Una cita con la justicia

Es hora de que la justicia se aplique con vehemencia a cualquiera que quisiese pasar por encima de ella, sin importar el poder, ideología o rosca. El pueblo, fundador y constructor de este país a pulso, exige cero impunidades con cualquier persona que lacere la tranquilidad de esta República.

Opina - Judicial

2019-07-12

Una cita con la justicia

Autor: Eddie Vélez Benjumea

 

¿Cuál es la diferencia entre ‘Jesús Santrich’ y Álvaro Uribe Vélez? Esta radica en que, al primero, la Corte Suprema de Justicia lo citó a indagatoria el martes 9 de julio de 2019, en un horario matutino al que jamás llegó; al segundo, no se le ha acordado fecha y hora y, mucho menos, la preocupación que por derecho se le debería otorgar al caso.

Ante semejante discrepancia, ¿qué clase de beneficios y evasión de responsabilidades otorga este estamento a ciertos personajes, con numerosas investigaciones, para pasearse libres por los pueblos de esta patria y sin escozor alguno?

Por motivos de última hora, el Palacio de Justicia aguardó la llegada de Santrich al recinto. En la Plaza de Bolívar se fraguaba una fiesta matutina de nerviosismo y se rezaban los minutos para recibir, o no, el paso del congresista por sus adoquinadas sendas.

Las palomas crispeteras premeditaron el suceso, aglomeradas esperaban comiendo maíz pira para proceder a abrir el paso de la entrada triunfal que suponían muchos de sus adeptos.

Sin embargo, Santrich les dejó un agrio sabor en la lengua, esperaban lo mejor: una aparición explosiva que sorprendiera al mundo político por su arremetida e irreverente llegada.

Muchos lo creían viaticando al son de algún vallenato en una cálida ranchería; otros, escapando a quién sabe dónde para evadir alguna responsabilidad de la cual sintiera culpa y se supiera condenado, como si en su fortuna estuviera la de predecir un posible futuro fatídico.

Sus más acérrimos contrincantes esperaron siempre lo peor, una confiable huida al más rastrero estilo que finiquitara con una aparición que jamás sucedería; y sus más fieles adeptos temían lo peor: un asesinato programado por alguna organización con los ojos vendados y la boca tapada.  

Días antes el director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), Pablo Elías González, en la serenidad de una sala amoblada por sillas de cuero negro y persianas translúcidas que opacaban la vista desde el exterior, comunicó que el exjefe guerrillero, que se encontraba en Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Tierra Grata, en el corregimiento San José de Oriente, del municipio de La Paz, abandonó su esquema de seguridad para desaparecer, dejando únicamente una carta firmada, en un supuesto escenario, por él mismo, argumentado que iría a visitar un hijo suyo.

Así, sin más, el ahora congresista, en su discapacidad visual, se permitió evadir el esquema de protección que lo salvaguardaba de cuanta artimaña política o sicarial lo persigue.

La preocupación del pueblo distaba en divergentes y múltiples teorías que visualizan posibles escenarios tras su mágica desaparición. Por ejemplo, Bernardo Hoyos, exalcalde de Barranquilla, dijo que Jesús Santrich se voló a Venezuela porque recibió información sobre un plan para asesinarlo en un evento de esa ciudad:

“Tenía la certeza de que lo iban a eliminar físicamente, hizo muy bien en salir de su esquema de seguridad y buscar un lugar seguro donde su vida sea garantizada”.

El presidente de la República, Iván Duque Márquez, añadió al caldo que Santrich…

“Está solicitado en extradición por delitos de narcotráfico después de la firma de los acuerdos y tiene un llamado a indagatoria. Y ver que una persona de semejantes características abandona su esquema de seguridad violando los protocolos de seguridad de la UNP y de la ETCR solo muestra que su deseo es eludir la justicia”.

Eduardo Matías, abogado del congresista líder del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) yacía puntual a las nueve de la mañana de ese martes nueve de julio al otro lado de la Plaza de Bolívar. Las Instalaciones del Palacio de Justicia presenciaban la falta del exguerrillero.

Ni un minuto más, ni uno menos, el profesional en derecho sentenció que no se comunicaba con su apoderado desde hace más de quince días.

Afirmaban otros de sus abogados que el honorable no se presentaba por motivos de seguridad, pues a juicio del exguerrillero, los medios de comunicación, el Poder Ejecutivo y la Embajada se habían encargado de hacerle un linchamiento mediático.

La hora cero del citado le había llegado y se cumplían las premeditaciones que los contrarios al acuerdo habían vaticinado. Dos horas antes de la indagatoria de Santrich, Álvaro Uribe Vélez, escribía en Twitter que “al menos 11 exjefes guerrilleros habían abandonado sus esquemas de seguridad”.

En el calor de todo este afán social ¿cómo se atrevió el también investigado senador Uribe a hablar de ello, cuando en abril del mismo año dijo que “prefiere ochenta veces al guerrillero en armas que al sicariato moral difamando”?

Como siempre, el senador muy experto en combinar palabras para crear eufemismos que hasta la misma RAE sentenciaría como delitos lingüísticos.

En la inopia de este acontecer solo quedan dos preguntas: ¿qué le sigue ahora a Santrich? En una primera hipótesis sus abogados tendrían que presentar una justificación por la inasistencia a la citación de indagatoria. Si la justificación es aceptada por los magistrados, se podría aceptar una reprogramación de la fecha; de lo contrario, el congresista podría estar bajo una orden de captura nacional e internacional.

Al menos, eso pensaban sus abogados antes del 10 de julio. En medio del furor y el acontecer político, la Corte Suprema de Justicia decidió emitir una orden de captura contra el congresista desaparecido, debido a su “inasistencia injustificada” y promulgar a quien fue integrante del equipo negociador de la extinta FARC, como un prófugo más de la justicia colombiana.

Es debido que se tomen las medidas necesarias y que se actúe con mano dura contra quien pretenda mancillar la paz de este territorio aporreado por la violencia por tantas décadas. Pensó igual Humberto de la Calle, quien señaló que es “inaceptable la conducta de Santrich y que debe ser excluido del proceso”.

Siendo consecuente con mis incógnitas, y no olvidándome de un caso de igual arbitrariedad, ¿cuándo citará la Corte Suprema de Justicia a Álvaro Uribe Vélez a indagatoria?

“Tan pronto quede en firme esta providencia, el despacho instructor procederá a practicar las pruebas y las indagatorias decretadas en la apertura de investigación penal”, dice la Corte.

No obstante, van más de 142 días desde que la Corte adoptó esa decisión y aún no se hace nada. Pareciera que los famosos en Colombia tienen rabo de paja y eso se debe acabar.

Es hora de que la justicia se aplique con vehemencia a cualquiera que quiera pasar por encima de ella, sin importar el poder, ideología o rosca. El pueblo, fundador y constructor de este país a pulso, exige cero impunidades con cualquier persona que lacere la tranquilidad de esta República. La Corte Suprema de Justicia, ¿de qué lado está?

 

 

Fotografías cortesía de: The New York Times, El Universal

 

 

( 1 ) Comentario

  1. Petro ya pagó los intereses del préstamo?, estamos a 12 de julio y no ha enviado el comprobante.
    Gracias

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Eddie Vélez Benjumea
Periodista independiente.