Dialogar y permitir el ocaso del caudillo

Hay que dejar de estar pendiente y a la espera de cada suspiro, del personaje que incita a la violencia y al odio: de quien infunde miedo en cada tuit que, reenviado millones de veces por sus enceguecidos seguidores, se convierte en verdad absoluta o revelada.

Opina - Política

2019-04-29

Dialogar y permitir el ocaso del caudillo

El pasado martes 23 de abril, en pleno debate en la plenaria del Senado, en el momento en que se definía la fecha en que se realizaría la votación de las objeciones al proyecto de Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el senador Álvaro Uribe terminó su discurso manifestando: Yo prefiero 80 veces al guerrillero en armas que al sicariato moral difamando. Muchas gracias… Sicario, sicario, sicario”. Dirigía su ofensivo comentario al senador Gustavo Petro.

La réplica no se hizo esperar. En insuperable disertación frente a la de su contradictor, de manera decente, con altura y argumentos, de forma totalmente opuesta a la despreciable y baja de su interlocutor, el senador Petro explicó por qué defiende la Constitución de 1991 y la paz.

Dijo, entre otras cosas, que las ampara porque ama y no odia. “Porque hay quienes construyen la política a partir del odio y del miedo”. Señaló que el comentario del expresidente, relacionado con la preferencia de los guerrilleros en armas, se explica porque no quiere que hablen. “Les daña más que la violencia bélica de las montañas, la verdad en el Parlamento, en las discusiones públicas”.   

Todo el discurso, improvisado, elocuente y fundamentado en muy buenas razones, deberían escucharlo detenidamente todos los colombianos, para concluir que efectivamente, como lo indica el orador, en Colombia la invitación debe ser al diálogo, a hablar, al cumplimiento de la palabra, a la reflexión, a pensar y no al disparo del fusil, como lo pretenden el “presidente eterno” y su séquito.

Para aceptar esta invitación a dialogar, a hablar, lo primero que se debe hacer es dejar de estar pendiente y a la espera de cada suspiro del personaje que incita a la violencia y al odio:

De quien prefiere los fusiles al diálogo y la concertación o el acuerdo; del que está del lado de la guerra; del que se rodea de “buenos muchachos” que no han hecho nada ilegal, igual que él, y son “perseguidos políticos”; de quien infunde miedo en cada tuit que, reenviado millones de veces por sus enceguecidos seguidores, se convierte en verdad absoluta o revelada (posverdad), manipulando de esta manera la opinión pública; de quien considera que el proceso de paz fue de sometimiento del Estado al terrorismo; de quien opina que es bueno objetar la JEP, pero aún mejor, eliminarla.

Ya está bueno de Uribe. En nuestras manos y de la gran prensa está permitir que el ocaso del caudillo siga su curso. Su obstinación por ocultar la verdad, que se pretende revelar ante la JEP, hiede.

Su carisma desciende y su fuerza popular decrece, sobre todo cuando se conocen sus intervenciones en el Congreso, como la que aquí se comenta, en la que el principal argumento es tratar a su contradictor de sicario, de sicario moral, mostrando su preferencia por confrontar guerrilleros echando bala en el monte y no como reinsertados en la vida social y política del país por las vías democráticas.

Triste saber que, después de tantos años de guerra y violencia con las FARC, más de 5 décadas, y luego de haber logrado un acuerdo de paz con esa guerrilla, la más vieja del mundo, a pesar de todas las imperfecciones que se le atribuyen a lo concertado, todavía existen personas que prefieren la guerra. La muerte en lugar de la vida.

Claro que, el trasfondo del asunto, radica en el miedo a la verdad que deben contar quienes sean aceptados en el sistema de justicia transicional, según el compromiso que les impone la Constitución y la ley. Allí muchos confesarán y revelarán sus relaciones con los grandes empresarios y políticos de la vida nacional que promovieron la guerra. Entre ellos, el personaje siniestro que les propongo echar al olvido.

Se puede. Hay que hacer el esfuerzo.

 

 

( 5 ) Comentarios

  1. ReplyManuel Bonilla Amaya

    Yo creo que antes que olvidarlo hay que ignorarlo y su fuerza decrece como la corriente de los ríos que cambiaron su curso con la anuencia de un estado que nada controla excepto los intereses economicos de los gobernantes de turno y los anteriores porque todos se cubren con la misma cobija y así es como la corrupción nunca se acaba. CONCIENCIA, ETICA Y MEMORIA A LA HORA DE EJERCER EL DERECHO AL VOTO. QUE LA SABIDURÍA DIVINA OBRE EN NUESTROS HOGARES Y EN NUESTRAS MENTES.

  2. Excelente artículo

  3. Replyalvaro medina uribe

    Sí señor, quedé impresionado con la altura, con la facilidad, con la verdad, con la decencia y por sobre todo con la inteligencia con que le respondió al paraco, la cantó la verdad a este personaje funesto, a este sanguinario corrupto. Muy bien por Petro.

  4. Replyalvaro medina uribe

    Sí señor, el paraco está muy, pero muy asustado con la JEP, la verdad va a salir a flote, toda esta porquería que vimos en el Senado, tiene nombre propio: “álvaro uribe vélez” y su manada de idiotas útiles y a macías, que por favor revalide su bachillerato.

  5. Buenas noches eso le he venido promoviendo hace rato por las redes sociales que yo manejo ignorancia total a comentarios o a cualquier intervención de esta persona mencionada en el articulo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Hernando Bonilla Gómez
Abogado egresado de la Universidad Libre, especialista en Derecho Constitucional y litigante independiente.