Somos la resistencia

La resistencia hacia este remedo de Gobierno, subgobierno, o el teatro del títere y el titiritero; póngale el nombre que más le guste, es una tarea que no daba espera.

Opina - Conflicto

2021-05-14

Somos la resistencia

Columnista:

Juan Macías Pabón

 

Llegó el momento de levantar la voz y hacerse notar. Desahogar en un grito los sentimientos de millones de colombianos silenciados, vulnerados, afligidos, agobiados y suprimidos por un Gobierno al que le vale huevo el bienestar de los habitantes de su país.

Desde el 28 de abril, un pueblo decidió salir a hacerse notar. Con pitos, tapas, pancartas y mucha determinación, los representantes de millones de nosotros, han estado a sol y sombra guerreándola para que no nos sigan viendo la cara de maricas.

La resistencia hacia este remedo de Gobierno, subgobierno, o el teatro del títere y el titiritero; póngale el nombre que más le guste, es una tarea que no daba espera.

La resistencia está en las calles, muchas veces estigmatizada por aquellos a quienes está defendiendo, y que de momento son ciegos de un fanatismo político. Muchas tantas más por un saboteo sistemático por parte del Estado, que crea un caos de destrucción para hacer ver a los marchantes como los más vándalos, y muchas otras, por el mismo furor de hacerse sentir y torpedear el camino con acciones que no son bien vistas antes los ojos de la moralidad.

La resistencia la conforman aquellos que defienden los derechos más básicos y necesarios de todo ser humano, esos derechos que, a duras penas, nos entregan como migajas. El derecho a la vida, a la educación, a la salud, al trabajo, al libre desarrollo de la personalidad, a la libertad y seguridad, a la inclusión social, a la libre expresión, a la dignidad humana y a decidir sobre el cuerpo propio, son algunos de los tantos derechos que hacen parte de esta resistencia social y popular.

Ellos, defensores de lo anteriormente expresado, y que están en las calles basándose en un sentimiento altruista, se están jugando la piel por todos nosotros. Literalmente, se están haciendo matar por nuestra redención.

Con cada minuto que pasa, hay una gota de sangre que se derrama. El Gobierno dio la orden y la fuerza pública volteó las armas para masacrar a los manifestantes. Y es aquí donde entra en escena la famosa frase de Simón Bolívar: «Maldito el soldado que apunte su arma contra su pueblo».

«El soldado», es en este momento el Esmad y la Policía Nacional. Ellos, que también son colombianos, y podría asegurar que también han sufrido ante la poca presencia de un Estado históricamente indolente, son quienes nos apuntan y nos disparan a mansalva. Los han adoctrinado. Los han hecho creer que «los malos» son los marchantes, los resistentes. Les lavaron la mente y ahora defienden, no los intereses de todo un pueblo, la cual debería ser la razón fundamental de su labor, sino, los intereses de unos pocos; aquellos que pueden ver mermados o acabados sus sueños de poder y grandeza ante el grito de dolor patriótico de toda una nación.

La resistencia ha perdido guerreros y guerreras, pero no por cobardía o abandono, lo ha hecho porque les arrebataron la vida. Todos ellos: Michel, Juan, Marcelo, Cristian, Pol, Yarli, Miguel, Daniel, Edwin, Dadimir, Einer, José, Kevin, Jesús, Brayan, Jefferson, Santiago y Nicolás, se convierten hoy en los rostros para seguir luchando. El mejor homenaje que les podemos hacer, es no desfallecer y seguir en pie de lucha hasta lograr la dignificación de todo nuestro pueblo.

Poco a poco la resistencia va dando sus frutos. Asuntos como la marcha atrás de una maquiavélica reforma tributaria que pretendía terminar de exprimir al pueblo, o la renuncia de un nefasto ministro de Hacienda, que priorizó los intereses de los banqueros sobre la necesidad de los pequeños y medianos empresarios del país, son triunfos que vale la pena resaltar. Pero ahí no puede quedar todo, la lucha apenas comienza y las decisiones que debemos tomar como país trascienden más allá de esas dos victorias obtenidas. Es ahora cuando debemos mantenernos firmes en nuestras posturas y lograr una victoria completa que contemple un triunfo integral de un pueblo que alzó su voz.

Acercándose a la necesidad latente de todo un país, la resistencia se fortalece.

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Juan Macías Pabón
Dando lidia desde 1990. Escribo cosas por pasión y con mucha indignación.