¿Y si gana el no?

Opina - Conflicto

2016-08-25

¿Y si gana el no?

Se acerca la hora y el momento para que los colombianos votemos el plebiscito. Será una jornada electoral que bien puede marcar un quiebre histórico, cultural, político e institucional para el país. De lo que suceda, seremos responsables directos todos aquellos que estamos habilitados para votar. De manera indirecta, serán responsables quienes tomen la decisión de abstenerse de participar de esa jornada electoral.

Ante la pregunta de qué pasará si gana el NO, bien la vale reflexionar sobre ese lejano, pero posible escenario, en especial porque nadie tiene claro, ni siquiera el Gobierno, qué pasará si la negativa de los votantes triunfa sobre el SÍ.

En caso de que el NO triunfe, se trataría, sin duda, de un duro revés político para el Proceso de Paz y para el Acuerdo Final. Sería un enorme guantazo a la posibilidad de cerrar un ciclo de violencia y pasar una página sangrienta de nuestra historia moderna.

¿Qué hacer ante ese posible escenario? Lo primero que el Gobierno debe hacer es salir a reconocer el resultado y convocar a las instituciones que acompañaron al Gobierno en su campaña para sacar adelante el plebiscito, para que de inmediato, con dicho respaldo, contrarrestar las voces de quienes muy seguramente buscarán anular lo negociado en La Habana. En el mejor de los casos, propondrán “renegociar” lo ya negociado.

En uso de sus facultades discrecionales y como máximo responsable del orden público, y como Jefe de Estado y de Gobierno, el presidente debe adoptar medidas, quizás excepcionales, para mantener el orden y frenar las intenciones de quienes aprovecharán dicho resultado negativo para invalidar cuatro años de negociaciones y muy seguramente para desestabilizar al Gobierno. Dentro de dichas medidas está, por ejemplo, convocar a los partidos de la Unidad Nacional, a la institucionalidad castrense y a sectores de poder de la sociedad civil, para orientar decisiones jurídico-políticas que sirvan para contrarrestar la fuerza política que pueda desatar semejante resultado.

Un revés político de esa magnitud, se enfrenta con firmeza política y con el ofrecimiento de salidas jurídico-políticas que garanticen la gobernanza y para este caso, la defensa del Acuerdo Final y la consecuente finalización del conflicto.

Ante un eventual triunfo del NO, Santos deberá hacer ingentes esfuerzos para cerrarle espacios institucionales a todas aquellas fuerzas que de inmediato exigirán el desconocimiento de lo pactado en La Habana. Como Jefe de Estado, Santos deberá actuar con toda firmeza, para que lo acordado en Cuba no se deseche.

De esa manera, se puede aceptar la derrota político-electoral, pero ello no implica el cierre del único camino que le quedaría al Acuerdo Final: el Congreso de la República. Con todo y los problemas históricos de legitimidad que arrastra el Congreso de la República, esa instancia de poder sería la única capaz de enmendar el craso error que cometería esa parte del electorado que le apueste al NO en la jornada electoral que se avecina. Y para blindar ese único camino que nos queda, deberá contarse con el apoyo irrestricto de las altas Cortes y por supuesto, de las Fuerzas Militares.

Eso sí, el lejano triunfo del NO, con un estrecho margen sobre el SÍ, facilitaría un poco más las acciones para el Gobierno; un guarismo estrecho daría mayor espacio para maniobrar al Gobierno.

Imagen cortesía de: news.vice.com

Imagen cortesía de: news.vice.com

Ahora bien, si gana el SÍ, como esperamos quienes hemos asumido la postura ética de defender la vida de civiles y las de los combatientes legales e ilegales, el camino a recorrer nos deberá llevar hacia el cumplimiento de lo acordado en La Habana.

Sin duda, el triunfo del SÍ ofrece mayor claridad sobre lo que puede suceder. Todo lo contrario sucede con la posibilidad de que se imponga el NO, dado que este negativo resultado viene acompañado, de manera natural, de grandes incertidumbres sociales, políticas e institucionales, que los colombianos deberían de considerar muy bien, porque no sabemos qué estarán desde ya preparando los sectores políticos, militares y sociales que de tiempo atrás se oponen a las negociaciones de paz y a la firma del Acuerdo Final.

Si los ciudadanos actuamos con responsabilidad histórica y política, la única opción que nos queda es votar SÍ al plebiscito. Por el contrario, Votar NO es abrir un abanico de miedosas y tenebrosas posibilidades que una sociedad democrática no debería de darse el lujo ni siquiera de considerar.

Eso sí, no dejo de lamentar lo dicho por el presidente cuando afirmó que de ganar el NO, hasta allí llegaría el Proceso de La Habana. Ojalá las circunstancias no le obliguen a echar para atrás semejante sentencia.

Desde esta tribuna de opinión, invito a mis estudiantes, familiares, amigos, amigas, lectores y lectoras, asiduas y furtivas de mi Blog, para que voten SÍ. Soy consciente de que la paz, como proceso histórico, apenas se pondrá en marcha con la firma del Acuerdo Final que suscriban Gobierno y FARC-EP. Con el SÍ, nos espera una larga y ardua tarea para proscribir la guerra y dejar atrás ese carácter vindicativo de aquellos que creen que al votar NO, le están aportando a la reconciliación y a la construcción de la paz. Nos veremos en las urnas, ese domingo histórico.

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.