La vida (tortuosa) después de la muerte

Morirse en Colombia, aunque podría ser un privilegio en un país como este, más bien parece ser el preámbulo para que los que siguen viviendo empiecen a padecer un calvario.

- Política

2022-10-24

La vida (tortuosa) después de la muerte

Columnista:

Mauricio Galindo Santofimio

 

Mi papá y mi mamá cumplieron 60 años de casados el pasado 29 de junio. Un matrimonio como los de antes, en el que solo la muerte era capaz de separarlos. Y así fue. A los 9 días el viejo nos dejó, y se fue, menos mal, sin saber todo lo que su muerte iba a causar.

Los viejos trabajaron durante más de 30 años y lograron pensionarse. Todo lo que soy se los debo a ellos. Con su trabajo me dieron una buena vida, sin lujos, pero sin necesidades protuberantes. Mi estudio, mi universidad, todo, hasta cuando fui profesional y empecé a trabajar, y, por supuesto, a darle a mi hija lo que ellos me habían dado. Hoy, ella ya es profesional también, desde hace varios años, por fortuna, y ese ejemplo que nos dieron mis padres, creo que ha servido también para mis nietos.

Pero el tema es otro. El asunto es que este Estado no es amigable ni amable ni solidario con la gente. Aquí reinan la tramitología, los requisitos inútiles y el complicarle la vida a como dé lugar.

Mi papá, como hombre organizado y precavido que era, había dejado, desde hacía mucho tiempo, todo listo, y con documentos firmados, para que sus pensiones —porque ambos lograron como docentes conseguir dos—, después de fallecido, pasaran a mi mamá, como es el derecho. Eso no sirvió para nada, su firma, después de muerto, les valió cinco pesos.

Empezaron entonces los trámites para que eso sucediera. Papeles aquí, papeles allá, certificados de defunción, declaraciones juramentadas, registros civiles, partidas de matrimonio, las consabidas fotocopias de las cédulas ampliadas al 150 %, fotografías para comprobar que vivieron juntos toda su vida, que compartieron techo, lecho y mesa hasta que la muerte se llevó al viejo, declaraciones de testigos para confirmar que efectivamente fue así, en fin, todo un papelerío que mi mamá, por supuesto, no hubiera podido hacer sola.

Entonces es cuando uno se pregunta qué hacen las personas adultas mayores que se encuentran en la misma situación, pero que son solas, que no tienen hijos, nietos, sobrinos o al menos un perro que los lama. Quizás perder todo y resignarse a que el Estado, bueno para cobrar y para tratar mal a su gente, les dé la espalda y los abandone luego de que dedicaron toda su vida a servirle. Esta es Colombia.

Han pasado casi tres meses desde que se inició todo el trámite en las respectivas instituciones encargadas de pagar, desde ahora, lo que le corresponde a mi mamá, de hacer efectivas las sustituciones pensionales para ella, pero es la hora que no se ha solucionado nada, porque dichas instituciones lo que han hecho es responder que falta un papel, que falta otro, y así sucesivamente. Ya parece, ahora sí, que no falta nada, solo 4 meses más, según dicen, para que todo el proceso culmine.

Esperar es lo que queda, si no se les ocurre, de nuevo, pedir algún papel más. Mientras tanto, parece que lo que quieren esas instituciones es que mi mamá se joda, que estire la plata que le llega a ella de sus pensiones y que mire a ver cómo hace para sobrevivir sin mi papá. ¿O será que quieren quedarse con la plata de mi papá que por derecho le corresponde a mi mamá? Vaya uno a saber, estamos en el país del todo vale…

¿O será que un trámite, que se supone debe ser simple y fácil para un adulto mayor requiere de un abogado para que se pueda llevar a cabo? Vaya uno a saber, estamos en el país de las leyes inocuas e inicuas.

Gracias a Dios mi mamá tiene hijos, nietos y bisnietos. Sola no está y de hambre no se va a morir. Tampoco le faltará nada, pero no es justo que la pongan, a ella y a quién sabe cuántas personas más, a hacer vueltas engorrosas para obtener un derecho que tiene ganado por servirle a ese Estado que hoy la maltrata.

Morirse en Colombia, aunque podría ser un privilegio en un país como este, más bien parece ser el preámbulo para que los que siguen viviendo empiecen a padecer un calvario. Aquí, en este país de vueltas, no se le tiene consideración a nadie, ni a los desvalidos ni a los pobres ni a los niños, ni mucho menos a los adultos mayores. Todos ellos parece que son un estorbo, solo sirven para ordeñarlos, para sacarles plata con impuestos y cobros por todo, y para hacerlos desgraciados hasta que se mueran.

Pero esto que hoy cuento no es nada. Como se sabe, este país miserable cierra cualquier oportunidad a quien quiere progresar. Miren nada más a todos esos que se la rebuscan en las calles y en los buses. Aquí el que triunfa es el hampón, el que roba, mata e intimida. No es más sino poner un simple ejemplo: ¿no han visto en las redes sociales quién es el que triunfa? Sí, ese mismo que matonea, ese que dice mentiras, ese que vive calumniando e injuriando detrás de un teclado sin que nada le pase.

Bueno, ha llegado un gobierno que dice que es el del cambio. ¿Cambio?, sí, eso dice, pero yo creo que, si estas cosas que hoy comento, no se transforman, si no se les hace más simple la vida a los ciudadanos, no habrá tal cambio, o solo será para los mismos de siempre, que seguirán viviendo mejor, mientras otros se seguirán hundiendo en el desdén, en la indiferencia y en la indolencia de un Estado maltratador y gamín.

De esos cambios que dicen que se van a producir en Colombia hablaremos luego, si es que puedo seguir escribiendo, porque hasta tuve que dejar de hacerlo por cuenta de las vueltas que la Colombia indolente puso a hacer a mi mamá.

Ya veremos, en los primeros 100 días de este gobierno, si en realidad es humano o sigue siendo inhumano con la gente, como los otros, como los que se fueron y no hicieron nada para acabar con tanto trámite enloquecedor e irrespetuoso con las personas que, incluso, siguen votando para que luego les den una patada en el trasero.

Ya veremos si las cosas simples, las del día a día de la ciudadanía, como la inseguridad, la pobreza, el hambre, o estos trámites que hacen la vida imposible, son importantes para el gobierno del cambio, o si solo le interesa la macroeconomía, la «macrosalud», lo «macrolaboral», lo «macropensional» o lo «macroagrario», y olvida lo micro, que es con lo que vive la mayoría de los colombianos.

No estaría mal que un gobierno del cambio creara una institución que se llame algo así como una OEDET, cosa que me acabo de inventar y que significa ‘Oficina Encargada de Eliminar Trámites’, o algún estamento que vigile que a la gente no se la dediquen y no se la monten, como dicen los jóvenes.

Antes de finalizar esta columna, solo me resta decir que uno entiende que hay requisitos que deben cumplirse para poder obtener las cosas, pero que un requisito es muy diferente a pedir algunos absurdos que lo que hacen es hacerle coger rabia a este país, cuando debería ser lo contrario.

Ojalá que a los encargados de las sustituciones pensionales y de otros trámites cotidianos no les toque algún día pasar por varios lados y hacer un mundo de vueltas a ver si logran adquirir lo que les corresponde. Bueno, claro que a ellos no les tocará, iluso que soy, ellos darán una orden y listo. Ah, y que no sientan ningún dolor por la muerte de algún familiar.

 

Adenda. Espero los 100 primeros días del gobierno Petro para hacer un balance que tenga los suficientes elementos de juicio para realizarlo. Por ahora, solo diré que ha habido importantes anuncios, importantes avances, así como una sucesión de errores que dan pena. Buenos ministros, otros que debieron hacer un curso antes de posesionarse. Buenos nombramientos en las diferentes entidades oficiales y en los departamentos administrativos; otros que dejan qué desear. Falla la comunicación, falla el presidente con su impuntualidad, pero aún hay esperanza, hasta ahora comienza todo: o el acabose o un nuevo país. Ya veremos.

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Mauricio Galindo Santofimio
Comun. Social-Periodista. Asesor editorial y columnista revista #MásQVer. Docente universitario. Columnista de LaOrejaRoja.