Y en el Huila, ¿quién dio la orden?

No podemos hablar del conflicto armado en Colombia, sin mencionar uno de los episodios más absurdos de esta guerra: las ejecuciones extrajudiciales.

Opina - Conflicto

2020-09-14

Y en el Huila, ¿quién dio la orden?

Columnista:

Daniel Avendaño

 

Ese horroroso capítulo donde el cuerpo fue percibido como un territorio de disputa y control político; dominado por quienes traen y dicen ser dueños del orden, la seguridad, el honor y lealtad. Hablar de falsos positivos, como hoy se conocen, va más allá de nombrar cifras o casos aislados causados por «manzanas podridas»; es hablar de la esquizofrenia en las fuerzas militares y de la expropiación del ser y del cuerpo como territorio.

Esa enajenación de los cuerpos y con ellos, de la vida, son el resultado de una violencia estatal que aún padecemos. Una violencia que por sus particularidades, no ha funcionado sola… Una, donde la humanidad de la persona es quebrantada; pues, los cuerpos afectados no son solo de las víctimas directas, también, afecta al cuerpo social y al territorio-tierra.

A su vez, el tiempo se encargó de inmortalizar frases tan polémicas como «de seguro esos muchachos no estaban recogiendo café», doce años después, me pregunto: ¿tomaría Uribe un tintico hecho con el café del Huila; ese café recogido por alguna víctima antes de ser asesinada? Porque, acá en Colombia, parece que la mayor parte de lo recogido en los cafetales, son muertos.

Muchos, olvidados por una sociedad que no es capaz de mirarse a sí misma, por vergüenza, culpa o pura indolencia. Tal vez, hacer memoria en un país que estrena muertos todos los días, es complejo; una nueva masacre se suma a la lista y como son tantas, con el tiempo quedan en el olvido.

Pero, por más que tratemos de olvidar estos episodios —nada nuevos— y, de imponer una sola narrativa, este «fantasma», nos perseguirá por siempre hasta que le ayudemos con algo importante: la verdad. Una verdad inclusiva y plural, que nos permita establecer una cultura de paz, hacer memoria y reconstruir los tejidos sociales, afectados por la guerra.

No sé cuándo llegará el día de la verdad, al menos en el Huila. Quizás, en las últimas décadas, las fuertes temperaturas calcinaron la memoria colectiva de la gente o, simplemente olvidar es la única opción en una de las regiones más conservadoras de Colombia.

Hablar de falsos positivos en tierra opita, no es nuevo; según el Observatorio Surcolombiano de Derechos Humanos, Paz y territorio (OBSURDH); en el departamento hay 255 víctimas, documentadas en 127 casos, desde 1984 y hasta el 2012. Sin embargo, con el tiempo, muchos casos quedaron en el olvido; como el de dos mujeres en 1993, cuando fueron sacadas de una discoteca en Neiva por integrantes del batallón Tenerife, adscritos a la Novena Brigada del Ejército, para después, ser presentadas como bajas en combate, pertenecientes a la columna Teófilo Forero de las FARC.

Historias como esa o como las de Miller Andrés Blandón, conocido en la ciudad como ‘La estatua humana’, asesinado el 18 de julio de 2008 por tropas del Batallón Magdalena, adscrito a la IX Brigada del Ejército Nacional en la vereda Jerusalén, en Isnos, Huila y, la de Giancarlo Rincón Cabrera, técnico en diseño gráfico, asesinado en Acevedo el 6 de enero de 2007 por miembros del ejército; deberían dolernos a todos. Pero, nos acostumbramos a vivir con la muerte y eso, nos quitó el respeto por la vida e hizo de nosotros, unos monstruos insensibles.

Hasta la fecha, nadie pregunta quiénes fueron los 44 asesinados en Pitalito —Batallón Magdalena—, los 28 en Gigante, 27 en Garzón—Batallón Cacique Pigoanza—; la vida detrás de las cifras de los 16 en Acevedo, de los 11 en Algeciras o de los 10 en Baraya, Isnos y Timaná. Ocho de los 28 municipios afectados por este fenómeno, de 37 que hay en el Huila.

Tampoco parece razonable que altos mandos del Ejército salpicados por falsos positivos sigan escalando en las fuerzas militares, mientras las víctimas esperan reparación por parte del Estado o buscan ser reconocidas como víctimas del conflicto armado a nivel legal.

Un ejemplo, es el caso del entonces coronel y hoy general, Jaime Lasprilla Villamizar —que estuvo bajo la lupa de la Corte Penal Internacional por ejecuciones extrajudiciales —, conocido como ‘La Máquina’; permaneció al mando de la IX Brigada del Ejército en Neiva, entre junio de 2006 y noviembre del 2007, donde se registraron 103 casos, en varias de sus unidades militares… Las mismas que defendió, al decirle a un periodista de la emisora Hj Doble K, que en sus filas no tenía «ángeles ni arcángeles», y, cuando sintió las críticas por el accionar de sus hombres, hasta intentó ponerle un veto a ese medio de comunicación.

Hace cinco años, terminó como agregado militar en el extranjero tras ser removido de la comandancia del ejército y luego, de estar en unas «merecidas» vacaciones, fue enviado a Washington, EE. UU. 

Asimismo, cómo olvidar el precepto del general Juan Pablo Rodríguez Barragán a sus coroneles cuando estuvo al mando de la IV Brigada del Ejército en Antioquia:  

«A mí no me vaya a salir con cuentos de que no pudieron [darlos de baja]. Hay que dar bajas».

Bajo esa orden se cometieron al menos unos 28 casos. Sin embargo, eso no impidió su llegada al mando al de la IX Brigada en el Huila, durante la gobernación de Rodrigo Villalba. 

Él, junto al general retirado — y capturado en 2016 por falsos positivos— Henry William Torres Escalante, fueron aplaudidos, galardonados por las autoridades y casi que, venerados por la sociedad huilense. 

A sus nombres, incluyo el del entonces coronel Marcos Evangelista Pinto y, no para hablar de sus logros como actual comandante de la Segunda División del Ejército, en el Batallón Guasimales, en Cúcuta o de su nefasto ascenso como brigadier general aun cuando la organización internacional Human Rights Watch recomendó no hacerlo; sino, para recordar las posibles 119 ejecuciones extrajudiciales, bajo su mando en el Batallón de Infantería núm. 27 Magdalena, adscritos a la IX Brigada en Pitalito, Huila; eso, sin contar los más de 400 casos atribuidos al Batallón de Infantería núm. 10 Atanasio Girardot, de la Cuarta Brigada en Antioquia, donde por «casualidad» también fue comandante.

Evangelista ha intentado dar patadas de ahogado, queriendo censurar bajo la presunción de «inocencia», el cartel con la incómoda pregunta: ‘¿Quién dio la orden?’ Si tanto les molesta, ¿por qué no responden?  

Al parecer, tantos años al servicio de una organización mecanicista dedicada al control excesivo, al poder centralizado y a la marcada relación de obediencia; les ha hecho creer que la autocrítica es innecesaria. Siempre y cuando sean aplaudidos, premiados o agregados a una posición más jerárquica que les permita presumir de banquetes e insignias.

Se camuflan en el oliva de sus uniformes para esperar a la siguiente víctima o, ¿cómo explicarían su accionar el teniente coronel Jair Salamanca Robles y en especial el brigadier general William Pérez Laiseca — que fue sucesor de Lasprilla entre noviembre de 2007 y diciembre de 2008, período en que se registraron 75 casos— ambos con un gran espacio en este fatídico apartado de guerra?

Respuestas que, ni yo me atrevería a responder, porque acá cualquier acto incómodo es censurable; en Neiva las paredes están llenas de murales con preguntas y mensajes en rechazo a la guerra y ni así, hay total libertad para ejercer la crítica.

Acá, ni los muros pueden hablar; preocupa la coerción de libertad de expresión que enfrenta el país y la ciudad, pues, sobre la carrera segunda en Neiva, estaba el mural en alusión al cartel ‘¿Quién dio la orden?’, este, señalaba a los ya mencionados altos mandos del Ejército que serían responsables por falsos positivos en el departamento y fue borrado por completo en el Día Nacional de los Derechos Humanos y de la semana por la paz. 

También, fue borrado el mural Paren las masacres del intercambiador Luna Verde realizado en el marco de la Semana de la Juventud; EPN Las Ceibas— entidad involucrada últimamente en casos de corrupción— fue la encargada del «procedimiento».  Actuaciones terribles en una sociedad donde se persigue y estigmatiza todo tipo de manifestación social y más, cuando tenemos a un Gobierno enemigo de la paz.  En estos dos casos, censuraron la expresión juvenil y le dieron la espalda a la situación del país.

Finalmente, el tiempo pasa y muchos en silencio o en voz alta, nos preguntamos quién dio la orden… Pregunta que, en el Huila, no ha sido resuelta por los altos mandos de la Novena Brigada del Ejército ni por sus unidades: el Batallón Cacique Pigoanza, en Garzón y el Batallón Magdalena, en Pitalito.

¡Defendamos la vida y la libertad!

Adenda. El OBSURDH, dará a conocer — muy pronto— ante la JEP, un informe completo de ejecuciones extrajudiciales en el Huila. ¡Pendientes!

Fuentes:

Informe 2015, Human Rights Watch: https://www.hrw.org/es/report/2015/06/23/el-rol-de-los-altos-mandos-en-falsos-positivos/evidencias-de-responsabilidad-de

El rastro de los falsos positivos: https://www.lanacion.com.co/rastro-los-falsos-positivos/

Las nuevas ‘perlas’ del falso positivo de la estatua humana en el Huila: https://www.lanacion.com.co/las-nuevas-perlas-del-falso-positivo-de-la-estatua-humana-en-el-huila/

 

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Daniel Avendaño
Est. Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Surcolombiana. Apasionado por la Historia. ''Los grandes periodistas logran, a través de las palabras, ponerle un espejo enfrente a una sociedad que no le gusta verse a sí misma. Hay que tener cuidado con lo que se pregunta, piensa y escribe; es una labor de alta cirugía conceptual y periodística donde la pluma debe tener la precisión de un bisturí.''