Bogotá: Caso cerrado

De esa gran metrópoli llamada Atenas suramericana y de la cual nos sentíamos orgullosos, hoy solo queda una ciudad en ruinas

Opina - Sociedad

2020-08-07

Bogotá: Caso cerrado

Columnista:

Edgar Uruburu

 

Bogotá, fue fundada como capital del Nuevo Reino de Granada el 6 de agosto de 1538 por el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada después de una dura expedición a los Andes. Tras una larga expedición y después de atravesar la cordillera de los Andes, este conquistador logró llegar a la extensa Sabana que hoy es nuestra capital. Desde cuando los conquistadores llegaron de las tierras españolas hemos estado en continua transformación.
Los indígenas que habitaban pertenecían a los muiscas o chibchas. De ahí que un dicho muy conocido nos asocia como los “chibchombianos” al combinar con la terminología de los colombianos. La palabra muisca desapareció prácticamente y casi que se conoce solo a nivel de artesanía o en la referencia de los libros.

En estos 482 años aniversario hay tantas cosas que se han quedado en el camino. Antes, nos enorgullecíamos de ser la Atenas suramericana, la supuesta estirpe de un mundo superior que nos hacía pensar que pertenecíamos a generaciones muy desarrolladas, de un nivel cultural súper elevado y por lo tanto, una de las más importantes del universo. Sin embargo, ese mundo de los famosos “cachacos”, de esos ciudadanos vestidos siempre elegantemente, con su característico acento pronunciando palabras como “ala, mi chino” con su indiscutible amabilidad ha, casi que desaparecido, hundido y tergiversado completamente.

Lejos de ir al plano superior y la evolución que nos convertiría en la ciudad fantástica poco a poco fuimos decayendo y desde hace algún tiempo nos hemos estancado cual si fuésemos un pueblito abandonado. Tal vez, la marca más notoria para ello ocurrió el 9 de abril de 1948, el día en que asesinaron a Jorge Eliecer Gaitán, quien antes de dicho suceso, fue alcalde de Bogotá, en 1936. La fecha de su asesinato se conoce como el famoso “Bogotazo” y marcó un hito en la historia de Colombia, ya que, en esos momentos, Gaitán era el verdadero caudillo, el que podía cambiar la historia colombiana. Nunca sabremos cuál habría sido esa historia. ¿Tendríamos justicia social? ¡Ojo!, esa que hoy en día pretenden calificar como conducta socialista o izquierdista.

Gaitán, ese caudillo bogotano, se convierte en el ídolo o estandarte de una sociedad con esperanzas de salir adelante y de desarrollo igualitario. Esa referencia del político honesto solamente queda en el papel y en los valores que lo llevaron a la muerte. Su ejemplo no fue seguido por nadie. El liberalismo que lideró nunca tuvo un líder que enarbole sus banderas ni a nivel local ni nacional. Tras cada administración la capital de la República no hay quién la represente verdaderamente; ningún alcalde capitalino ha servido para meterle la mano al desarrollo de nuestra ciudad. Parece como si todos simplemente hubiesen llegado a llenarse los bolsillos con los dineros que deberían ser para el mejoramiento y evolución de esta ciudad que de Atenas suramericana solo le quedó el recuerdo y la cantidad de destrucción que hay en cada rincón, en cada calle, en cada localidad. Bogotá, no está únicamente en ruinas como lo está Atenas. “¡está vuelta mierda!”

Personajes como el exalcalde Enrique Peñalosa lo único que han hecho es hundirla más y más en el caos. Con un transporte como Transmilenio y el sistema Sitp, que él “considera como el mejor transporte del mundo”. El negociante, convertido en alcalde privó a la capital de convertirla en una de las mejores del mundo, con un verdadero sistema Metro y luego para completar, cuando ya Petro había logrado conseguir tanto los recursos locales, como los aprobados por el Gobierno nacional. Solamente, se necesitaba comenzar la obra. Peñaloza, llega a un nuevo periodo y echa todo por la borda a costa de sus intereses monetarios. Y la gente le cree. ¡Qué vergüenza! Este “bolardo” que en su primer mandato inundó a la ciudad con estas trampas de cemento, que según cuentan y coinciden, ahora con la construcción del Metro elevado, han beneficiado y beneficiarán a cementeras con las cuales tiene intereses económicos. Nunca, el exalcalde, tuvo ninguna disposición en que Bogotá se convirtiera en la urbe que mereciera ser.

Los principios de ese líder, como lo fue Gaitán, ¿por qué se refundieron en las mentes de los cachacos bogotanos? Ese término, poco a poco se ha desbaratado y convertido en el ñero. Ese ciudadano que todos lo nombran como el mal hablado, el grotesco, en fin, sin embargo, en realidad es el común de los habitantes de esta ciudad. Ya la educada terminología cachaca se convirtió en la grosería, en el acento destartalado que identifica a una gran mayoría de las nuevas generaciones, y es más de las antiguas, que se han dejado contagiar de esa mala clase que ha inundado al Distrito Capital que ni siquiera es nombrado como tal, tal vez como una forma silenciosa de reconocer lo perdido en los terrenos, pero que se nota mucho más en lo social, en lo intelectual y en lo humano.

Feliz cumpleaños, mi Bogotá, mi distrito olvidado y taciturno que ha llenado sus noches de lujuria y prostitución, que se está muriendo en el abandono total porque aún no ha llegado un verdadero líder que haga algo para comenzar de nuevo, para tirarle el salvavidas que la saque de ese naufragio eterno al que la han condenado los falsos capitanes del barco.

Los bogotanos, teníamos la esperanza de que con la administración de la nueva alcaldesa resurgiríamos del habitual caos, pero ella comenzó con el pie izquierdo (sin ser de izquierda). Como dice el dicho, cuando las cosas no van bien y, para completar viene y nos coge esta pandemia del COVID-19. Así, que la celebración del aniversario número 482 nos toca en medio de la cuarentena infinita y sin valor real, acribillados por el miedo, el dolor, la desesperanza, la angustia y sobre todo la ineptitud de un Gobierno distrital, que sigue los pasos del nacional en falta de ética y desorden administrativo.

Una pregunta simple. ¿Si los bancos pueden abrir sus puertas para negociar millones y millones de pesos en billetes y monedas (transmisores físicos del virus) por qué motivo los CADES de la ciudad no pueden abrir sus puertas? ¿Por qué las entidades distritales no dan ejemplo de cómo realizar los protocolos? Es decir, que los banqueros sí gozan de todos los beneficios por cuestiones económicas, mientras los usuarios de la capital, no tenemos acceso a lugares físicos con el fin de resolver asuntos clave para nuestro bienestar.

Los CADES son fundamentales para resolver miles de problemas que tienen los habitantes de la capital con todas las empresas de servicios públicos, conexiones, reconexiones, etc. Así como, para evitar el abuso de empresas como Enel Codensa. En centros comerciales, por ejemplo, son vecinos de los bancos y mientras afuera de ellos hay filas, estos permanecen a oscuras, favoreciendo la negligencia del supuesto teletrabajo. Ah, aunque, eso sí, las facturas siguen llegando y claro con los cobros normales y un poco más.

Hablan de descuentos, pero son superficiales, pues el consumo de servicios ha aumentado enormemente, porque las casas están atiborradas. Allí, conviven las amas de casa de siempre, “los estudiantes virtuales” y “la nueva clase obrera del teletrabajo” que ha encarecido todo, a nivel de hogar, favoreciendo a los grandes empresarios, a los banqueros, a los gobiernos distrital y nacional, en fin, a raimundo y todo el mundo, menos a los pobres.

¡Felicidades, Bogotá! Tus calles andan en la inmunda, llenas de indigentes, de vendedores de toda clase de especies y de especias. Carretas por acá y por allá, reciclando y botando basura a diestra y siniestra, prostitutas y mucho más. Bogotá, la ciudad de todos y la tierra de nadie.

¡Felicitaciones, alcaldesa Claudia! por estar al frente de una Atenas en ruinas, por enseñarnos a gritar megáfono en mano, como lo hacen los vendedores que a diario pasan por frente a las casas de los teletrabajadores y los telestudiantes para que al otro lado de la línea sepan que no estamos solos, que nos acompañan el caos, el desorden, la pobreza y la miseria; pero eso sí, para que entendamos que la mayoría tenemos algo en común: el miedo. Miedo a la pandemia, a que pase el vendedor justo cuando hay reunión o examen y sobre todo, miedo a enfermar y a morir.
Y bueno, para terminar, rememorando donde nací y quién dirige a esta otrora potente urbe, lo haré con las famosas palabras de otra gritona famosa; la doctora Polo (coincidencial esto de Polo) la del renombrado programa cubano latino gringo. ¡Bogotá, mi hermosa ciudad en ruinas! He dicho. ¡Caso Cerrado!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Edgar Uruburu
Comunicador Social-Periodista@uniLibertadores Buscando la verdad en un mundo complejo... Paz y justicia para todos... Mi pensamiento no refleja el de mi familia ni el de laOrejaroja.com