Sergio Fajardo, ¿un político de centro?

Si la apuesta por la educación responde a un proyecto coherente y capaz de llevar a la sociedad por caminos distintos, lo primero que debe hacer Fajardo y su equipo, es presentar, como antecedente grave, lo que sucedió en Colombia entre el 2002 y el 2010.

Opina - Política

2019-04-17

Sergio Fajardo, ¿un político de centro?

A Sergio Fajardo lo han tildado de tibio por sus respuestas ambivalentes, guiadas muchas de estas por una diplomacia meliflua que lo acerca a un perfil propio de un político temeroso, acomodaticio y pusilánime.

Esa misma diplomacia delicada, poco a poco ha aportado a una idea generalizada de que el excandidato presidencial es incapaz de asumir posturas claras y férreas sobre la base de defender un verdadero proyecto ético-político, que se proponga superar el ethos mafioso que se entronizó en las relaciones Estado-Sociedad-Mercado.

Ahora, por cuenta de una filtración1 de WikiLeaks, que alude a una conversación, de 2011 que el ex gobernador de Antioquia sostuvo con el entonces embajador de EE. UU. en Colombia, William Brownfield, el político antioqueño debió salir a los medios masivos a defender, nuevamente, una idea que parece servir poco para la Colombia que deviene “polarizada y crispada ideológicamente” desde 2002. Esa misma idea la repitió en su pasada campaña presidencial: “no estamos con los extremos, no vamos a polarizar más a este país”.

Por esa vía, Fajardo insiste en ubicarse en un centro político, con la intención de hacer confluir allí a quienes no solo comparten su idea de “no polarizar más”, sino a quienes, por la fuerza de la costumbre, y otros, por simpatías ideológicas, comparten principios, valores y prácticas de esa Colombia mafiosa que fue capaz de naturalizar el Todo Vale que guio la vida política, social, cultural e institucional de Colombia entre el 2002 y el 2010. Dice Sergio Fajardo lo siguiente:

“Yo no soy uribista, ni anti uribista. El problema de nosotros, en este país, es no estar tomando una posición respecto a Uribe, que de forma tal determina todo lo que somos, independiente a la apuesta que estamos haciendo a la educación y el avance en la construcción de una sociedad diferente”.

Si la apuesta por la educación responde a un proyecto coherente y capaz de llevar a la sociedad por caminos distintos, lo primero que debe hacer Fajardo y su equipo, es presentar, como antecedente grave, lo que sucedió en Colombia entre el 2002 y el 2010.

Al no hacerlo, el proyecto educativo fajardista se aplicaría en el vacío o simplemente se calificaría como inviable, debido a que, de todas maneras, deberá enfrentarse a los fiordos de la inmoralidad que con el concurso, anuencia y complacencia de agentes económicos de la sociedad civil y autoridades militares y de policía, Uribe Vélez sembró en todo el territorio colombiano, en particular en ciudades capitales.

El gran error en el que incurre Sergio Fajardo está en obviar los enormes daños que Uribe Vélez dejó en la moral pública y en la ética ciudadana. Al hacerlo, el exgobernador antioqueño no solo evita la discusión, sino que insiste en tapar el evidente proceso de confusión moral en el que cayó la sociedad, el Estado y el Establecimiento en el ya señalado período presidencial.

Y no se trata, como señala el político antioqueño, de ser uribista o declararse anti uribista. Fajardo cae en el reduccionismo que a millones de colombianos les sirve para evitar no solo discutir el “legado moral y ético” que dejó aquel presidente, sino para evitar buscar recomponer los límites fronterizos entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo ilegal y lo legal, que fueron borrados por quienes aceptaron, aplaudieron y se beneficiaron del “proyecto ético-político-cultural” que funcionó en Colombia sin mayores resistencias durante los ya referidos 8 años de gobierno.

Ahora bien, más que reaccionar a lo que dicen de él en las redes sociales en relación con el filtrado mensaje, Sergio Fajardo debe explicarle al país lo que dijo de Uribe en dos columnas publicadas en el diario El Colombiano.

En una de estas, titulada, Uribe, el hombre, señala queuno de los pocos políticos que en la historia reciente del país ha dignificado la actividad política es Álvaro Uribe Vélez(publicada en 1994). Y en la otra, intitulada El Gobernador Uribe, publicada en 1997, sostuvo que “el Gobernador Uribe es uno de los pocos líderes que tiene el país”.

Además, calificó de ”honesta” la administración del ya referido político. Basta con leer las investigaciones por presuntos apoyos a grupos paramilitares y a la comisión de masacres que en su contra reposan en la Fiscalía y en otras instancias judiciales, para que los calificativos otorgados por Fajardo a Uribe no solo sean inmerecidos, sino exagerados.

Insisto, no se trata de declararse uribista o anti uribista. Por el contrario, lo que se espera de candidatos presidenciales verdaderamente comprometidos con un proyecto ético-político serio y coherente, que coadyuve a reorientar moral y éticamente a la sociedad, son posturas firmes y actitudes valerosas para señalar, sin tapujos y sin ambages, lo que otros han hecho mal.

Por todo lo anterior, el problema de Fajardo está en querer ubicarse en un centro político que, sin mayores exigencias éticas y morales, termina aceptando y validando, por miedo o por simpatías ideológicas, ese ethos mafioso que se entronizó en Colombia, gracias en parte a las acciones y al ejemplo del “líder tóxico” que el excandidato presidencial no quiso ver en Uribe Vélez.

Colombia necesita de un presidente que no solo sea símbolo de unidad de la nación, sino que enfrente con carácter y sin titubeos al mayor problema que tiene el país: la corrupción pública y privada.


 

1. En el filtrado cable se lee: “el candidato presidencial Sergio Fajardo nos dijo que no hay un frente unificado entre los cinco candidatos independientes y subrayó que no se unirá a ninguna alianza anti-Uribe” (Campaña presidencial de 2010).

 

Foto cortesía de: Sitio web – Sergio Fajardo

( 3 ) Comentarios

  1. Muy grave y muy triste esta postura de un candidato en el que gran parte de los colombianos tenían puestas sus esperanzas (yo no). Lastimosamente la cultura de la mafia se ha entronizado tanto es nuestra sociedad que nos hace ciegos ante este tipo de personajes. La frase no soy Uribista ni antiuribista es una posición muy pero muy cómoda. No se trata de ser antiuribista y volverse automáticamente de izquierda y polarizar NO!! Se trata de entender que no podemos seguir en un país manejado por personas para las que todo “se vale” NO!
    Fajardo antes que político es educador, pero con esta actitud decepciona en los dos Campos. Alguna vez se dijo “ porque no eres ni frío ni caliente te vomito de mi boca”

  2. ReplyEmiro Alfonso Álvarez Velásquez.

    Nunca he creído en el individuo llamado Sergio Fajardo. Hasta en sus expresiones denota falta de compromiso con los problemas fundamentales del país. El tema de la educación se supone bandera de cualquier ciudadano, así que no es una persona excepcional porque lo proponga. Siempre me ha parecido una baraja de las élites del país o como mecanísmo de distracción para restarle votos al que lidere la oposición a éstas, a las élites. Líder falso.

  3. ReplyAntonio Rafael Córdoba Muñoz

    En verdad creo que Sergio Fajardo, es uno de esos estereotipos de la política colombiana y latinoamericana que desarrollan su olfato político para hacer confluir en ellos diversas vertientes del espectro ideológico, por co tradictorias que sean, lo que a su vez los lleva a desarrollar el don de la “ubicuidad politica”, es decir, estan con todos, con Dios y con el diablo, se venden así mismo como el “eje conciliador” de las profundas diferencias que hay en la sociedad, en nuestro caso, Colombianas, y que responden a intereses muy particulares de sectores sociales. En esta elasticidad ideológica, que procura el beneficio electoral, tambien cabe la elasticidad etica y moral en la política, que de suyo tolera respetuosamente la corrupción, entornizada como norma de conducta por la clase politica tradicional colombiana y magnificada en los últimos cuatro períodos presidenciales, especialmente entre 2002 y 2008, donde la connivencia con el delito y el crimen fué asqueante. Señor Fajardo, quien quiere servir a todos, termina sirviendo a los que detentan el poder. A ud. no lo veo como alternativa valida en estos cruciales momentos de nuestra historia.

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Germán Ayala Osorio
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Cursando Doctorado en Regiones Sostenibles.