Carta abierta a las estrellas del periodismo colombiano y sus grandes medios

A estos periodistas solo les queda aferrarse de una cuerda de antivalores con la que intentan ahorcar a quienes desnudan la verdad oculta en sus fundillos.

Opina - Medios

2020-06-23

Carta abierta a las estrellas del periodismo colombiano y sus grandes medios

“La principal función del periodismo es cuestionar a los poderosos” – Jorge Ramos

 

Columnista

Diego Luis Amaya Quiñones

 

Señoras y señores periodistas de Colombia: Luis Carlos Vélez, Victoria ‘Vicky’ Dávila, Néstor Morales, Darcy Quinn, Julio Sánchez Cristo, Felipe Zuleta, Darío Arizmendi, Salud Hernández, María Isabel Rueda, Yamid Amat, Gustavo Gómez, Hassan Nassar y todo el equipo periodístico que conforma las grandes casas informativas de la nación como RCN con la FM y su cadena básica, Caracol con Blu Radio y su cadena básica, La W Radio, El Tiempo, El Espectador, Revista Semana y demás.

Como ser humano consumidor no compulsivo de periodismo y, como colombiano indignado, más no resentido, he tomado la decisión de escribir estas letras dirigidas a ustedes, dignos representantes del tan altruista oficio del periodista, a través de este medio alternativo denominado La Oreja Roja, mi casa, y para el que acostumbro a escribir mis columnas porque nos une el interés de expresar de manera libre y pluralista lo que el consuetudinario vivir colombiano nos permite pensar y sentir sin caer en el banal ejercicio de la monetización de la opinión.

Colombia, aunque es claro que lo saben, pero lo obvian, es un Estado social de derecho, con una característica muy particular en nuestra democracia, y es que es PARTICIPATIVA, queriendo decir aquello, que, a diferencia de la vieja Constitución del 86, se les permite a los ciudadanos participar de manera activa y, no como inermes espectadores, de las decisiones y actos que son trascendentales para el desarrollo de la nación.

La nueva Constitución, la del 91, esa que tuvo su génesis en una revolución de “barbudos, mechudos y malolientes personajes” (algunos vestidos hoy de traje y de hilo, aromatizados con Chanel, y consumidores de whisky burgués, seducidos por el poder del dinero fácil y merecedores de elogios), finalmente permitió darle vigencia a derechos fundamentales contemplados en la carta de los Derechos Humanos que, en otros tiempos, y para nuestros riquísimos y clasistas gobernantes, fueron lo de menos; es la que sustenta en su artículo 20 lo siguiente: “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación. Estos son libres y tienen responsabilidad social”. Derecho del que, sin duda alguna, ustedes también gozan.

La jurisprudencia y la doctrina enseñan que este artículo comprende además la responsabilidad de los medios masivos de comunicación, el derecho a la rectificación y la prohibición de censura.

La libertad de expresión es una condición necesaria para que el ser humano se desarrolle plenamente en sociedad, pues se entiende que es por el hombre porque se preocupa el derecho en Colombia, pero no es el hombre aislado sino el hombre en sociedad (art. 20 C.P.). Es así como el artículo 1 de la Constitución, reza que la República de Colombia se funda en el respeto a la dignidad humana, el trabajo, la solidaridad y la prevalencia del interés general. Por lo tanto, se busca con la libertad de expresión la realización del ser humano como individuo dentro de una sociedad. 

Ahora bien, no solo se busca la realización del individuo con la libertad de expresión, también la realización del Estado social de derecho, democrático, participativo y pluralista. El artículo 20 continúa: El ser político se desarrolla en un Estado democrático, solo si puede expresarse libremente, difundir su pensamiento, recibir información veraz e imparcial y si es el caso fundar medios masivos de comunicación que no podrán por lo tanto ser monopolio exclusivo de nadie, ni aún del Estado. Por ello es muy importante entender que los derechos son universales y no se circunscriben al privilegio de unos pocos.

Con respecto a la responsabilidad social que se les impone a los medios de comunicación, es pertinente decir que esto responde a las condiciones de la sociedad actual. No en vano decía Napoleón que temía más a un periódico que a cien fusiles. Pues bien, hoy en día no se trata sólo de periódicos sino de verdaderos medios masivos de comunicación como la televisión y la Internet que llegan a casi todos los confines del planeta y que a nivel nacional se difunden tan ampliamente que pueden llegar a tener efectos positivos o negativos en forma muy amplia (art. 20).

Los países evolucionan y es responsabilidad de los asociados asumir los desafíos que imponen los cambios sociales, nosotros no nos podemos quedar por fuera de ese reto, al contrario, estamos obligados a asumirlo, no hacerlo nos ubica en el pódium de los Estados fallidos.

Pretender entonces abusar de la posición dominante desde el poder que les endilga el dinero de los medios a los que ustedes les pertenecen, y que por pertenencia están obligados a decir única y exclusivamente lo que los dueños de su dignidad quieren que digan, pues los lleva de manera inevitable a precipitarse en un abismo en el que para evitar la caída, solo les queda asirse de una cuerda de antivalores con la que intentan ahorcar a quienes desnudan la verdad oculta en sus fundillos y buscan hacernos creer que somos nosotros la antítesis de su pulcritud, como en ese juego de la psicología inversa en el que el maltratador de mujeres después de golpear a su mujer, la hace sentir culpable de la golpiza que le acaba de propinar.

No es gratuito leer las diatribas de Luis Carlos Vélez y Victoria Dávila contra quienes a diario a través de medios alternativos o las redes sociales nos pronunciamos en contra de lo que a ustedes con plumas, micrófonos y cámaras prestadas les toca defender, de ahí pues la importancia de desmarcarse de esa posición que los ubica en tiempo y espacio no como poder, ni mucho menos contrapoder y, si mucho, de verdaderos activistas y factores reales de poder, definidos por Ferdinand Lasalle “como fuerzas activas y eficaces, elementos dinámicos integrados en una esfera de posibilidades donde se mezclan partidos políticos con grupos de presión de distinta índole e influencia de lo económico, religioso, militar, y los medios de comunicación”.   

Qué valioso sería tener de referentes no solo a Juan Gossaín, sino a otras figuras importantes como Dênis de Moraes, Ignacio Ramonet y Pascual Serrano, autores del libro Medios, poder y contrapoder

 

( 2 ) Comentarios

  1. Me gusta y es acertada…

  2. No podría haber quedado más claro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Diego Luis Amaya
Ingeniero de Sistemas, no me siento ni a la izquierda ni a la derecha, amo mi país y estoy convencido que el poder de la palabra es mayor que el de las armas.