Una hoja de vida digna del Centro Democrático

Para las referencias, llamé a mi mamá y le pregunté si teníamos en la familia a alguien que tuviera vínculos con el narcotráfico o que, por lo menos tuviese una finca con su respectivo laboratorio, con eso me bastaba.

Narra - Poder

2021-08-21

Una hoja de vida digna del Centro Democrático

Columnista:

Michael Gutiérrez

 

Me encontraba pensativo y un poco preocupado por la difícil situación económica que estoy atravesando; fue entonces, cuando con determinación, decidí empezar a llenar varios formatos de hojas de vida, para pasarlos a donde fuera: hasta en las oficinas del Centro Democrático de ser necesario; sin importar que luego, tuviera que mentir ante mis amigos. Preferiría decirles que le recojo las pelotas –de tenis— a los deportistas del Country o cualquier otro club, o que, como ‘Polo Polo’, me veo en la penosa labor de untarle bloqueador a Cabal en los hombros.

En todo caso, a la mitad del primer formulario y luego de poner cada detalle de mi vida personal, llegue al área de información familiar. No sabía qué referencias poner: si la de mi mamá, a quien le encanta describirme de manera tan ilusoria que fácilmente podrían otorgarme un nobel de paz o la de mi papá, quien tiene la costumbre de no contestar las llamadas de números desconocidos, después de ver en noticias todo lo que hace el Ejército desde su base de inteligencia. Esta indecisión me llevó a echarle un vistazo a la última contratación de la bancada, quizá de allí podría guiarme para presentar una hoja de vida digna del partido y que me permitiera fácilmente obtener mi empleo.

Leí que Jennifer Arias, era la nueva presidenta de la Cámara de Representantes así que empecé a indagar en su hoja de vida para ver sus referencias y hacer una muy similar a la suya. Al principio fue difícil, ella puso a su hermano y yo soy hijo único, pero, no me di por vencido: llamé a mi mamá inmediatamente y le pregunté si teníamos en la familia a alguien que tuviera vínculos con el narcotráfico o que, por lo menos tuviese una finca con su respectivo laboratorio, con eso me bastaba.

Ella recordó que uno de sus hermanos había cumplido una condena por porte y tráfico de droga. Grité de la dicha y rápidamente le pedí sus datos, ya tenía la primera referencia y mi hoja de vida se parecía cada vez más a la de Jennifer. Ahora solo me faltaba un familiar que hubiese cometido un asesinato, como su padre —la otra referencia— o que por lo menos lo hubiera intentado. Luego de hurgar por varios minutos en mi cabeza, recordé a un primo con el que rara vez hablo, pero que, en una ocasión, durante una pelea callejera le cortó el dedo índice al hombre con el que peleaba, no era mucho, pero fue lo más parecido que encontré. Así que lo puse.

Cuando creí que ya había terminado y luego de falsificar mis diplomas –cual congresista—, llegué a otra parte que puso en duda el tipo de amigos que tengo, es decir, son buenas personas, pero no tienen los contactos que el partido requiere. Jennifer fue audaz e inteligente, no se conformó con elegir a dos empresarios, exportadores y pilotos de profesión, sino que tuvo la perspicacia de que estas referencias fueran cercanas al presidente y su segundo —Uribe y Duque, respectivamente—. Así es, estas dos personas superaban por mucho a las que yo podría poner, y mientras Jennifer adjuntaba fotos de sus amigos junto a los presidentes, yo me ponía en contacto con el editor de Photoshop al que la Fiscalía no valoró y despidió luego de aquel montaje de una captura que no existía.

Tras varias horas de buscar en mi memoria y en Facebook, no se me ocurría nadie. Ni amigos cercanos ni lejanos, así que como ella, hice trampa. Puse como referencia a un amigo desaparecido. Carlos: «el pobre hombre que se desempeñaba como gatillero, se encontraba en medio de un atraco que salió mal y luego de una persecución por parte de la Policía, nadie volvió a saber de él». Yo supuse que algo similar había puesto Jennifer en su hoja de vida para dejar como referencia a Samuel David Niño Cataño: «Samuel se encontraba trabajando, cuando se precipitó a tierra mientras trasportaba cocaína perteneciente al cartel de Sinaloa, una prestigiosa organización criminal, luego de esto desapareció».

Estaba terminando de llenar los datos de Carlos —mi amigo desaparecido— cuando casi por instinto se me ocurrió poner a Gabriel, un paisa, amigo de la universidad. No tiene un pasado oscuro ni amigos en Presidencia, pero es todo un avión, así que supuse que era una buena opción. Además, repito, es paisa.

Sin pensarlo dos veces, envíe la hoja de vida. A los tres días se contactó conmigo la secretaria del partido, el viernes de esa semana el ministro de Salud, Fernando Ruiz, me puso con sus propias manos la vacuna contra el covid, ese mismo día en la tarde, viajé al Ubérrimo con Paloma Valencia y Cabal mientras me daban una pequeña inducción en el helicóptero. Cuando llegué, Uribe daba algunas órdenes por teléfono y no me prestó mucha atención. Y Ayer por fin conocí a Duque. También ayer, comprobé que no es solo él, quien usa chaquetas con su nombre, todos lo hacen aquí, excepto yo, a mí me asignaron una gorra blanca que dice: recoge pelotas.

 

 

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Michael Gutiérrez
Estudiante de comunicación social y periodismo en la corporación universitaria Minuto de Dios.