Salimos del clóset y nos meten a un ataúd

El asesinato de Samuel no es diferente a los más de 105 casos de violencia homofóbica y transfóbica que habían ocurrido este año en Colombia con corte al 25 de junio, y que siguen sucediendo.

Opina - Género

2021-08-09

Salimos del clóset y nos meten a un ataúd

Columnista:

Juan Pablo Ospina Valencia 

 

13 atacantes, 3 puñetazos, 250 metros, 40 minutos de reanimación y 1 traumatismo craneoencefálico que le provocó la muerte. Todo esto ocurrió al grito de «maricón de mierda te voy a matar». Así fue como asesinaron a Samuel, un chico español que, irónicamente, fue brutalmente golpeado hasta la muerte por su orientación sexual el día de la conmemoración del Orgullo LGBT en su país.

El asesinato de Samuel no es diferente a los más de 105 casos de violencia homofóbica y transfóbica que habían ocurrido este año en Colombia con corte al 25 de junio, y que siguen sucediendo. ¿Por qué? Aquí, al igual que en España, cuando ocurren este tipo de ataques a personas LGBT, los responsables de investigar y esclarecer los hechos dicen que son casos aislados y que nada tienen que ver con discriminación.

Las personas LGBT vivimos en un luto perpetuo 365 días del año, porque ni siquiera en junio podemos ondear el colorido de la diversidad tranquilos. Ver las noticias es una incertidumbre constante para quienes nos duelen las vidas de nuestras hermanas y hermanos diversos. Lo único que esperamos es no encontrar un titular más en el que los medios informan sobre otro asesinato de una mujer trans, o la intimidación de los vecinos a una pareja de lesbianas que se tomó de la mano en la calle, o la golpiza a dos hombres gais que se besaron en público.

El Día del Orgullo LGBT existe para que salir del clóset no sea el primer paso del camino hacia un ataúd. Para que no vuelva a ocurrir lo que les pasó a Samuel y a Isabella Garzón; una mujer trans de 23 años que asesinaron a puñaladas en un parque del Poblado en Medellín el mismo día que marchó junto a sus amigos para conmemorar el Orgullo en esa ciudad. ¿Su crimen? El mismo de Samuel: conmemorar con libertar el orgullo de ser y existir en la diversidad.

Para el Estado colombiano los nombres de Isabella, Tatiana, Adriana, Michelle, y las más de 20 víctimas de homicidios y feminicidios de personas LGBT que han ocurrido en Colombia este año; no serán otra cosa más que una cifra en los registros oficiales. Otras muertes por esta misma causa tristemente no saldrán de un registro en Medicina Legal y las cifras oficiales se quedan cortas frente al subregistro que tienen las organizaciones y colectivos defensores de la población LGBT.

Decir abiertamente que somos LGBT en pleno siglo XXI no debería ponernos automáticamente un blanco en la espalda. Lastimosamente, salir del clóset en un país con una sociedad machista y heteronormada donde la institucionalidad igual de homofóbica y moralista que la misma sociedad implica exponernos a ser perseguidos. Como si de una cacería de brujas se tratase la persecución y al acoso casi siempre termina con un insulto en la vía pública, una golpiza en medio de la noche o una puñalada en el pecho.

Hasta cuándo las personas LGBT vamos a tener que vivir cerrando las puertas del clóset a nuestras espaldas para que las tapas de los ataúdes se abran frente a nosotros. Mientras esto siga sucediendo seguiremos reclamando justicia para Samuel, para Isabella, para todos a quienes la homofobia ha matado. Para decirle a la sociedad indiferente que sí es importante con quién íbamos tomados de la mano cuando nos persiguieron mientras nos insultaban, que sí importa a quien besamos antes de que nos molieran a golpes, que sí es relevante lo que nos gritan mientras nos matan. Que el día del Orgullo LGBT seguirá existiendo hasta que el color rojo de nuestra bandera vuelva a representar la vida y no la sangre que han derramado tantas víctimas de nuestra población.

 

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Juan Pablo Ospina Valencia