Ranking en cuarentena: lo bueno, lo malo y lo feo

Hay muchas luces verdes con esta cuarentena que nos dejan un aliento de esperanza para enfrentar lo que está por venir.

Opina - Sociedad

2020-04-16

Ranking en cuarentena: lo bueno, lo malo y lo feo

Columnista: 

Tatiana Barrios

 

La mayoría de los colombianos llevamos casi un mes sin ver las calles. Nuestro día a día se transformó sin aviso alguno, todo, de lo más mínimo a lo más grande, cambió: ya no hay jóvenes haciendo vida social en un centro comercial, ahora se juega parqués en línea; ya no hacemos visitas familiares, ahora nos conectamos por Skype; ya ni siquiera nos quejamos por coger buses llenos, innovamos en nuestras inconformidades para quejarnos del Internet, el encierro, el virus y hasta los pobres chinos han pasado por la lista negra nacional.

Hay transformación incluso de pensamientos. El virus logró cambiar la concepción de Marta Lucía Ramírez, quien hace poco despreciaba la psicología y exhortó a las niñas a estudiar ciencia y matemática, ciencia a la que en Colombia tampoco se le hace énfasis y, mucho menos, inversión… aquí tiene más protagonismo Maluma en la Casa de Nariño que un científico, en todo caso, el coronavirus, no conforme con esas palabras, logró cambiar el discurso de la vicepresidenta para hacerla hablar sobre la importancia que, por estos tiempos, tiene la salud mental para todos y, por ende, el papel fundamental de los psicólogos en la crisis.

Espero que también haya cambiado la visión de nuestra ministra del Interior, ¿seguirá viendo útiles a los ingenieros de sistemas solo por dos horas? Más han trabajado ellos que los congresistas en estos días.

Sinceramente en mi caso y, sé que muchos pensarán igual, la relación con este virus tiene ciertos contrastes, los perjuicios son tan altos y graves que los pronósticos futuros lucen tonos oscuros e inciertos a nivel global, sin embargo, hay muchas luces verdes con esta cuarentena que nos dejan un aliento de esperanza para enfrentar lo que está por venir.

Empecemos con lo malo, en primer lugar, estas tres semanas han sido definitivamente una prueba para nuestro país, diversas situaciones como la necesidad de desarrollo tecnológico junto a la capacidad investigativa y hospitalaria, sin mencionar la pobreza y el olvido de algunas regiones del país, han golpeado de cara a todos los que se negaban a ver las deficiencias de desarrollo e inversión en educación, tecnología, investigación e infraestructura.

Por otro lado y, en una segunda posición, muchos colombianos están con el estómago gritando y el corazón en la mano, nuestra gente tiene hambre. Estos son en su mayoría trabajadores informales cuya sostenibilidad venía del ingreso diario que, lógicamente, hoy no están recibiendo, son estas mismas personas las que en los registros del DANE salen empleados, estadísticas embaucadoras que quieren hacer ver una disminución —ficticia— en la tasa de desempleo.

Y si bien los mercados solidarios son una ayuda importante, la pregunta aquí trasciende de la crisis actual, es una problemática antigua que no ha dado tregua y seguía silenciada hasta esta cuarentena, los mercados son apenas un rayo de luz, pero no la solución al problema, ¿Qué vamos a hacer cuando termine la cuarentena y se nos acabe la solidaridad? ¿Volverán estas personas a levantarse sin saber si regresarán con el dinero suficiente para alimentar a su familia? El desempleo: realidad revelada, o más bien, recordada.

En el tercer lugar de este triste ranking encontramos las pésimas condiciones laborales de los médicos en Colombia, una crisis en el campo de la salud que viene de antaño. En barranquilla, por ejemplo, recuerdo perfectamente las protestas de los empleados del Cari y el Hospital Niño Jesús, a quienes no les pagaban hacía meses. Una batalla a la que los médicos que hoy aplaudimos se enfrentaron solos bajo la indiferencia de las miradas externas y, a pesar de los reclamos, siguieron sin pagarles su trabajo, teniéndolos en la asfixia de las deudas.

Además de los pagos, ahora nuestros médicos enfrentan un nuevo problema; con la idea de que son héroes, al Gobierno se le olvidó que también son humanos, personas como todos nosotros a quienes sus familias esperan en casa, ya desearían ellos quedarse resguardados para proteger a los suyos, pero no pueden, pues el deber los llama.

Dejemos de romantizar las realidades, ellos no quieren arriesgar su vida para salvar la tuya, ellos quieren cuidarte porque ese es su trabajo, sin embargo, esto no quiere decir que se tengan que volver (innecesariamente) mártires de una tragedia, es indispensable el uso de materiales de bioseguridad para quienes trabajan en este campo, más que nadie son ellos los que deben tener la mejor protección ¿cómo es que no lo vemos? En vez de aplausos, en estos momentos, el personal médico necesita tener la indumentaria idónea para entrar en batalla y protegerse, nadie se quiere contagiar, y ellos no son la excepción.

Por último, un poco rayado, pero no menos importante, tenemos la corrupción despampanante que se abre paso por estos días en los listados de subsidios con cédulas dudosas o comprando atunes de veinte mil pesos para mercados solidarios. La verdad, en mi optimismo creí que tal vez la crisis serviría para ablandar corazones y sacar lo mejor de nosotros, incluyendo a los políticos, pero parece ser que no todos se dejaron contagiar de la compasión y el dolor ajeno.

Los precios exorbitantes en los mercados solidarios tienen a todos anonadados, es que ni en crisis descansa esta gente, y no menos indignante, las cédulas bastante peculiares que aparecían con ingresos solidarios nos tienen igual de desconcertados, ¿cierto señor presidente? Seguramente fue un error… o tal vez no, tal vez son esas mismas cédulas las que votan en elecciones, ¿no? Aquí todo es posible, el tiempo dará la razón y sacaremos nuestras conclusiones, pero ya nada asombra en este pequeño país que, con tan mala suerte, se lleva el galardón en temas de corrupción.

Ahora, habiendo dicho lo malo, sigamos con lo feo de esta cuarentena para ver si por fin llegamos a lo bueno. Empecemos por señalar que parecer ser que el aislamiento nos tiene a todos con los nervios de punta, ciertas personas no han sabido manejar el pánico y han sacado lo peor de sí, ese egoísmo del hombre que no solo se ve en Colombia, esto traspasa cualquier frontera. De lo más feo de esta cuarentena ha sido la discriminación al personal médico y a quienes están infectados; cuando vi la noticia de la casa apedreada en Neiva, por un segundo sentí que me devolvían en el tiempo a los siglos de la inquisición, la ignorancia, el pánico o el pensar en sí mismos, ¿qué mueve a alguien a algo como esto?

El segundo y, último lugar, lo ocupa una situación que si bien no es precisamente de la COVID-19, sucedió en esta cuarentena y me tiene bastante impactada. Hace pocos días el senador Gustavo Petro comunicó tener cáncer, una situación complicada en la que nadie desea estar, y quienes la han visto de cerca, en familia o conocidos, saben que es un mal no solo físico, sino mental, que a nadie, ni al peor enemigo, se le desea; pero como dije anteriormente, el virus ha sacado lo peor de muchos y no faltaron quienes irónicamente agradecían a Dios por empezar a “librarnos” del petrismo, el socialismo y el castrochavismo.

La verdad, quiero creer que los malos sentimientos son efectos del encierro que no deja fluir bien los pensamientos de algunos y tiene sus energías negativas represadas, saliendo disparadas ante el primer mortal que se aparezca; no quiero pensar que tienen así de podrido el corazón e ignorante la mente como para no separar las diferencias políticas de la salud y la vida. ¿Tan bajo han caído que necesitan desear el mal al otro para ganar contiendas políticas? Preocupante. Cabe aclarar que con esto no estoy apoyando ni el petrismo, ni atacando el uribismo, cuestiono la falta de humanidad en este país desalmado.

Ya para terminar, llegamos por fin a lo bueno de esta cuarentena, lo mejor para el final. En el puesto número uno tenemos a una naturaleza libre y feroz que nos ha dado un golpe a la consciencia. Mientras somos nosotros los encerrados, las aguas de nuestros mares vuelven a su color original, los animales a su hábitat natural e incluso ya andan por el pavimento de la ciudad mostrando quiénes tienen la autoridad, ha sido gratificante ver delfines jugueteando con pescadores, animales en vía de extinción libres y sin peligro de ser cazados porque, para su suerte, en estos momentos tienen ciudades fantasma a su disposición.

En el segundo lugar tenemos a los jóvenes y docentes de las universidades públicas que están demostrando por qué se lucha para más ingresos, están mostrando que no solo se resumen en encapuchados y ESMAD (lo que siempre quieren mostrar los medios), por ejemplo, qué orgullo genera por estos días la Universidad de Antioquia al desarrollar un ventilador mecánico para afrontar esta crisis. Querida María Fernanda Cabal, tal parece que sí estudiaban.

Por otro lado, el tiempo que ha dado esta cuarentena para poder encontrarnos con las familias ha sido increíble, si bien siguen en teletrabajo, muchos papás tienen más tiempo para disfrutar con sus hijos y, como un plus, darse cuenta de la labor de esos docentes que los tratan casi que todos los días; la cuarentena les da la oportunidad de entender lo difícil de la docencia y precisamente por qué estos merecen condiciones laborales mucho más óptimas.

Siendo así, terminamos de retroalimentar esta cuarentena que nos deja un sabor agridulce por ahora, tal vez estas dos semanas que faltan y los meses difíciles que se nos vienen, nos hagan mejorar nuestras falencias, que los problemas que hoy vemos se conviertan en motivación para luchar juntos, con tapabocas incluido, por este país.

 

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Tatiana Barrios
Barranquilla, Colombia | Estudiante de Derecho de la UA.