El peligroso juego de hincarse al uribismo

El Tiempo y Semana son hoy, y por cuenta del caso Uribe, las dos más grandes plataformas propagandísticas del país con las que el “uribismo” busca limpiar o lavar la imagen ya raída e impúdica del senador antioqueño.

Opina - Medios

2020-08-17

El peligroso juego de hincarse al uribismo

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

Como instrumento y expresión de Poder, el periodismo y con este, las empresas mediáticas, suelen actuar en el ámbito de la política y de lo público, lo que los convierte en agentes políticos de indudable influencia. Dentro de las funciones del periodismo, como oficio, y de los periodistas como operadores informativos, están la de servir como ruedas de transmisión con miras, entre otros propósitos, el de mantener, forzadamente, la legitimidad del Régimen de poder para el cual se deben.

En virtud de la decisión adoptada por los magistrados de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia consistente en ordenar la detención domiciliaria al senador y expresidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, medios y periodistas en Colombia no solo están cumpliendo con el rol de agentes u actores políticos, sino que están yendo más allá: servir a los propósitos desinstitucionalizantes del expresidente Uribe, quien pretende deslegitimar a la Corte Suprema de Justicia, politizar su caso y victimizarse ante una opinión pública que a pesar de haber despertado del Embrujo Autoritario, aún entre esta, hay sectores que no solo creen en la inocencia del exmandatario,  con la fe del carbonero, sino que reciben acríticamente la información entregada por estafetas oficiales, que dicen fungir como periodistas independientes.

Por supuesto que hay otro sector de esa opinión pública que se mantiene fiel al Hijo de Salgar, porque saben que la “muerte política” de Uribe no solo los expone ante la mirada escrutadora de la Justicia, sino que pondría en riesgo sus proyectos económicos-políticos-electorales.

El Tiempo y la Revista Semana son hoy, y por cuenta del caso Uribe, las dos más grandes plataformas propagandísticas del país con las que el “uribismo” busca limpiar o lavar la imagen ya raída e impúdica del senador antioqueño. Para lograrlo, hay un selecto grupo de «periodistas- estafetas» dispuestos a servir a los propósitos empresariales-informativos de los dos medios bogotanos y por esa vía, aportar sin miramientos ético-políticos al enfrentamiento entre el Ejecutivo y la Justicia.

Si bien el ejercicio del periodismo deviene protegido constitucionalmente, lo hecho por El Tiempo y Semana, entre otros medios, supone un abandono total del oficio de informar, para entrar a hacer parte del plan del gobierno de Duque de generar una crisis institucional que respalde el llamado y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, para vengar la osadía de cinco magistrados que, apegados al derecho, tomaron la decisión  unánime de poner a buen recaudo al hasta ayer intocable y temido político.

Así entonces, El Tiempo y Semana convirtieron sus instalaciones y sus recursos en una plataforma político-electoral con miras a impedir el desmoronamiento del proyecto político que hay detrás de la figura de Uribe Vélez, en el que confluyen, sin duda, los intereses de la Derecha y los propios de agentes de ultraderecha; además, los dos reconocidos medios son instrumentos propagandísticos con los que Uribe, con el concurso del “partido” de Gobierno y de Iván Duque Márquez, buscan poner un manto de duda sobre los magistrados y sobre la Corte Suprema de Justicia.

Encuentro una tenue pero vital diferencia entre los periodistas y medios afectos al Régimen de poder y entre aquellos que a pesar de deberse a ese Régimen de poder, están dispuestos a confrontar sus estructuras y a sus principales agentes. Pero eso de dar un paso al frente para defender a un sector de poder de ese Régimen con miras a extender en el tiempo el otrora unanimismo ideológico-informativo-político que se impuso en el país entre 2002 y 2010, constituye no solo un error periodístico, sino una irresponsabilidad política e histórica que si bien no tendría consecuencias judiciales, si las tendría en materia del bien más preciado: credibilidad.  

Como sabemos, en Colombia no hay medios masivos de izquierda. Todos, de muchas maneras, respaldan al Régimen de poder vigente. Otra cosa es que editorial y periodísticamente tengan el valor de confrontar a ciertos poderosos, sin que ello implique pasar la línea delgada que los ponga del otro lado, para desde allí, buscar la caída del Establecimiento. Por supuesto que El Tiempo y Semana, al hincarse y alinearse a esa parte del Establecimiento que representa el llamado “uribismo”, están jugando el peligroso rol de ampliar el ya de por sí dañino híperpresidencialismo y servir a los mezquinos intereses de quienes dentro del propio Establecimiento vienen perdiendo terreno, en virtud del talante autocrático, autoritario, provocador, camorrero e incivilizado del senador Uribe Vélez.

Los banqueros que están detrás de El Tiempo y Semana no solo están jugando con la institucionalidad, sino que están arrastrando a sus medios hacia estadios insospechados de una ya evidente pérdida de credibilidad y lecturabilidad. Mientras tanto, los periodistas que se están prestando al plan desinstitucionalizante del “uribismo” son conscientes de que están siendo instrumentalizados y disfrutan el poder contribuir a la “causa uribista” porque asumieron el periodismo como un camino para alcanzar reconocimiento social, vencer afugias económicas e incluso, en ejercicio de un claro arribismo, codearse con poderosos banqueros, expresidentes y en general con miembros de la clase dirigente, a los que admiran ciegamente, sin que les importe que muchos de estos guían sus vidas, privadas y públicas, bajo un ya evidente ethos mafioso.

El caso de estos medios masivos debería de ser abordado y analizado en Facultades y escuelas de periodismo, con miras a que los periodistas en formación desde ya sepan escoger si una vez egresados de esas escuelas, quieren convertirse en vulgares estafetas o intentar confrontar con dignidad, sapiencia, altivez y gallardía, a los aviesos agentes de poder que vienen aportando a la consolidación en Colombia de un Régimen mafioso y criminal. Ustedes escogen, muchachas y muchachos.

 

( 3 ) Comentarios

  1. Infortunadamente, las facultades de periodismo, están en manos de NARCOCRIMINALES aúlicos del MATARIFE, no podemos entonces esperar, que a los alumnos de estas escuelas, se le inculque HONESTIDAD en la profesión, sabiendo que quien patrocina estas aulas académicas, es el MAS GRANDE NARCOCRIMINAL CORRUPTO de todos los tiempo. Sol queda confiar en la HONESTIDAD de quienes egresen para que no se VENDAN ni dejen CONTAMINAR de la CORRUPCIÓN.

  2. Excelente radiografía de lo que esta sucediendo con algunos medios de comunicación y un grueso grupo de periodistas. Perdieron la sensatez, la independencia de pensamiento y se vendieron al mejor postor por un plato de lentejas. Resume muy bien el articulo lo que sucede en el medio periodístico: reconocimiento social, salir de afugias económicas, y un arribismo arraigado en la mayoría de los colombianos.» Los carteles» se tomaron buena parte del periodismo y medios de comunicacion y parte del gobierno y fuerzas armadas

  3. Buen ejercicio y aunque no soy periodista, si lamento muchísimo la notoria inclinación de algunos periodistas y medios, que lo único que hacen, es afectar el juicio que cada ciudadano puede hacerse respecto de cada noticia.

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.