¿De quién es el Estado y para quién trabaja?

La evidencia de los hechos nos muestra que ese ideal institucional democrático, que ha sido pensado como régimen político ejemplar por muchos estudiosos, es prácticamente letra muerta.

Opina - Política

2020-09-23

¿De quién es el Estado y para quién trabaja?

Columnista:

Edisson Gómez Pineda 

 

Según las teorías de ciencia política, en una democracia el poder reside sobre el pueblo, es decir que el pueblo debería tener la última palabra a la hora de orientar las acciones de las distintas organizaciones e instituciones que conforman el Estado, tanto en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como demás organismos autónomos; universidades públicas y corporaciones autónomas dedicadas a ejercer como autoridades ambientales, organismos de control, entre otros.

No obstante lo anterior, la evidencia de los hechos nos muestra que ese ideal institucional democrático, que ha sido pensado como régimen político ejemplar por muchos estudiosos, a lo largo de varios siglos, en países como Colombia es prácticamente letra muerta en la mayoría de sus territorios.

El Estado no parece servir al «pueblo» como tendría que ser, sino todo lo contrario. Las decenas de miles de muertos, los millones de desplazados, el abuso de poder por parte de las fuerza pública y de manera injustificada sobre las personas, entre las diferentes estadísticas y evidencias empíricas observables, reflejan que el Estado se ha convertido en un instrumento de dominación de una élite económica, que es utilizado para legitimar su poder, en un arreglo formal de  un sistema de organización social y económica.

Así, el Estado en Colombia es un instrumento de control y escarmiento que usa la élite, cooptando las instituciones públicas e imponiéndose desde diversos frentes por sobre la mayoría, logrando con sus acciones y omisiones a lo largo de los años, convertirse en unos de los referentes mundiales de inequidad, violencia y proceder absurdo, validando la guerra, el asesinato entre hermanos durante más de medio siglo, e impidiendo que en los dos siglos de aparente independencia política, se haya consolidado un Estado soberano e independiente.

Existen multiplicidad de factores que han hecho la historia y la realidad colombiana de esta manera, pero la principal razón parece ser netamente económica, esa negativa de la élite terrateniente que desde hace dos siglos se ha negado a permitir cualquier concesión de corte redistributivo, su negación a soltar ni un metro de sus propiedades, de sus privilegios, de su poder material y simbólico, así como ninguno de sus privilegios concentrados, como la tierra, que siquiera la utiliza apropiadamente.

La causa principal de la realidad nacional es la persistencia de una posición arcaica y falta de conciencia de la élite económica, que en su apego al poder y en su avaricia desenfrenada, no ha podido ver a lo largo de dos siglos las bondades que trae un proceso de redistribución, no solo para la convivencia ciudadana y el desarrollo, sino para la vida, la democracia y la paz.

Esa posición negativa de las élites económicas, ha hecho que se hayan apropiado desde la fundación de la República, no solo de la tierra, los medios de comunicación y las principales industrias extractivas de materias primas, sino de los mecanismos institucionales de la democracia.

Han hecho todo lo posible para no salir del poder, no solo arreglando elecciones, reprimiendo la protesta social o desdibujando el espíritu de las instituciones democráticas y del funcionamiento del Estado, además, han cobrado la vida millones de personas, generado desplazamiento, pobreza, miedo, resentimiento y han sumido a Colombia en la barbarie, en el atraso, con un sistema económico de características feudales, en el que la desigualdad y el clasismo social es la principal característica que configura un régimen de opresión y violencia reconocido a nivel mundial, siendo semejante a los peores vejámenes que haya visto la historia en cuanto a opresión y abandono.

¿Hasta cuándo esa élite, que ha consolidado su poder también gracias al narcotráfico, estará dispuesta a permitir que funcione la democracia y, por primera vez en la historia de Colombia gobierne alguien con una posición pragmática distinta a la que han tenido los gobernantes durante los últimos años y, sea posible el inicio de un proceso de organización social, político y económico más equitativo, humano y sustentable?

Probablemente esa pregunta solo la pueden responder ellos, los que hoy tienen el poder y tendrá que ver con el manejo de sus pulsiones, de su avaricia desenfrenada, de sus inseguridades subjetivas y como clase social, que les limitan; pero también dependerán de la persistencia y el tesón de la ciudadanía, para que se mantenga firme en sus reclamos, en la expresión de su inconformismo, que sea posible permitir el funcionamiento de la democracia, sin violencia ni opresión y, que sea posible una posición diferente, que pueda hacer al menos el intento de gobernar y superar paulatinamente todos estos impases situacionales que se han mencionado.

Tal proceso, en términos temporales no se logra de un día para otro, sino que es un proceso de mediana y larga duración y, si no es posible ahora, no se debe perder la esperanza de que se abran caminos en alguna elección presidencial futura, ojalá no muy lejana.

 

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Mg. Edisson Gómez Pineda
Administrador Público, Especialista en Planificación y Gestión de Políticas Sociales, Magíster en Desarrollo Humano. Docente e Investigador. Doctorado (c) en Ciencias Económicas, con mención en Administración Pública.