The colombian black friday o viernes negro en Colombia

Se dieron cuenta de que se pueden lograr muchas cosas si nos unimos contra los corruptos, contra las falsas mentiras y contra la desinformación.

Opina - Sociedad

2019-12-02

The colombian black friday o viernes negro en Colombia

Autor: Edgar Uruburu

 

El viernes negro y su relación con el Día de Acción de Gracias… En Colombia ya lo copiamos, (como todo).

En Estados Unidos, tradicionalmente, se celebra el Día de Acción de Gracias el cuarto jueves del mes de noviembre. Nació en 1621 cuando un grupo de colonos de Plymouth, actual estado de Massachusetts, compartió una comida con los indios wampanoag para celebrar la cosecha del otoño. Después, Abraham Lincoln la estableció como fiesta nacional. 

Pero, en realidad, lo que nos atañe principalmente es el black friday o viernes negro, que seguramente por su nombre, en Colombia, estará llenando de cucarachas la mente de los retrógrados puritanos. Para ellos todo lo negro es demoniaco.

El viernes negro es el viernes siguiente al Día de Acción de Gracias y comienza justamente en el límite, en la línea que separa esos dos días. Para aprovechar las ofertas mucha gente abandona a su familia en medio de la celebración para irse a hacer largas filas en las entradas de los almacenes y así ganarse los descuentos que hacen.

Estas rebajas son de una magnitud tal que la gente no duerme para poder comprarse los zapatos, el vestido, el computador o el celular de sus sueños, entre otros. Tal vez es el día del año en que las ventas son las más multimillonarias.

Pero como los colombianos somos unos adelantados, y más los bogotanos; que nos creemos familiares en primer grado de nuestro conquistador y fundador, el ilustre don Gonzalo Jiménez de Quesada, decidimos anticiparlo una semana. En Estados Unidos y Canadá se celebra el #28N y #29N, pero nosotros los hicimos el #21N y #22N-23N

El #21N, equivalente al #28N gringo, debía ser el Día de Acción de Gracias. El Gobierno y los del Centro Democrático querían que no se protestara, que cómo así, que cómo vamos a protestar si tenemos todo, no nos faltan ni la papa, ni la yuca y mucho menos la arepa paisa al estilo Uribito, entre tantos otros privilegios que tenemos. Que no señor, que tenemos es que orar, unirnos a las cadenas como la del Oratón, que tenemos que seguir siendo el país del Sagrado Corazón y no nos vayamos a desviar del camino.

Que cómo así, que cómo vamos a protestar si “gracias a Dios” somos un país rico. Que si salimos a protestar es porque queremos que nos regalen todo como en Venezuela, y no, eso sí que no podemos ni debemos permitirlo. Que todos los que salen a las marchas son unos vagos que quieren que les den todo gratis. Esos, los que no quieren es ni trabajar ni estudiar. El #21N debe establecerse como ¡el Día Nacional de Acción de Gracias en mi Colombia del alma!

De ahora en adelante todos los terceros jueves de noviembre quedarán establecido como el día del pavo, aunque no comamos pavo como los monos, pero debemos hacerlo; es nuestro deber como ciudadanos de bien y por el amor al innombrable, su séquito y sus miles de seguidores en Twitter “que quieren una patria libre e independiente”.

“Fuera el castrochavismo”, esa es la consigna para el día del pavo y de la Acción de Gracias más conmovedora y pacífica del mundo. Expulsaremos a los demonios de nuestra santa y poderosa tierra. ¡Viva la libertad sublime!

Nuestros amados medios de comunicación serán los encargados de difundir esto a nivel mundial para que quede la constancia escrita, auditiva y visual de que “the colombian people es la más agradecida del planeta”.

Nuestros hijos y nietos pertenecerán a esas generaciones, “bendecidas por el calor humano, el amor, el ejemplo de vida y la paz que muestran los líderes que reemplazaron a Bolívar”. Entre ellos podemos nombrar al innombrable (ah mierda, ya lo nombré); a María Fernanda, una que dicen que es cabal pero que en realidad no tiene nada de cortesía y menos de diplomacia; a alguien que creo tiene parentesco con las aves y es familiar del famoso poeta Valencia.

El poeta Valencia, al parecer, también era visionario, lean lo que plasmó en uno de sus poemas:

Hay un Instante…

Hay un instante del crepúsculo
en que las cosas brillan más,
fugaz momento palpitante
de una morosa intensidad.

Se aterciopelan los ramajes,
pulen las torres su perfil,
burila un ave su silueta
sobre el plafondo de zafir…

 

Y de los medios deben ser endiosados y perpetuados personajes como Enfermedad Hernández, Julito el clavito, Manuel Te Adoro, y tantos y tantos que informan a diario lo que sus patrones les ordenan. Claro que a algunos les nace de corazón porque es su naturaleza. Bienvenido el Día de Acción de Gracias como lo sugieren “los nuevos libertadores de la patria boba”.

Y bueno, the black friday, definitivamente, también quedará establecido al día siguiente de la Acción de Gracias para recordar ese tenebroso pero maravilloso viernes negro que vivimos y que, como a los colombianos, nos gusta con la ñapa duro hasta el sábado.

Ese viernes será recordado como uno de los días en que las ventas aumentaron. Las situaciones que se vivan en ese instante pueden ser que, por ejemplo, los más beneficiados fueron los almacenes donde venden armas de simulación, aquellos donde los revólveres de imitación, las espadas y demás armas de ese tipo parecen de verdad, pero son de mentiras: arrasaron con todas las existencias.

En entrevistas televisadas la mayoría de los dueños de estos negocios contaron que parecía que hubieran hecho como los gringos: descuentos hasta del 75%, compre una y lleve dos. “Parecía que las estuviéramos regalando cuando lo que hicimos fue subirle un poquito el precio, pero no se dieron cuenta, o actuaron como si les hubieran aumentado el IVA. Practicamos la ley de la ventaja (ah pensé que solo se daba en el fútbol), comentó un joven.

Se beneficiaron las ferreterías, nunca antes habían vendido tantas varillas, ni cables. A las misceláneas también les fue bien con la venta de bombillas, linternas y demás. Ah y desde luego, las tiendas, que en Bogotá sus dueños estaban llorando porque los borrachos no les dejarían sus ganancias debido a la Ley seca, finalmente pudieron vender por debajo de cuerda. ¿O sería de la puerta? No recuerdo si recomendaban tener algún polvo para esparcir en los ojos de los atacantes. En ese caso sería importante tener un muy buen polvo. Ahí sí que la pasaría uno bien.

Surgió una histeria colectiva generada por las cadenas virtuales, un pánico aterrador que se desató promovido en Twitter, donde María Fernandita invitaba a armarse y que luego, días después, Enfermedad Hernández le echó la culpa a Petro diciendo que este se salió con la suya, y que en la marcha del #27N tocaba tener cuidado, pues los marchantes iban a ir armados de revólveres y se iba a formar la trifulca más grande. Ella dice que ama el periodismo… pobrecita, debe ser lo que llamamos periodismo negro.  

Pero no sólo fueron las cadenas de WhatsApp, Twitter y Facebook, sino las mismas autoridades. Escuché en una miscelánea bogotana a una mujer “¿de verdad? ¡No lo puedo creer!”.

Lo bueno de todo esto fue que finalmente todos se dieron cuenta de que no pasaba nada, que los venezolanos referenciados como atacantes nunca llegaron (aunque hay videos donde la Policía los transporta en medio del toque de queda), que ese miedo y esa angustia no había servido para matarlos sino para despertarlos y unirse con sus vecinos, para compartir como nunca antes.

Salieron a flote los canelazos, se compartieron las polas con los vecinos con los que no se dirigían la palabra desde hace tiempo por denunciarlos por no dejar dormir, compartían sin dormir para protegerse, para darse cuenta de que la unión hace la fuerza.

Se dieron cuenta que se puede reír y soñar juntos, así solamente nos falte el centavo para completar el peso. Se dieron cuenta de que se pueden lograr muchas cosas si nos unimos contra los corruptos, contra las falsas mentiras y contra la desinformación.

The black friday se convirtió en dos, viernes por la noche y sábado en la madrugada…

De repente alguien grita: “cuidado que ahí viene el Esmad, corran escondan mi celular porque vienen por los videos que grabé”…. Ah, ese soy yo, pero ya me los habían borrado. Los cristianos dirán que eso me pasó por no dar gracias, por olvidar el thanksgiving colombiano, que debe ser a diario. Por ateo, dirán otros.

¿Qué hago? Si les digo que soy espiritual entonces me pondrán la cacerola en la cabeza, pues como ustedes saben, para desvirtuar el gran efecto que tuvo el cacerolazo sacaron un cuento que enviaron en forma de imagen como cadena de redes sociales, decía lo siguiente:

“(…) el llamado cacerolazo no es ningún acto de protesta es algo espiritual que genera hambruna en los países donde se hace sentir el pueblo de esta manera, porque la cacerola significa la comida y la cuchara es la forma de alimentarse”.

‘Gracias al señor’ no estoy cerca de su majestad, o si no me diría: “¿Por qué hizo eso? Le voy a dar en la cara marica”

Reaccioné, recordé que eso sucedió fue el jueves en la tarde, el #21N. Pero sucede que me quedó en la mente, y aunque estuve tranquilo, de todas maneras influyen el ruido de los disparos y los gases lacrimógenos aturden, enceguecen y te hacen llorar más que cuando sufres por una mujer. Aún hoy me tienen los párpados irritados, la nariz tapada sacando moco tendido como si tuviera sinusitis crónica, expectorando como nunca antes lo había hecho y con la garganta súper reseca.

Ojalá pongan otra vez ley seca para tomarme unas pocholas a escondidas. Gracias a Dios la Ley de la compensación no existe y, por ello, es mejor no desearle el mal al prójimo.

¡Qué vivan los creadores del pánico porque, a pesar de la histeria colectiva que vivieron mis vecinos, familiares y amigos, “todos la pasaron del putas”.

Nos vemos el próximo año para celebrar Acción de Gracias. Aquí en Culombia es el tercer jueves de noviembre y al día siguiente es el viernes negro. No vayan a botar las varillas, esas les sirven para defenderse de los ladrones callejeros. Eso sí, voten nuevamente por los ladrones del Congreso, de las alcaldías, de las gobernaciones y del Gobierno Nacional, de quienes ustedes no se defienden por dos motivos: porque saben que les mandan el escuadrón antimotines o porque, como dice un amigo, les gusta que les den por detrás. ¡Buena suerte compañeros de viaje! Y como hoy todo es al estilo gringo, he dicho: ¡caso cerrado!

 

Nota

Dilan Mauricio Cruz Medina, unos te defienden, otros te atacan sin poder saber quién eras en realidad. Solo tu espíritu lo sabe, solo tu familia que te llora lo sabe. Así como fuiste tú, hubiera podido ser yo, que estuve en medio del fuego cruzado de las armas del Esmad, aspiré sus gases lacrimógenos, lloré por ellos y mi respiración se cortó.

Alguien dijo que “si tú estabas allí entonces no eras una joyita”, en ese caso yo tampoco lo soy. Les recuerdo que, como Dilan, solamente soy un ser humano, un periodista que lucha por la verdad, la reconciliación y la justicia social.

 

 

Foto cortesía de: @eiyco, @jhossmarulanda, @jorgecallephotography

 

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Edgar Uruburu
Comunicador Social-Periodista@uniLibertadores Poeta (Sueños, 1995 y otros en el cajón de los recuerdos), locutor. En busca de la verdad para conseguir un mundo con equidad social como máxima expresión. Sociología para todos... Mi pensamiento no refleja el de mi familia ni el de www.laOrejaroja.com