La incomodidad del sujeto pensante

Todo tiene su explicación, anímese a encontrarla, a entenderla, conocerla desde lo más profundo y a apropiarse de ella. Así, seguramente en elecciones o simplemente en situaciones donde se vea atropellado por el Estado, por otro abusivo o enajenado, etc., usted no volverá a quedarse paralizado

Opina - Sociedad

2019-10-10

La incomodidad del sujeto pensante

Autora: Jenny Paola Osorio Echeverri

 

La acción de pensar es propiamente humana, sin embargo, muchos y muchas prefieren hacerlo desde el automatismo y no desde lo trascendente a lo superfluo. Es curioso que, siendo la única especie que pueda razonar y que se escabulla a hacerlo, prefiera el entretenimiento, el escándalo mediático, la repetición de los mismos sucesos en distintos escenarios, por encima de pensar estructuralmente lo que estamos viviendo día a día en las problemáticas propias, tanto sociales como personales, en los sentimientos que nos genera el mundo y las relaciones sociales.

El sujeto pensante activo y no autómata, sino reflexivo y crítico, en una sociedad y en una generalidad de este tipo, por supuesto que crea incomodidad en sí mismo y en los otros, porque el sujeto pensante abre sus ojos para nunca más cerrarlos, para seguir develando el entramado de “cosas” que subyacen en la vida, en lo humano, en lo social, en lo político, en lo religioso, etc.

El o la pensante nunca más vuelve a ser el mismo cuando abre sus ojos, porque comprende que el mundo no es como nos lo han contado; que la historia es escrita por los vencedores; que la realidad no es realidad, sino que son realidades; que la enfermedad no radica en los individuos sino en un sistema podrido que pretende patologizar todo a su alrededor. Ante eso, ¿cómo no sentir incomodidad?

El sujeto pensante siente una incomodidad incontrolable, que intenta comprender mediante el conocimiento profundo de los discursos, pero asimismo, intenta trascender a otros seres mediante el propio discurso, que pasa por un proceso de deconstrucción y reconstrucción.

En esta medida, el sujeto pensante intenta llegar a los otros para compartir sus descubrimientos, para ayudarles a entender lo hallado y lo que pasa alrededor. Sin embargo, este sujeto pensante se va a encontrar con sujetos enajenados, actuantes y pensantes autómatas porque así alguien lo dijo, porque así alguien se los enseñó y se los impuso.

Este mundo pasa inmiscuido en problemáticas aparentemente sin solución, pero ¿eso es lo cierto?, o ¿es lo que han querido que pensemos? Como sociedad, como país, como sujetos, como individuos, ¿qué es lo que estamos haciendo, que repetimos la misma historia y que no nos atrevemos a cambiarla? Aquellos que ejercen el poder no nos quieren pensantes, nos quieren callados y temerosos.

Qué mejor reciente ejemplo que la represión ejercida a los estudiantes de las universidades de Bogotá. Porque la mejor manera de suprimir al que no comparte la misma ideología y al que lucha por lo justo, para un gobierno violento, es cualquier tipo de acto que dañe, que sobre pase con la supuesta libertad que nos promete el mismo neoliberalismo con gobiernos como el de Santos y Duque, que, a la misma vez, nos atropellan como y cuando se le da la gana.

Usted amigo lector, no crea todo lo que le dicen en la calle, en las redes sociales, en los medios, en su casa, en el trabajo, en la escuela, universidad y cualquier otro entorno que frecuente. Mejor cuestione y reflexione todo, TODO.

Las problemáticas sociales, económicas, políticas y ambientales que hoy vivimos no existen por obra y gracia, no surgen, ni se mantienen en el tiempo porque sí. La desigualdad, la discriminación, la pobreza y el desplazamiento (solo por poner unos ejemplos) no existen porque así ha de ser.

Todo tiene su explicación, anímese a encontrarla, a entenderla, conocerla desde lo más profundo y a apropiarse de ella. Así, seguramente en elecciones o simplemente en situaciones donde se vea atropellado por el Estado, por otro abusivo o enajenado, etc., usted no volverá a quedarse paralizado, ni a condenarse, ni a condenarnos a repetir la historia.

La frase que dice “el conocimiento es poder” se ha convertido en palabras sin efecto, porque son repetidas, sin ser profundamente pensadas y reflexionadas.

Cuando una sociedad compuesta por sujetos oprimidos, como la nuestra, entienda el significado político de estas palabras, rechazará la sumisión en la que está inmersa y entenderá el valor del pensar reflexivamente.

¿Cuándo será que despertamos, cuando será que apostamos y le damos el lugar que se merece al sujeto pensante? Si este tuviera el valor suficiente en la sociedad, seguramente, todos quisiéramos serlo, pero como no, hay que seguir asumiendo las consecuencias de dicha infravaloración, perdiendo las oportunidades de cambio y transformación que pueden surgir de estas y nuestras mentes.

 

 

 

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Jenny Paola Osorio Echeverri
Psicóloga, Especialista y Estudiante de Maestría en Educación. Con un sentido compromiso social, político y crítico.