¿La democracia más estable de América Latina?

Está tan afianzado el elitismo en Colombia que hasta en las clases más populares lo han romantizado, siendo este otro factor que no ha permitido la movilización ciudadana sólida.

Opina - Política

2019-10-16

¿La democracia más estable de América Latina?

Autor: Farid Mauricio López Rodríguez

 

Los movimientos sociales intrínsecamente sufren dificultades que conciernen a las diferencias ideológicas y encrucijadas relacionadas con el factor tiempo, las cuales hacen que se debiliten y pierdan la energía con la que iniciaron en propugna de su objetivo. Estos problemas, conjugados con la apatía, han sido el motivo por el cual la sociedad colombiana no ha aglomerado su diversidad de pensamientos en el esfuerzo por afirmar un objetivo como colectivo nacional.

Y es que ante la coyuntura vivida en los últimos días en Ecuador, donde el vínculo nacional y la congregación de una multiplicidad de intereses fueron evidentemente en procura de un objetivo común, surge un cuestionamiento acerca de la calidad de la democracia colombiana, pues la desarticulación del patriotismo, de la unidad y el sentimiento nacional, son un detonante que no nos ha permitido gestar ni siquiera una renovación en el Gobierno Nacional.

Ante esto, es lamentable afirmar que nos estamos convirtiendo en el hazme reír de la región. Pues es evidente que el único factor que permite afirmar la unidad nacional es el juego de la selección colombiana de fútbol.

Así pues, mientras vemos la aglomeración popular que se instaura en los demás países para luchar contra el autoritarismo gubernamental, los colombianos seguimos reafirmando cada vez más que la apatía ya es como una cultura y un rasgo que nos identifica como nación, que no nos permite avanzar en contra de la desigualdad y en resistencia a las injusticias.

Nos jactamos de ser la democracia más estable de la región, pero, para hacer cumplir los derechos fundamentales como nación, vale más la polarización política e ideológica que cualquier otra cosa.

Si bien es cierto que han habido movilizaciones estudiantiles, sindicales, agropecuarias e indígenas, también es evidente que estas movilizaciones no han sido lo suficientemente sólidas como para hacer cumplir o ejecutar veeduría a diferentes acuerdos establecidos con el Gobierno Nacional; porque también es deshonroso percibir que no solo somos el hazme reír de la región, sino que nuestro Gobierno también se burla del pueblo después de firmar un acuerdo que, posteriormente bajo la mesa, va a desmontar.

En Colombia, se ha normalizado el fuerte elitismo en el Gobierno Nacional, rasgo que ha sido característico en los más de 200 años de vida republicana. Este elitismo, ya consolidado, ha ido en detrimento de la solidificación del pluralismo cívico. Para colmo, está tan afianzado el elitismo que hasta en las clases más populares se ha romantizado esta singularidad colombiana, siendo este otro factor que no ha permitido la movilización ciudadana.

Es lamentable observar cómo las clases más bajas de nuestra sociedad defienden las consignas de las élites políticas que por décadas las han gobernado de una forma casi arbitraria y de un modo que procura salvaguardar el patrimonio de los mismos con las mismas.

Entonces es de rescatar que la estrategia de las élites ha servido para reforzar el desinterés hacia la movilización ciudadana y para generar una ruptura social en la que las propias clases populares sienten odio entre ellas mismas.

El llamado de atención debe ser para la consolidación de movimientos ciudadanos que, efectivamente, logren demostrar que vivimos en la democracia más estable de América Latina. Pues una democracia no sólo se hace evidente a la hora del llamado a elecciones; una democracia debe ir más allá de esa ocasión, debe instaurar un modelo que acepte a las minorías a partir de la confrontación de ideas y el debate.

La democracia más estable de América Latina debe propugnar la consigna de la movilización ciudadana, en la que el inconformismo ciudadano logre armonizar un interés en común.

Que verdaderamente nos sirvan los ejemplos regionales para luchar contra un gobierno que, ante la indiferencia y la desidia ciudadana, se hace despótico e incongruente con el fin esencial del Estado: la regulación de los conflictos sociales.

 

 

 

( 1 ) Comentario

  1. Proviniendo de una familia medianamente acomodada sin muchos abolengos pero con ideas muy arraigadas en ciertos valores y en la diferencia de clases y cuando en tu infancia escuchabas la premisa “en el cielo también hay jerarquías” es decir en una familia promedio colombiana y cuando el matrimonio bipartidista era casi un delito tan censurable como el interracial según los abuelos, muy godos los maternos y liberales los paternos y donde los saludos entre ellos eran netamente protocolarios.
    O como ellos aducian, diplomáticos. Además hija del “hijo calavera” que rompió todos estos esquemas sociales de principios y mediados del siglo pasado en los que muchos miembros de la familia decidieron permanecer, es más fácil entender la composición social Colombiana.
    Y si no se aceptan esos preceptos familiares y se piensa que todos somos iguales, que se es contestatario en otras palabras la”oveja negra” “la revolucionaria” desde niña, la que no se puede invitar a sus reuniones porque hace “quedar mal la famila” con sus opiniones de igualdad es el reflejo claro de nuestra democracia por eso lo endeble de su unión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Farid Mauricio López Rodríguez
Estudiante de ciencia política, tecnólogo en administración pública.