Colombia: que el enfoque nos mantenga unidos

Aun con todos los mecanismos de dilución y ayudados por la prioridad de la pandemia, los organismos de Gobierno siguen incapaces de silenciar el eco de las manifestaciones con las que Colombia cerró 2019.

Opina - Política

2021-05-14

Colombia: que el enfoque nos mantenga unidos

Columnista:

Juan José Ríos

 

Este artículo no busca despotricar sobre la reforma tributaria, ni exponer la administración nacional frente a la pandemia, ni generar más impresiones de un Gobierno reactivo que habla por sí solo con sus acciones. Más bien, desliguémonos de eso, quitemos el foco de ese Gobierno que ocupa un sistema perpetuo, ese que se aceita mientras todos dormimos, sin importar quién lo ocupa cada cuatros años.

Desde que se proclamó la Gran Colombia, en 1819, no tenemos noción de lo que es estar de acuerdo como comunidad en un proyecto de nación. Pareciera que los pueblos del sur solo pudieron organizarse para quitarse el yugo de los colonizadores. A partir de ese momento, nos hemos matado entre sí por el federalismo y el centralismo, Bolívar y Santander, Mosquera contra Mariano Ospina, Liberales y Conservadores, muchos más que no nombro, y desde hace quince años, por Uribe día y noche.

Saquémonos esa camiseta azul o roja, bajémonos del caballo de Bolívar esta vez, abandonemos por un segundo la idea de la derecha o la izquierda con la que queremos gobernar. Separémonos de ese lío ideológico para entender por un momento que tenemos otro yugo encima. Independiente de quién ocupe al organismo de Gobierno a partir del 2022, la misma figura del Estado sin rostro va a seguir ahí. Con más de cien senadores y representantes indiferentes a las necesidades de una sociedad sometida a constante detrimento, fastidiados para darles cinco minutos de voz a las víctimas que visitan el Congreso, funcionarios ajenos a la realidad. Es ese Estado el que va a necesitar subsanar sus fondos, mal administrados, con los bolsillos de usted y de todo el colombiano que se atraviese.

No nos ocupemos más de los nombres y las banderas, entendamos que los mecanismos son los mismos sin importar los protagonistas. Cuando se convocó a paro en 2019, se deslegitimó al movimiento diciendo que no iba a haber reforma a nada, que era un movimiento vandálico más. No necesitaron de un mes para tirar reformas de hacienda, trabajo, pensión y salud. El caso me recordó a la frase más celebre del segundo premio nobel colombiano, «ese tal paro no existe».

En 2017, el politólogo Gilberto Tobón afirmó un secreto a voces: «el país está diseñado para robar». Parece que la evidencia de estas palabras se hubiera desperdigado en el tiempo, a cuatro años del análisis de Tobón nos seguimos peleando con los quiénes y no con el qué. No le quitemos créditos a nuestra republiqueta, sin lugar a dudas, alcanzó la finalidad del teórico administrativo, Frederick Taylor, ese punto en el que el sistema es independiente a los intérpretes. No importa quién opere, a Colombia siempre la van a robar.

¿Será que los colombianos no somos suficiente para esta república quebrada?, ¿será que es la clase obrera la que no está haciendo los esfuerzos necesarios? Es válido preguntarse estas cuestiones porque las reformas siempre están orientadas a los gobernados y no al gobierno. Abandonemos el furor de esta guerra moral en la que hemos pasado los últimos sesenta años, esa guerra contra el que actúa bien pero es malo porque piensa diferente. Quitemos los bandos porque solo hay uno. Unámonos contra eso que nos acosa a todos, y si quieren, vuélvanse a rasgar las vestiduras por el uno y el otro cuando hayamos triunfado. Pero no podemos seguir segmentándonos cuando el Estado no distingue, la burocracia se potencia, los entes encargados de investigar a los gobiernos son elegidos y conformados por los mismos gobiernos, y unos individuos tienen el privilegio de escoger su juez en la justicia. Indudablemente, es necesaria una reforma, una que nos proteja de este y los gobiernos que vendrán bañados en mermelada. Una más profunda, una al Estado.

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Juan José Ríos Arbeláez
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana. Asiduo consumidor de mandarinas.