Sobre Juan Camilo Agudelo, el amigo

Era hijo, primo, amigo, estudiante, parcero de la barra y compañero de tertulias sobre Borges y Cortázar… ¿Cómo pudieron escribir que merecía morir?, ¿uno le desea eso a alguien? ¿Hasta qué punto han llegado los humanos?

Opina - Sociedad

2019-10-31

Sobre Juan Camilo Agudelo, el amigo

Autora: Tatiana Balvín

 

Han pasado seis años, seis largos años en los que he escrito de todo; pero es primera vez que me atrevo a escribir sobre él. Es que escribir de muertos propios es más difícil; mucho más.

Hace seis años, un 30 de octubre a las 11:30 de la mañana falleció Juan Camilo Agudelo, el amigo, el aventurero, el que me prestaba libros de literatura que solo leía él, el que me llevaba de una universidad a otra para que no me cogiera la tarde, el que admiraba, el de los ojos lindos… Ya han pasado seis años, y hoy los recuerdos de las redes sociales lo trajeron a mi memoria, siempre ha estado, pero particularmente más.

De Juan Camilo aprendí rutas para viajar por Latinoamérica sin compañía, (que únicamente escuché porque hasta ahora no me he arriesgado a hacerlas, las conservo en un cuaderno para algún día emprender el reto de dejar todo y vivir), conocí historias que yo llamaba “el viaje a pie de Camilo”, ideas del fútbol en paz y moderno, del antifascismo y su forma de unir los países del sur, del punk como cultura, del rock como alegría. De ese mono yo aprendí que la vida es ahora y que los viajes son enseñanzas, que el paso por la tierra es corto y hay que estar presente al 100%.

Apenas hoy, 2.160 días después, me he atrevido a leer lo que en medios de comunicación se escribió de él, dicen que murió en la Universidad Nacional, que era rebelde, que era capucho, que era líder de un grupo, y en los comentarios de éstas publicaciones hay quien dice que “lo merecía”.

Han pasado casi 51.840 horas desde el suceso y las lágrimas volvieron a mí. Es que nadie merece la muerte, es que nadie es quien para juzgar. ¡Si tan solo nos pusiéramos en los zapatos del otro!…

El día del incidente yo estaba en una sala de redacción, apenas iniciaba mis pinos para aprender cómo funciona el periodismo regional, supe de la noticia por un trino de la Universidad de Antioquia que leyó en voz alta un compañero llamado Ricardo —que era el encargado de las noticias de orden público del departamento—.

Yo no lo creía, me imaginé otro Juan Camilo, nunca el que conocí a los 16 años como estudiante de Ciencia Política. ¡Uno nunca se imagina que los muertos sean de uno! Cuando averigüé con mis amigos de la universidad, efectivamente se trataba de Agudelo, el estudiante de octavo semestre de sociología. Pero yo tenía temor de que juzgaran su memoria, de que justificaran su muerte en mi lugar de trabajo, entonces nunca dije en voz alta que era mi amigo.

No quiero ahondar en los sucesos de ese día, porque sus razones no las conozco, porque en algún momento lo cuestioné, porque nunca supe que pasó, porque nunca nadie, solamente él sabrá lo que ocurrió el 30 de octubre de 2013 en las mangas de artes de la Universidad Nacional a las 11:30 de la mañana. Por esos días tenía una novia; quien es aún mi amiga, su madre cocinaba rico y su padre acolitaba cada una de sus elocuencias.

Era hijo, primo, amigo, estudiante, parcero de la barra y compañero de tertulias sobre Borges y Cortázar… ¿Cómo pudieron escribir que merecía morir?, ¿uno le desea eso a alguien? ¿Hasta qué punto han llegado los humanos?

El día del funeral fuimos muchos jóvenes, yo estuve lejana, inmóvil, con una lágrima en el rostro porque tenía mucha rabia. Una bandera del deportivo Independiente Medellín y los cánticos de nosotros, sus amigos, lo acompañaron hasta el último momento.

Luego de eso llegaron las supuestas investigaciones; los periodistas preguntaban incisivamente sobre lo ocurrido y la madre no dijo nada porque quería honrar su memoria. ¿Quién le explica a un periodista la muerte de un hijo? ¿Porque los medios no han entendido que en momentos de dolor la mejor forma de comunicar es el respeto? ¿Por qué la sociedad no ha entendido que a uno le duelen sus muertos?

Yo quería hablarles de Juan Camilo, quería escribirles lo buen humano que era ese “monito”, quería que en la memoria quedara mucho más de lo que leí hoy en la prensa. Quería revivir ese día para que lo ocurrido con este estudiante no volviera a pasar; porque es ésta la generación del cambio, la que tiene que llamar a la palabra para que no solo con la violencia sean escuchadas las ideas, los argumentos y las discusiones. Para que en el futuro alguien entienda los letreros de ¡el olvido no es una opción!

¡Para que ya en las universidades cese tanta violencia!

¡Para que haya justicia y no haya más jóvenes muertos!

¡Para que la educación sea un campo de confrontación de ideas, no de fuego!

 

 

Foto cortesía de: El Tiempo

 

 

 

( 3 ) Comentarios

  1. Hola Tatiana gran escrito para camilo 🙂
    Lo conocí en el 2010. Cuando se quedo en un espacio aca en lima, desde esa nos entramos cada vez pasaba por esta ciudad siguiendo a su querido Dim.

    Me entere de su muerte y me dolio mucho, hasta ahora lo extrañamos por aca 🙁 la ultima vez que nos vimos casi pierde el bus por quedarnos a charlar jaja fue gracioso y la ultima vez que lo vi 🙁

    Llegue a conocer a su madre que vino a Lima en el 2014 gran persona tambien.

    Es lindo saber que lo recuerdan y este escrito refleja eso…
    Muchas gracias 🙂

  2. ReplyAndrés Felipe Guzmán

    Juanca vive!

  3. Me duele que este tipo de sucesos se sigan repitiendo, los jóvenes sembradores de sueños tienen que cambiar los metodos de lucha, y de esta forma evitar que muchos mas de estos sigan perdiendo la vida.

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Tatiana Carolina Balvín
Periodista – Estudiante Posgrado Universidad Nacional