. Tal como Fujimori, Uribe quiere capturar toda la influencia de los medios de comunicación. Echándose al bolsillo primero a los más ricos del país quienes paradójicamente son los mismos dueños de los medios de comunicación, como es el caso de la revista Semana, RCN y Caracol.

Infórmate - Conflicto

2021-04-16

Las sombras de Fujimori en Uribe

Columnista:

Julián Escobar Ávila 

 

Ya sin ninguna polémica se puede decir lo siguiente; el gobierno de Uribe, el de la seguridad democrática, será recordado como el más sanguinario de la historia de América del sur. Comparado con un gobierno tan letal como el de Pinochet en Chile, tan violento como el de Videla en Argentina y tan populista en materia política como el Gobierno de Fujimori en Perú. Sin embargo, esta comparación suscita algo importante y es que hay una variable particular en esos tres dictadores que los hace tener algo en común. Por ejemplo, sus gobiernos fueron apoyados por los Estados Unidos a través de la imposición del régimen neoliberal que no ha hecho más que llenar los bolsillos de los inversores extranjeros, a partir de la deuda latinoamericana. Del sudor y la fuerza del trabajo latino.

Pero de todos esos tres personajes, Uribe se asemeja más a Fujimori. Comparten de todo, hasta la misma concepción de hacer política.

Fujimori, por ejemplo, al igual que Uribe establecieron un modelo neoliberal impuesto por el Poder Ejecutivo. El modelo del dictador peruano se llamó el Fujichock; una política de reajuste fiscal en el que se privatizaron la seguridad y la salud beneficiando a los más ricos y empobreciendo aún más a la clase trabajadora del Perú. Uribe vendió su política de reajustes como un plan de austeridad; a través de la Ley 100 y la Ley 797, privatizaron la salud y las pensiones de todos los colombianos y ya sabemos cuáles fueron sus consecuencias.

También sus políticas de la guerra son similares. El Gobierno de Fujimori fue uno de los más violentos de la época reciente del Perú. A partir de su lucha librada en contra del movimiento guerrillero Sendero Luminoso, este dictador tomó el poder de las Fuerzas Armadas y tras una cacería de brujas desaparecieron a más de 20 mil personas. Posteriormente, el 5 de abril de 1992, el exmandatario decide cerrar el Congreso, a través de un golpe de Estado, y a partir del Decreto 741 funda los comités de autodefensa quienes le acusan de haber producido masacres y desapariciones forzadas.

En Colombia, Uribe copió la misma estrategia de formación de grupos paramilitares sin ser presidente. Cuando fue gobernador de Antioquia apoyó las convivir, fundadas por César Gaviria, dándoles un pequeño giro, pues su idea se basaba en armar a la población civil, pagada por acreedores privados; la mayoría de ellos terratenientes dueños de mineras ilegales y otros negocios mal hechos. Luego, como presidente defiende su política de seguridad democrática que ha dejado a más de 6 mil personas asesinadas y desaparecidas, conocidas como falso positivos.

Pero increíblemente de todas las similitudes entre estos dos dictadores del régimen neoliberal, la estrategia mediática es en la que más se parece. Tal como Fujimori, Uribe quiere capturar toda la influencia de los medios de comunicación. Echándose al bolsillo primero a los más ricos del país quienes paradójicamente son los mismos dueños de los medios de comunicación, como es el caso de la revista Semana, RCN y Caracol.

En el Gobierno de Fujimori casi todos los medios de comunicación ocultaron mediáticamente las 314 mil esterilizaciones de mujeres indígenas, supuestamente, porque eran las más pobres y las que traían más hijos al mundo. Lo mismo intenta hacer Uribe con el nefasto escándalo de los falsos positivos. Quiere, por un lado, ocultar los actores intelectuales, entre esos su exvicepresidente Juan Manuel Santos, y por otro lado, quiere justificar el crimen señalando que esas personas asesinadas realmente tenían vínculos con grupos al margen de la ley. Al punto que se atrevió a inferir que ellos no estaban recogiendo café, sino que estaban cometiendo actos delictivos.

Ahora, tal como Fujimori lo hizo sabiendo que algún día la justicia divina vendría a cobrarle cuentas, Uribe lanza a la política a Tomas Uribe, su primogénito.

La misma jugada que hizo Alberto Fujimori con su hija Keiko Fujimori, quien se lanzó a la política para salvar a su papá, que ahora está condenado por corrupción y crímenes de guerra.

En el 2008, Keiko Fujimori fundó su propio partido político (Fuerza Popular) para lanzarse a la presidencia en las elecciones de 2011, donde, gracias a Dios fue derrotada por Ollanta Umala.

Lo mismo quiere hacer Uribe con su hijo Tomás, quiere ponerlo en la presidencia con todas las garantías clientelistas para que este llegue al poder y termine de destruir el Estado orgánico del país y poder salvar a su padre. Tal como en las lógicas del mundo de la Edad Media, Uribe quiere imponerse como una figura patronal y perpetuarse a través de su hijo en un gobierno hereditario, como si de una monarquía se tratara.

Por eso no es raro que Tomás Uribe ya esté posesionado en las redes sociales como tendencia. Y que se reúna con Iván Duque a discutir temas como la transición de poderes; cuando todos en realidad sabemos que le está llevando las órdenes de su padre postrado en el Ubérrimo.

Tanto Keiko Fujimori como Tomás Uribe son figuras que comienzan a repetirse en la sangrienta historia política de nuestra América Latina. Pero se repiten en la medida en la que se prolonga el régimen de sus padres. De hecho, copian el mismo modelo de sus padres; dos ancianos que al igual que Franco en España, solo se les podrá condenar cuando estos ya pasen a un anaquel de los anales de la historia de las dictaduras neoliberales en Latinoamérica. 

Lo tenebroso de todo esto es que la mayoría de los medios de comunicación masivos nos vendieron la figura de Uribe como alguien singular y a quien le debemos todo; pero comparado con Fujimori, este dictador peruano no le llega ni a los talones en materia de represión y ambición al poder que tiene Álvaro Uribe Vélez.

 

Fuentes:

https://observatorioterrorismo.com/actividades/las-heridas-aun-abiertas-por-el-conflicto-armado-interno-en-peru-la-incesante-vulneracion-del-derecho-a-la-justicia-de-las-victimas/

https://elpais.com/internacional/2009/04/07/actualidad/1239055212_850215.html

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151108_esterilizaciones_forzadas_historias_interes_nacional_peru_bm

 

( 2 ) Comentarios

  1. Buena columna, pero hay un imprecisión en esta parte: «entre esos su exvicepresidente Juan Manuel Santos».

    A no ser que sea un comentario sarcástico, Santos fue su ministro de Defensa. Con una responsabilidad más directa en las ejecuciones extrajudiciales que el vice Pacho Santos, una figura decorativa.

    Saludos.

  2. También son crímenes de Estado, el hacer crecer sus tierras con terrenos baldíos de la nación. Recibir más de $4.500Mill de Agro Ingreso Seguro. Que sus hijos compren un terreno en Funza y que después el terreno resulte favorecido con cambio de POT para ganarse el 4500% de la inversión. Que sus hijos pasen de vender manillas a grandes empresarios en tan solo 8 años. Que además sea el responsable de muchos crímenes que pagan sus lacayos (Sabas Pretelt, Ma.del Pilar Hurtado, Bernardo Moreno, Jorge Noguera, J.Miguel Narváez, etc.,etc.).

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Julián Escobar Ávila
Analista socioespacial, historiador y pedagogo. Docente universitario y actual pasante de investigación en la Universidad Autónoma de Barcelona-España.