Un senador que rinde informe de gestión de Gobierno y un presidente desafiante

Si el presidente es respetuoso del Estado de derecho y de la separación de poderes, como lo señala, debe esperar a que las autoridades judiciales actúen y resuelvan sobre la culpabilidad de alias Jesús Santrich y no tratar de incidir o influenciar en sus decisiones.

Opina - Política

2019-06-04

Un senador que rinde informe de gestión de Gobierno y un presidente desafiante

Pasó una semana bastante agitada. El sábado 25 de mayo, en la ciudad de Valledupar, el día convocado para la sanción del Plan Nacional de Desarrollo, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, no obstante su condición de senador y, por tal razón, de miembro de la Rama Legislativa del poder Público, rindió un informe de gestión del Gobierno de Iván Duque, en minuto y medio.

Él habló de lo siguiente: liderazgo diplomático en la cruzada internacional para que nazca nuevamente la democracia en Venezuela. Plan Nacional de Desarrollo y reforma tributaria, que auguran un gran porvenir para Colombia; 330 mil becas anunciadas, de las cuales este año se entregarán 90 mil a estudiantes colombianos, más el apoyo complementario para que puedan estar tranquilos en las ciudades de sus universidades y; el piso mínimo social para cafeteros, una gran reivindicación para quienes no han tenido nada.

Respecto de este hecho, dos cosas preocupan: la primera, que la pobre gestión del presidente Duque se pueda exponer en minuto y medio o menos, tal como la tiene caracterizada su más acérrimo defensor, el expresidente Uribe.

La segunda, que a pesar de que se insista en la independencia de Iván Duque y se diga que no es títere del exmandatario y, mucho menos un subpresidente, los actos del titiritero demuestran todo lo contrario.

Quien defiende la respetabilidad e integridad del jefe del Ejecutivo y rinde informe de gestión de lo que ha hecho el Gobierno es el senador Uribe. Dice un viejo acertijo: “blanco es, gallina lo pone y frito se come”.

Hacia la mitad de la semana, la Sala Plena de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado confirmó, en segunda instancia, la sentencia que negó la pérdida de investidura de alias Jesús Santrich, al considerar que este no se pudo posesionar como representante a la Cámara por circunstancias de fuerza mayor.

Casi al mismo tiempo, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, al resolver sobre una impugnación de competencia, consideró que el exguerrillero, por su investidura de congresista, que no ha perdido, independientemente de que no se hubiese posesionado tiene la condición de aforado constitucional y definió que la competencia para conocer de la actuación, por las conductas punibles cometidas después del primero de diciembre de 2016, le corresponde a la Sala Especial de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia.

Asimismo, por ser esta alta corporación la única autoridad que constitucionalmente tiene atribuida la competencia para ordenar la privación de la libertad de un congresista, le restableció los derechos al capturado y ordenó su libertad inmediata.

Lo claro hasta ahora es que le corresponde a la Sala Especial de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, darle el trámite que corresponda a las diligencias adelantadas por la Fiscalía ante el juez de control de garantías, relacionadas con los presuntos delitos cometidos por alias Jesús Santrich, quien mientras no sea declarado responsable o culpable mediante sentencia ejecutoriada, goza de la presunción de inocencia y la garantía de que se le respeten todos sus derechos en el trámite procesal.

No obstante, el presidente Duque, quien se reafirma respetuoso de la independencia de poderes, tilda al exguerrillero de mafioso que estaba negociando un envío de cargamento de cocaína y dice esperar, conforme a la evidencia, una sanción ejemplarizante, porque lo que está en juego es la institucionalidad, que debe inspirar confianza y motivación al pueblo colombiano.

El primer mandatario se equivoca y no pretendo ni tengo ningún interés en coadyuvar en la defensa de alias Jesús Santrich, pues si es responsable que lo condenen y cumpla la pena.

Pero si el presidente es respetuoso del Estado de derecho y de la separación de poderes, como lo señala, debe esperar a que las autoridades judiciales actúen y resuelvan sobre la culpabilidad de alias Jesús Santrich y no tratar de incidir o influenciar en sus decisiones.

Es inaudito que Iván Duque condicione la credibilidad y confianza de la ciudadanía en la institucionalidad, especialmente en la justicia, en una sentencia de condena en contra del mencionado personaje. En caso de que sea absuelto ¿no hay institucionalidad? ¿No hay justicia?

Precisamente con esta clase de intervenciones es el presidente quien contribuye a la pérdida de credibilidad y respeto por la justicia, pues el ciudadano de a pie, ese que no conoce del trámite de los procesos judiciales, de pruebas, de garantía de derechos fundamentales, etc., está convencido de que la justicia en general es corrupta, pues no se explica por qué con la evidencia que hasta el jefe del Ejecutivo califica como contundente, alias Jesús Santrich quedó libre.

Para rematar, la Corte Constitucional determinó que en el Senado de la República se hundieron las objeciones al proyecto de la Ley Estatutaria de la JEP, las que se referían a unas disposiciones que ya habían sido objeto de control previo de constitucionalidad por la misma corporación.

El presidente dijo acatar la decisión, pero que era necesario reflexionar sobre las herramientas para corregir lo que no estaba saliendo bien, para seguir construyendo una paz con legalidad y sin impunidad.

Desafiante el primer mandatario cuando insiste en desconocer tanto la cosa juzgada (sentencia de control de constitucionalidad del proyecto), como la decisión del Congreso de la República que hundió o rechazó las objeciones.

Curiosa forma de respetar la separación de poderes y de abrir el camino hacia la declaratoria de conmoción interior y a otras alternativas que han sonado últimamente como la Asamblea Nacional Constituyente, en clara muestra de su talante autoritario, para desconocer las decisiones de las otras ramas del poder público.

Por último y, no menos desafiante, fue la designación del ministro de Defensa, Guillermo Botero, para asumir funciones presidenciales durante la ausencia del presidente, a pesar de los graves cuestionamientos que pesan en su contra y que lo tienen al borde de un debate de moción de censura, relacionados, entre otras cosas, con la política de los mal llamados falsos positivos que reapareció, al parecer, en nuestro país de manos del nuevo comandante del Ejército Nacional.

 

 

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Hernando Bonilla
Abogado egresado de la Universidad Libre, especialista en Derecho Constitucional y litigante independiente.