Un flamante candidato

El señor Gaviria es un hombre culto. Escritor de agradable pluma. Preparado en varios campos del saber, como el que más. Un estadista, sin duda. Está lejos de la ordinariez, la excremental mediocridad ambiente que reina en el actual partido de Gobierno.

Opina - Poder

2021-09-01

Un flamante candidato

Columnista:

Armando López Upegui

 

Mucha euforia en algunos sectores ha producido el anuncio de la candidatura presidencial del exministro de salud Alejandro Gaviria, sobre todo ahora que las posibilidades de Faraón Fajardo se ven cada día más borrosas y distantes y que la llamada Coalición de la Esperanza empieza a hacer agua ante el surgimiento de una opción electoral más acorde con lo que el cuerpo les pide a muchos liberales que están allí escampándose.

El señor Gaviria es un hombre culto. Escritor de agradable pluma. Preparado en varios campos del saber, como el que más. Un estadista, sin duda. Está lejos de la ordinariez, la excremental mediocridad ambiente que reina en el actual partido de Gobierno.

Porque, hasta donde se sabe, carece de nexos con narcos o paras. Sus manos no están untadas ni de sangre ni de polvo blanco. En ese sentido ha sido un hombre limpio. Hasta donde se sabe.

Lo que más llama la atención entre sus nuevos adeptos es precisamente eso: es un hombre de imagen vendedora, fotogénico, un liberal clásico, que no genera resistencias, ni enconadas polémicas, ni está emparentado con la cloaca de donde han salido los gobernantes del actual partido de Gobierno, comenzando por su fundador y máximo mentor.

Durante su paso por el Ministerio de Salud, Alejandro Gaviria tuvo una posición razonable y progresista en el espinoso tema del precio de los medicamentos, particularmente, de aquellos necesarios para el tratamiento de enfermedades graves o terminales con los cuales las multinacionales farmacéuticas venían especulando y haciendo su agosto a costillas de los enfermos que, en más de una ocasión, se veían en la obligación de recurrir a la acción de tutela para que entrara el Estado a garantizar sus tratamientos.

Notable también, fue la posición de Gaviria frente al tema de las aspersiones aéreas con el peligroso pesticida glifosato, lo cual impidió los daños a la vida y la salud de miles de indígenas y campesinos de las diversas regiones donde se expanden los cultivos ilícitos, así como la depredación inmisericorde de los recursos naturales.

Pero eso no le quita su condición de hombre de las élites. Es un hombre afín a los intereses de los gremios económicos, de las grandes empresas financieras y comerciales. Es uno de ellos. De los mismos que mandan y han mandado por siempre en este país.

Su claro y decidido apoyo a las reformas laborales y tributarias realizadas en los últimos veinte años así lo testimonia. Su retórica enmarcada dentro de la ortodoxia liberal económica, que ha hecho metástasis en la formación de toda una frondosa casta de jóvenes economistas bien pensantes, que hoy día ocupan los cargos directivos en las corporaciones financieras que señalan y precisan el camino de la economía colombiana desde el punto de vista de la dogmática neoliberal, lo hace un hombre idóneo para el poder, pero para el poder que será ejercido con una sencilla fórmula: más de lo mismo.

Es claro que, entre Alberto Carrasquilla, la eminencia gris del uribismo, evangelista de la economía dócil y mansamente subordinada al Fondo Monetario Internacional y a las entidades financieras transnacionales y Alejandro Gaviria, el buen neoliberal, la distancia no es muy grande. Tal vez los separen algunos bonos de agua, porque Gaviria, nuevamente hasta donde se sabe, ha carecido del cinismo y de la falta de escrúpulos de la eminencia gris uribista, pero nada más.

Por eso no hay que engañarse, ni hacerse muchas ilusiones: con Alejandro Gaviria en la presidencia no va a cambiar absolutamente nada de la actual realidad. Será otro gobierno Santos, en el mejor de los casos, con un mascarón de proa limpio y renovado. Pero sustancialmente será lo mismo.

La retórica de sus sesenta y dos puntos es solo eso, retórica. Pero no hay que esperar programas que impliquen gasto social. No hay que esperar intervención del Estado para garantizar mejor y mayor acceso de las clases medias y bajas a productos y servicios esenciales. Con Gaviria en la presidencia, habrá, tal vez, menos cinismo, menos descaro, menos desfachatez en el discurso oficial. Tal vez, habrá menos funcionarios con gula por los recursos del erario.

Pero la retórica seguirá siendo la misma que viene predicando el liberalismo desde la aparición del librito de Adam Smith: no se puede hacer inversión social porque hay que producir y acumular primero la riqueza en unas cuantas manos, para después poder hacer el reparto. La ley de la regla fiscal se va a seguir anteponiendo al artículo 2.° de la Constitución Política que fija los fines del Estado.

Porque, en otras palabras, y conociéndolo como lo conocemos por sus columnas de prensa, por sus libros, por sus enseñanzas en la Universidad de los Andes, podemos asegurar que, en un eventual gobierno de Alejandro Gaviria, nos van a condicionar el reconocimiento y garantía de los derechos fundamentales como los de salud, agua potable, saneamiento básico, acceso a la educación y demás consagrados en la Carta Constitucional, a que haya suficientes recursos para ello. Y como en Colombia nunca hay suficientes recursos para nada distinto que no sea la apropiación delictiva de los fondos públicos, vendrán nuevas reformas tributarias con impuestos indirectos, vale decir más IVA, más 4 por mil, entre otros y tendremos que volver a ver las calles y las plazas llenas de ciudadanos protestando, porque la gente no se va a dejar matar de hambre y necesidades por darle gusto al Fondo Monetario Internacional y a las agencias financieras transnacionales.

Lo que, finalmente, me llama la atención es imaginar cuál va a ser la opción que va a tomar la derecha a la hora de las decisiones finales, en la segunda vuelta electoral. Porque desde ahora me atrevo a pronosticar que el verdadero enfrentamiento que veremos en las urnas de 2022 será, del lado de la derecha, entre Uribe y Santos, por medio de sus alfiles Óscar Iván Zuluaga y Alejandro Gaviria, contra la opción de la izquierda democrática, probablemente encabezada por Gustavo Petro.

Es probable que, en el evento de que Petro sea uno de los contendores que pase a la segunda vuelta, veremos, al lado de toda la retórica apocalíptica según la cual nos volveremos una segunda Venezuela, el bochornoso espectáculo de los abrazos y el besamanos de los citados expresidentes, unidos en santa cruzada para derrotar el mismísimo fantasma que recorre al mundo desde cuando, en 1848, Marx y Engels anunciaron su manifiesto: el fantasma del comunismo.

 

 

( 2 ) Comentarios

  1. El academico Gaviria, como el mismo se define, en su paso por Planeacion Nacional en la era Uribe 1, fue el articuilador del plan de desarrollo que termino «vendiendo» las empresas comerciales del Estado con cuyas utilidades se garantizaba las sesantias de los servidores publicos Con la enajenacion se consolido el monopolio bancario, las empresas de trelefonia se apoderaron del espectro al desaparecer Telecom
    Son buenos recuerdos para cuando la union de Santos y Uribe sea un hecho y derrotar a Petro.

  2. El academico Gaviria, como el mismo se define, en su paso por Planeacion Nacional en la era Uribe 1, fue el articuilador del plan de desarrollo que termino «vendiendo» las empresas comerciales del Estado con cuyas utilidades se garantizaba las cesantias de los servidores publicos Con la enajenacion se consolido el monopolio bancario, las empresas de trelefonia se apoderaron del espectro al desaparecer Telecom
    Son buenos recuerdos para cuando la union de Santos y Uribe sea un hecho y derrotar a Petro.

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Armando López Upegui
Historiador, Abogado, Docente universitario y Maestro en Ciencia política.