Suspicacias, mentiras y un Gobierno sin credibilidad

La inusitada rapidez con la que las autoridades explican lo ocurrido y encuentran a los responsables, contrasta con su incapacidad para evitar atentados contra el jefe del Estado.

- Política

2021-06-27

Suspicacias, mentiras y un Gobierno sin credibilidad

Columnista:

Germán Ayala Osorio

 

Si algo enseña el ejercicio del poder, en casi todas las actividades humanas, es que la mentira y las medias verdades aparecerán siempre para ocultar, matizar o salvaguardar el orden y adoptar medidas, cuando las circunstancias así lo ameriten. Recuerdo que después del atentado contra Luis Carlos Galán, circuló una versión que indicaba que sobre la hora de su deceso se mintió, para que las autoridades pudieran adoptar medidas para salvaguardar el orden, que podría verse afectado por el dolor nacional que produciría el vil asesinato del carismático líder político.

En esa línea, todos los gobiernos mienten, matizan versiones, hechos y discursos. Pero como todo, hay gobiernos de gobiernos; es decir, hay unos que timan más que otros, pues falsean la realidad  al esgrimir que se trata de salvaguardar los siempre discutibles máximos intereses del Estado.

El Gobierno de Iván Duque Márquez ha venido consolidándose como uno de los más mendaces de los últimos tiempos, fruto de la continuidad de la falsedad como política en el marco de lo que se conoce como el uribismo. Baste con recordar que mintió con los tiempos de llegada de las vacunas contra el COVID-19 y lo mismo con la prometida reconstrucción de la isla de Providencia, en 100 días, convertida su calamidad en la más grande burla del gobierno nacional. De esa manera, todo lo que diga, haga o prometa, siempre será medido por la fuerza de la suspicacia de una opinión pública que cada vez es menos inocente frente a los discursos oficiales.

En el marco de lo anterior se debe entender y comprender las dudas que circulan en torno a la realidad del posible atentado que sufrió la aeronave en la que se transportaba Iván Duque desde Cúcuta, hacia Bogotá. Las aprensiones que circulan en las redes sociales van desde la trayectoria de los disparos, hasta la aparición de los fusiles con los que aparentemente fue atacado el helicóptero que transportaba al mandatario. La inusitada rapidez con la que las autoridades explican lo ocurrido y encuentran a los responsables, contrasta con su incapacidad para evitar atentados contra el jefe del Estado.

Quienes creen en la versión oficial y hacen parte del Establecimiento, critican a aquellos que se han atrevido a dudar de la veracidad de lo ocurrido. Al parecer, olvidan los primeros, la cantidad de mentiras en las que ha incurrido de manera directa quien nominalmente funge como el presidente de la República, así haya dudas razonables sobre quién realmente toma las decisiones, y en particular, si estas se adoptan desde la Casa de Nariño o desde la hacienda el Ubérrimo.

Aporta al fortalecimiento de los recelos con los que una parte importante de la opinión pública asumió la noticia del atentado contra Duque, la poca claridad que existe en torno al incidente con explosivos ocurrido en la Brigada 30 con sede en Cúcuta, presentado como un «atentado terrorista perpetrado por el ELN». Autoatentado o simplemente un accidente grave en la manipulación de los explosivos, lo cierto es que entre más pasa el tiempo, la credibilidad de las fuentes oficiales se debilita por lo ya señalado líneas atrás: el Gobierno se acostumbró a mentir.

Se suma a lo anterior un hecho político que debe tener muy preocupados al propio Iván Duque y a esa parte del establecimiento fondeada ética y moralmente en lo que se conoce como el uribismo: tan solo el 16 % apoya la gestión de Duque. Ante esa realidad política, cualquier hecho o noticia que sirva para victimizar al jefe del Estado, puede, potencialmente, servir para mejorar la imagen de quien ha usado la mentira para gobernar.  

Más allá de lamentar y rechazar el hecho en sí mismo, que por supuesto lo hago, no podemos olvidar que el probable atentado ocurrió en una zona de conflicto y ha sido Duque quien se ha opuesto, siguiendo las instrucciones de Uribe, a implementar el Acuerdo de Paz de La Habana. Casi siempre se cosecha lo que se siembra. 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Estudiante del doctorado en Regiones Sostenibles de la Universidad Autónoma de Occidente.