¿Es pólvora o es bala?

Una tradición que esconde una raíz mafiosa y marcada por la violencia.

Opina - Sociedad

2019-12-20

¿Es pólvora o es bala?

Columnista: Valentina Monsalve Ortiz

 

En diciembre, en la ciudad de Medellín, es común escuchar entre los vecinos: “¿oíste eso?, ¿es pólvora o es bala?”. Ese estallido que se escucha a lo lejos aumenta su intensidad a medida que avanza la noche en la ciudad; anuncia así la llegada de la temporada decembrina, una tradición llamada “alborada”, que acompaña todo el período de diciembre, mes que es “un buen pretexto para quemar pólvora”, según la cultura que se ha creado.

 

Una herencia del paramilitarismo

Lo cierto es que este acto de entretenimiento tiene un cruce de caminos muy marcado con el paramilitarismo que padeció Medellín en sus últimos tiempos. Sin embargo, es algo que las nuevas generaciones desconocen, y se nota la ignorancia del origen de esta ruin herencia de los narcos porque, de conocerlo, habría un dolor por Medellín al participar de esta tradición. Si usted aún no conoce la historia, venga yo le cuento, para que no se condene a repetirla, y le comparto mi dolor por la Medellín nublada de violencia que nos dejaron los “duros” de la época.

Para explicarle el génesis de esta tradición tenemos que remontarnos al año 2003, donde Diego Murillo Bejarano, alias “Don Berna”, un narcotraficante que tuvo vínculos con Pablo Escobar y que también fue un guerrillero desmovilizado; como motivo de festejo ordenó comprar la mayor cantidad de pólvora, para quemarla la noche del 30 de noviembre.

Pero lo que pocos sabían es que Don Berna en realidad nunca tuvo la intención de desmovilizarse; al contrario, él festejaba el poder territorial que tenía sobre las comunas 13 (San Javier), 8 (Villa Hermosa) y 16 (Belén).

 

Pero no siempre fue así

Antes de esa noche de noviembre del año 2003 no se conocía la “alborada” como hoy la conocemos. Lo que se hacía tradicionalmente era reunirse con la familia, hacer natilla, buñuelos y, al llegar la media noche, comenzaban a tocar entre los vecinos, sus ollas y cacerolas, anunciando la llegada de diciembre; donde el explosivo estrella no era el protagonista de este evento.

En esa primera noche en que se escuchó tanta pólvora junta, a los habitantes de las comunas los invadió el miedo: “¿será bala?, ¿será pólvora?, ¿qué es eso tan abrumador?

Y es que no era raro una balacera en una época donde Medellín estaba levantándose de una serie de situaciones difíciles, como lo fue el poder territorial de Pablo Escobar, las milicias guerrilleras, la operación orión y los paramilitares. Después de un rato los habitantes al fin entendieron que se trataba de pólvora.

El señor Andrés Álvarez, recuerda la alborada del 2003 en el barrio Santa Cruz, “en el año 2003 no se sintió tanto el estruendo en el barrio debido a que está ubicado en la comuna nororiental, mientras que en las comunas orientales de Medellín sí se sintió el estruendo de la pólvora”.

Así fue como Don Berna nos presentó la hoy nombrada “alborada”, dejando un legado oscuro que el mismo pueblo Antioqueño alimenta año tras año; donde seguimos con la misma pregunta: ¿es pólvora o es bala?, una frase que tiene un sabor amargo.

 

Víctimas de no conocer la historia

El desconocimiento de la historia hizo fácil recibir esta tradición, la cual da la bienvenida a diciembre con la quema de pólvora. Pero dígame, después de conocer el origen de esta falsa alborada, ¿qué le parece si en lugar de estallar la navidad, la vivimos y disfrutamos de lo que realmente es valioso?: el compartir en familia, disfrutar de la comida típica de esta época del año,

Suprimiendo esta práctica damos tranquilidad a los animales que tanto sufren con la pólvora, y dejamos de contar personas quemadas en esta época que solo debería ser de alegría.

Hay que deshacernos de la herencia que nos dejó Don Berna, una fiesta con un trasfondo triste que nos ancla como ciudad a un pasado que hemos luchado para dejar atrás.

 

Ciudad de esperanza

Las autoridades de Medellín y Antioquia realizan esfuerzos por crear cultura sobre el no uso de la pólvora, buscando hacer entender a la comunidad que este tipo de explosivos son un espectáculo que solo debe ser manejado por expertos.

Aunque no se ha logrado acabar con esta práctica de origen mafioso, se puede observar que año tras año la ciudad toma más conciencia de lo mucho que perjudica esta práctica, no solo a nuestra memoria y amor por nuestra ciudad, sino a nuestros niños y a nuestros animales.

Por lo tanto, es un buen comienzo que da esperanza a nuestra ciudad, una Medellín que corrige los pasos en falso del pasado. Por eso quiero permitirme soñar que mis hijos no tendrán que escuchar y aprender la frase amarga, pero tristemente popular: “¿es pólvora, o es bala?”.

 

 

Foto cortesía de: El Tiempo

 

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Valentina Monsalve Ortiz
Estudiante de Comunicación Audiovisual del politécnico Jaime Isaza Cadvid.